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“El Juli” y el magisterio en Madrid

Foto: Megamedia

Julián López y un hondo toreo en el momento clave

Julián López no ha tenido temores para defender al toreo. Lo hace siempre estando en todas las ferias, en todos los acontecimientos, en los sets de televisión, incluso cuando se trata de estar en pleno linchamiento mediático a la Fiesta.

Y no se diga cuando de torear se trata. Mientras José Tomás, que es el más taquillero, escoge una que otra fecha para torear cada tres o cuatro años, y Morante de la Puebla hace lo mismo, sabedor que es el romántico del toreo, es “El Juli” el que está en todos lados. Lo buscan y lo encuentran.

Lo de Madrid el domingo fue un señalamiento de que el torero de Velilla está, como desde hace casi tres décadas, en su mejor momento. Dicho de otra forma: nunca ha dejado de estar bien.

Cortó dos orejas con un verdadero recital de toreo, de capa y muleta, como si no hubiese pandemia de por medio. Y fue por el Covid-19 que se hizo este festival, adorado y criticado por las actuales condiciones sanitarias.

Lo que se trataba era de plantar cara. Julián, con Enrique Ponce, José Mari Manzanares, Paco Ureña y el novillero Guillermo García, con el rejoneador Diego Ventura por delante, se brindaron al toreo, un segmento severamente golpeado. Cada quien a como pudo, con las dificultades propias de lo que los toros permiten.

Las grandes figuras no han aparecido en esta dura época. Ponce llevó el peso en su momento, pero los que aparecen en primera fila en los despachos (Morante toreó apenas, pero Tomás, Roca Rey, Talavante…) ha estado ausentes cuando más se necesita de ellos. Incluso algunos se salen de los carteles porque no les pagan al cien, cuando no hay para pagar ni al cincuenta por el pobre aforo que se permite.

Pero lo de “El Juli”, hablando de torear, fue otra cosa. Julián se vio como un maestro dando clase ante los más exigentes aficionados. Que si torea con su pasito al lado, que si mata así…

Los lances a la verónica fueron jadeados y los inicios con la muleta, doblando la rodilla, el sendero que llevó a cuajar totalmente al toro de Garcigrande.

Tomo de “El Mundo” este párrafo que señala, en poco, lo que hizo el único nacido en Madrid presente en este cartel, y que se robó aclamaciones de los 6 mil espectadores que agotaron el boletaje para estar de forma presencial, y de muchos miles más que siguieron en televisión y redes sociales la vuelta de los toros a la Plaza de Las Ventas de Madrid.

“El Juli no perdona ni los festivales. Se le ha visto en Instagram poniéndole musiquilla a los entrenamientos, a las becerras las toreaba como de salón, y en ese tópico evolucionó desde que salió el burraco de Garcigrande: toreó muy despacio, templado, natural. Logró la profundidad con la sutileza. Bordó el toreo. La faena tuvo cadencia. Algo más que eso: El Juli tiene poso. Habrá todavía alguno que se sorprenda. En el burladero se le pudieron leer los labios, la ambición explotando en la boca: ‘Lo he cuajao’. Otro desarrollo del concepto de siempre”.

O este apunte en “La Razón”: “Mientras toreros como Ponce no han tenido inactividad, a otros como El Juli no se les nota. Inspirado, por ambos pitones, inmóvil citaba una y otra vez a un ejemplar que repitió con clase. Incluso cuando al animal ya le faltaba fondo, el madrileño quiso regalar una tanda de derechazos más a un público que terminó por entregarse y concederle las dos orejas tras matar de una gran estocada”.

Con una cantidad enorme de trofeos, orejas, rabos y puertas grandes en cualquier plaza del mundo, la del domingo 2 de mayo fue la primera en que Julián López le corta dos apéndices a un mismo toro como matador en Madrid, que otras veces se había portado rácano a la hora de premiarle sus obras. Ayer, con su magisterio, en papel de primera figura del toreo, fue imposible para el palco.— Gaspar Silveira

 

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