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El partido del año: ¿por qué perdieron los Leones de Yucatán el juego 5?

Estéril vuelo del tercera base león Abraham López

He visto no sé cuántos partidos en estas más de tres décadas de estar en el Diario (no es trabajo, lo digo siempre, es disfrute) y cada vez el béisbol me da la sensación de estar llevándonos a otras dimensiones.

Compartía butaca con dos periodistas de otros medios locales, más afines al fútbol, mientras los Leones de Yucatán peleaban por la corona en el Juego 5 de la Serie del Rey, y uno dijo: “No, esta es otra cosa. Mira, familias, niños, adultos. Son pasiones especiales. No, no lo vemos en el fútbol”.

Ciertamente, se miran cosas distintas, máxime si te topas con un juego como el del domingo, en que, aunque los yucatecos no pudimos ver coronarse a los Leones, sí vimos a los Toros de Tijuana agenciarse un triunfo de esos grandes. Al vencer 4-3 a las fieras en 11 actos, los astados llevaron de vuelta la gran final de la Liga Mexicana a la frontera norte.

Esta Serie del Rey, que sigue en favor de Yucatán 3-2, está siendo épica. La final que ganaron en 1984 los Leones de Carlos Paz ante los Indios de Ciudad Juárez tuvo matices increíbles porque los melenudos, armando un equipo con peloteros en que casi nadie creía, alzaron el trofeo con una dosis de unión y béisbol. Los de 2006, el equipo de Lino Rivera, fueron monarcas casi de la misma forma: nadie creía que pudieran, pero llegaron, a lo más alto, y los de 2018, en la mini temporada primaveral, eran un equipo armado para coronarse. Y cumplieron el “Chapo” Vizcarra y compañía (los Leones reyes de 1957 jugaron un calendario de polendas con “Barriguilla” Rodríguez, cuando aun no había series de playoffs).

Estos de Luis Matos están confeccionados para regresar al trono.

Entonces, en cada una de las temporadas se habrán vivido momentos en que las emociones nos llevan a momentos épicos. El Juego 5 de esta edición 2021 fue una verdadera locura entre barriles de tensiones.

¿Qué los Leones pudieron, y debieron, ganarlo?

Claro. No hay duda de eso. Vendieron cara la derrota (distinto a venderse, como publican muchos que no tienen idea qué es jugar).

Pero cuenta el rival, y mucho. Estos Toros hicieron lo que saben hacer: ganar de visitantes (en el rol regular lograron 22 victorias en patio ajeno). Óliver Pérez nos dijo en el viaje a Tijuana que los Leones habían hecho los ajustes precisos, y ellos tenían que encontrar la forma de alcanzar su nivel. Homar Rojas movió sus piezas. Cuando todo parecía indicar que su pitcheo estaba desbaratado, jaló por José Samayoa, un exleón que le dio tres entradas, con una sola carrera. Los Leones llevaron a la loma a Radhamés Liz y el dominicano toleró sólo tres incogibles en seis rollos, pero mala fortuna: sus pitcheos de hasta 99 millas fueron encontrados dos veces, y terminaron tras la barda.

Tijuana necesitaba eso: batear. Liz no volvió a flaquear. Pero el daño que le hicieron fue enorme.

La parte final se vivió a morir. Tijuana aguantando, Yucatán luchando.

Todo mundo recordó a “Pepón” Juárez bateando jonrones a diestra y siniestra en las anteriores series, pero no pudo esta vez el cañonero culichi. Le corearon como no se hacía desde Ray Torres en sus grandes campañas, iniciando en 1984. Luis Felipe es el nuevo ídolo de la fanaticada. Pero, aunque los aficionados siempre quieran ver un “peponazo”, no ocurrirá siempre. Insistimos: el rival cuenta.

Los Toros necesitaban que todo les funcionara. Se quedaron sin bazas en las reservas. Quemaron a Jake Sánchez, a Oliver Pérez (gran relevo del zurdo) y luego a Michael Tonkin para mantener la delantera paupérrima. Tras Fernando Rodney no habría nadie más con firmeza.

Y Rodney regaló una actuación que hizo recordar aquella de José Vargas en el Juego 5 de la final de 2006. No lanzaba más de dos entradas en relevo desde el juego de desempate entre Minnesota y Detroit (era parte de los Tigres). Así que ayer era exprimirse el brazo porque no hubo más.

Pero los Leones lo pusieron a sufrir. Y pudieron sacarle el juego más importante. Si perdía Rodney este juego, ¿lo hizo por venderse o por ser mal elemento?

No lo lograron por varias razones. Una, que el doblete de Alex Liddi en la novena, con dos autes y dos straics, empató el partido al anotar Yadir Drake, pero no llegó al plato “Pepón”. ¿Corredor emergente? Puede ser…

Otra… ese podrido que sacó Xorge Carrillo apenas detrás de la segunda base para remolcar la carrera de la diferencia. Un pítcher más experimentado que Manuel Chávez tal vez hubiera sido más selectivo con sus pitcheos. ¿Dónde se quedó guardado Josh Lueke?

Otra razón fue la espectacular atrapada de Junior Lake a batazo de Juárez en la entrada 11. La línea parecía que iba a picar en terreno bueno, pero Lake, un portento de atleta, se jugó el físico para realizar el engarce. Mala fortuna que Wálter Ibarra haya salido para tercera, pues no pudo regresar a salvo a primera. Y lo que pudo ser solo el segundo aut, terminó en dobleplay.

Ya hablamos de todo lo que pudo ser y no fue. Lo recuerda don Alfredo Bolio en un interesante artículo que está en yucatan.com.mx.

Si el mánager Matos debió sacar a Chávez en lugar de dejarlo dos entradas, si debió poner corredor emergente en lugar de “Pepón” en la novena, el sacar al experimentado Jorge Flores para que batee de emergente Marco Jaime, superado por las tres rectas que le mandó Tonkin; dejar a Abraham López bateando, teniendo en la banca a los zurdos Art Charles o Fernando Pérez, ambos bateadordes de poder.

Nos convertimos en mánagers del juego más espectacular de la temporada. Todos... Pero el que dirige es otro, Matos.

Entre la novena y la undécima, el Kukulcán fue un verdadero manicomio. Miles presentes esperaban poder celebrar y no se pudo. Otros muchos miles más lo seguían en radio y televisión también con la ilusión de tener la quinta estrella para el equipo que roba suspiros de los yucatecos como pocos otros clubes pueden hacerlo.— Gaspar Silveira Malaver

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