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El toro grande no colabora en la 7a. tarde en Las Ventas

Temerario pase de David Mora

Ovaciones a Mora y Del Álamo en aciaga corrida

Los toros de Las Ramblas llegaron al punto de quedarse parados en el centro del ruedo sin embestir. O tardándose en hacerlo.

Deslucieron una corrida en la que había mucha expectación por la terna de matadores anunciados.

Fue una corrida de desproporcionado tamaño —-con una media de peso de más de 600 kilos— y de muy feas y descompensadas hechuras, con mansedumbre y nula entrega el séptimo festejo de la feria de San Isidro, que sigue sumida en la grisura.

Lo más triste se vivió con el cuarto, “Opaco” de nombre. Alto de manos, con más cuello que sus hermanos, muy astifino. Salió enterándose y se emplazó en los medios. Ni un sólo capotazo se le pudo dar. El toro huyó andando, sin una sola arrancada, y no respondió a un sólo cite. Muy manso. El presidente, de manera sorprendente, tras pedir el cambio de tercio David Mora, lo devolvió a los corrales. Decisión protestada porque no fue siquiera al caballo, pues en la suerte de varas pudo cambiar el temperamento.

La larga corrida se saldó con ovaciones para Mora y Juan del Álamo en primero y segundo toros de la corrida, y silencios en el resto de la dura tarde.

José Garrido, en quien se esperaba ver cosas interesantes, no pudo hacer nada. Nadie hubiera podido así.

 

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