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Guty Espadas Cruz: Tiempos que no volverán

Guty Espadas Cruz con la página de Deportes del Diario el día que regresó de Los Ángeles tras coronarse campeón mundial

Vibra el yucateco a 44 años de su ascenso al trono

Toma el teléfono Guty Espadas Cruz para hablar con el Diario y lo primero que dice es un “a Dios gracias por estar sano y con la mente intacta, cuerda”.

Y se suelta a hablar como si fuera un joven con ansias de alcanzar la gloria. Una gloria a la que él llegó 44 años atrás. El 2 de octubre de 1976, una efeméride celebrada hace unos días, Gustavo Hernán Espadas Cruz, llamado alguna vez “El Huracán Yucateco” o “Guty Machetes”, llegó al trono universal de los pesos moscas, en la versión de la Asociación Mundial de Boxeo, venciendo a un Al López que marchaba invicto y quien vio al yucateco como una víctima más antes de subir al cuadrilátero. “Pero hicimos una gran pelea y le ganamos”, recuerda Espadas Cruz, hoy con 66 años de edad, cuidándose de todo, pero viviendo y gozando de los recuerdos de aquella época gloriosa que vivió al lado de otros grandes yucatecos campeones del mundo. Tiempos que, asegura, “no volverán porque ahora todo se vive distinto. Me pagaron 4 mil dólares por esa pelea. Escuchas eso hoy y te da risa. Pero no importaba cuánto era la bolsa. Necesitábamos dinero, sí, pero querías ser alguien, y luchabas con todo para alcanzar esa meta”.

La gesta de Los Ángeles la recordó todo el mundo el 2 de octubre, y nosotros la recordamos en esta entrevista especial para Central 9, disponible en www.yucatan.com.mx.

“Me siento muy orgulloso de ser yucateco y de que los yucatecos me aprecien. Di mi sangre y mi vida por esta tierra que tanto queremos”

Guty Espadas Cruz

Excampeón mundial de peso mosca

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Si no fuera por el boxeo, ahorita no estaría vivo: Guty

De mecánico a campeón mundial a base de trabajo

Dice Guty Espadas Cruz que colecciona algo de prácticamente todo lo que ha vivido y ganado en el boxeo y en la vida. Recortes del Diario y otras publicaciones de la época, cinturones, como el oficial de la AMB que le proclamaba monarca mundial, y una infinidad de diplomas y reconocimientos.

“Lo guardo todo. A veces, cuando hay tiempo, como ahora, me pongo a ver mis álbumes de fotos. Me hago una pregunta: ¿Cómo pude alcanzar todo esto? Yo creo que somos unos afortunados de la vida de que hayamos podido lograr tanto”, dice Gustavo Espadas papá, uno de los cinco monarcas universales que firmaron en letras de oro la llamada “época dorada” del pugilismo yucateco, al lado de Miguel Canto, Juan Herrera, “Chato” Castillo y Lupe Madera.

“Ser considerado en esa parte de la historia del deporte yucateco hace que uno se sienta muy feliz. Pero creo que igual se debe decir que uno logra el reconocimiento de la gente. En Yucatán, a donde vaya me conocen, me saludan. Y a otras partes del país o del mundo a donde voy, me saludan cuando me reconocen. Eso hace que uno se sienta muy especial”.

Pero todo eso tal vez pudo no haberse dado. Circunstancias de la vida.

Guty acepta que fue un joven al que le gustaban los pleitos callejeros y, sin ser un vándalo en el término negativo, siempre estaba listo para los agarrones a golpes. No entrenaba boxeo propiamente, pues entonces se desempeñaba como mecánico en el taller de un tío en Chuburná y ganaba 50 pesos diarios, así que cuando comenzó a ganar dinero en el boxeo, comenzó a vivir de otra forma.

“Mi nariz chata, toda ladeada, la tengo por los pleitos en la calle, no por lesiones en el boxeo —admite—. Afortunadamente nunca tuve lesiones, salvo cortes de cejas o sangrados de nariz. Pero creo que pude boxear bien, con esgrima, haciendo el bending como se debe. No me castigaron mucho”.

Y algo que tuvo que aprender, a fuerza, fue que una “vida normal no se lleva con la vida de un boxeador”. “Dar el peso era muy difícil. A veces, entre pelea y pelea, llegaba hasta 70 kilos, y tenía que bajar a 52. Eso era muy difícil, una locura prácticamente, pero lo hacía”.

Hoy en día Guty no bebe, ni fuma. “Imagínate si hubiera seguido la vida que llevaba. Honestamente, creo que no estaría vivo, no hubiera llegado ni a ser campeón del mundo. Gracias al boxeo te estoy contando esto, porque me cambió la vida”.

A 44 años de haber subido al trono venciendo a Al López, lo recuerda como si fuera ayer. “No esperaban que ganáramos, nadie. Y lo logramos. Eso quiere decir que cuando uno se mentaliza para algo, lo puede alcanzar”. Y también lo pensó al momento de retirarse. “Cuando en la pelea ante Payao Poontarat me sacudió y me mandó a las cuerdas, allá dije: No más peleas. Mis piernas no resistirán más. Allá se acabó todo”.— Gaspar Silveira

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