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Guty Espadas Cruz, un campeón del boxeo y de la vida

Érase una vez un jovencito de oficio mecánico que le gustaba pelear en la calle, enemigo declarado de la escuela y los estudios y que, con deseos de ser alguien importante y hambre de triunfo, se hizo boxeador para ser campeón del mundo poco después.

“Estoy muy contento por haberle cumplido a México. Yucatán tiene dos campeones del mundo. Un saludo mi mamacita y a mi papá, que viven y vieron coronarse a su hijo campeón mundial”, le dijo Guty a don Antonio Andere, famoso narrador de boxeo en la televisión, cuando le entrevistó en vivo sobre el ring mientras lo anunciaban como vencedor de la pelea de su vida.

Gustavo Hernán Espadas Cruz había llegado a la cita más importante de su carrera como una víctima segura de Alfonso López, el campeón de peso mosca de la Asociación Mundial de Boxeo.

Entonces, al panameño le llamaban el mejor de la división por la AMB. Y Espadas dio el brinco del campeonato estatal yucateco a la pelea por la diadema universal.

La cartelera de la función del 2 de octubre en Los Ángeles, estelarizada por la pelea de Guty Espadas con Al López
La cartelera de la función del 2 de octubre en Los Ángeles, estelarizada por la pelea de Guty Espadas con Al López

Para la fecha, el 2 de octubre de 1976, había más expectación por la pelea que el 3 de octubre iba a disputar en Venezuela Miguel Canto, el “Maestro” que reinaba entre los moscas del Consejo Mundial de Boxeo.

Su pelea ante Betulio González robaba espacio en los periódicos, la radio y la televisión, especialmente porque Guty era llamado una víctima segura del ascendente López, invicto.

Pero Guty dio la pelea más grande de su vida y terminó noqueando en el raund 13 a López para proclamarse monarca universal de los 52 kilos.

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Se convertía así en el segundo yucateco en ascender al trono mundial, pues un año antes Canto había obtenido la diadema del CMB ante Shioji Oguma, y comenzaba la que es recordada como la Época Dorada del boxeo yucateco, que en un lapso corto llegó a tener a cinco campeones mundiales.

La historia, contada por su protagonista

Guty Espadas mira la página de Deportes del Diario que informa de su ascenso al trono mosca de la AMB
Guty Espadas mira la página de Deportes del Diario que informa de su ascenso al trono mosca de la AMB

Es impresionante cómo pasa el tiempo. Pero más impresionante es tener a Guty Espadas tan fresco, como si los años no pasaran en él.

A 44 años de la gesta de la Sports Arena de Los Ángelels, Guty lo recuerda todo con claridad. Son pocos privilegiados los que, siendo boxeadores de talla mundial, que llegan tan lejos a base de pegar y recibir golpes, puedan contar sus hazañas con tal claridad.

Toma el teléfono Guty Espadas para hablar con el Diario y lo primero que dice es un “a Dios gracias por estar sano y con la mente intacta, cuerda”.

Y se suelta a hablar como si fuera un joven con ansias de alcanzar la gloria. Una gloria a la que él llegó 44 años atrás.

“El Huracán Yucateco” o “Guty Machetes” llegó al trono universal de los pesos moscas, en la versión de la Asociación Mundial de Boxeo, venciendo a un Al López que marchaba invicto.

“Pero hicimos una gran pelea y le ganamos”, recuerda Espadas Cruz, hoy con 66 años de edad, cuidándose de todo (especialmente de la pandemia de Covid-19), pero viviendo y gozando de los recuerdos de aquella época gloriosa que vivió al lado de otros grandes yucatecos campeones del mundo.

Tiempos que, asegura, “no volverán porque ahora todo se vive distinto. Me pagaron 4 mil dólares por esa pelea. Escuchas eso hoy y te da risa".

"Pero no importaba cuánto era la bolsa. Necesitábamos dinero, sí, pero querías ser alguien, y luchabas con todo para alcanzar esa meta”.

La Época Dorada del boxeo yucateco

Cuatro de los cinco campeones mundiales que tuvo Yucatán en la llamada Época Dorada: Miguel Canto, Juan Herrera, Guty Espadas y Freddie “Chato”Castillo, todos siguen con vida. Ya falleció Lupe Madera
Cuatro de los cinco campeones mundiales que tuvo Yucatán en la llamada Época Dorada: Miguel Canto, Juan Herrera, Guty Espadas y Freddie “Chato”Castillo, todos siguen con vida. Ya falleció Lupe Madera

Dice Guty que colecciona algo de prácticamente todo lo que ha vivido y ganado en el boxeo y en la vida. Recortes del Diario y otras publicaciones de la época, cinturones, como el oficial de la AMB que le proclamaba monarca mundial, uno que le entregó el Consejo Mundial como homenaje a su trayectoria, aunque no reinó en ese organismo, y una infinidad de diplomas y reconocimientos.

“Lo guardo todo. A veces, cuando hay tiempo, como ahora, me pongo a ver mis álbumes de fotos, me salen mis lágrimas".

Parte de la historia

"Me hago una pregunta: ¿Cómo pude alcanzar todo esto? Yo creo que somos unos afortunados de la vida de que hayamos podido lograr tanto”, dice Gustavo Espadas papá, uno de los cinco monarcas universales que firmaron en letras de oro la llamada Época Dorada del pugilismo yucateco, al lado de Miguel Canto, Juan Herrera, “Chato” Castillo y Lupe Madera.

“Ser considerado en esa parte de la historia del deporte yucateco hace que uno se sienta muy feliz. Pero creo que igual se debe decir que uno logra el reconocimiento de la gente".

"En Yucatán, a donde vaya me conocen, me saludan. Y a otras partes del país o del mundo a donde voy, me saludan cuando me reconocen".

"Eso hace que uno se sienta muy especial. Recuerdas los nombres de los campeones y te eriza la piel”.

“Creo que en esos años, Yucatán vivió a mucho orgullo por sus boxeadores".

"Y no sólo por los que llegaron a campeones del mundo. Hubo otros muy buenos, sería hacer una lista larguísima. Pero eran otros tiempos, era muy difícil porque la competencia era muy canija”.

Sacrificios personales y deportivos

Pero todo eso tal vez pudo no haberse dado. Circunstancias de la vida.

Guty acepta que fue un joven al que le gustaban los pleitos callejeros y, sin ser un vándalo, siempre estaba listo para los agarrones a golpes.

No entrenaba boxeo propiamente, pues entonces se desempeñaba como mecánico en el taller de un tío en Montejo y ganaba 50 pesos diarios, así que cuando comenzó a ganar dinero en el boxeo, comenzó a vivir de otra forma.

“Mi nariz chata, toda ladeada, la tengo por los pleitos en la calle, no por lesiones en el boxeo —admite—. Afortunadamente nunca tuve lesiones, salvo cortes de cejas o sangrados de nariz. Pero creo que pude boxear bien, con esgrima, haciendo el bending como se debe. No me castigaron mucho”.

Adiós a una "vida normal"

Y algo que tuvo que aprender, a fuerza, fue que una “vida normal no se lleva con la vida de un boxeador”.

“Dar el peso era muy difícil. A veces, entre pelea y pelea, llegaba hasta 70 kilos, y tenía que bajar a 52. Eso era muy difícil, una locura prácticamente, pero lo hacía”.

Hoy en día Guty no bebe, ni fuma.

“Imagínate si hubiera seguido la vida que llevaba. Honestamente, creo que no estaría vivo, no hubiera llegado ni a ser campeón del mundo. Gracias al boxeo te estoy contando esto, porque me cambió la vida”.

A 44 años de haber subido al trono venciendo a Al López, lo recuerda como si fuera ayer.

“No esperaban que ganáramos, nadie. Y lo logramos. Eso quiere decir que cuando uno se mentaliza para algo, lo puede alcanzar”.

Y también lo pensó al momento de retirarse. “Cuando en la pelea ante Payao Poontarat me sacudió y me mandó a las cuerdas, allá dije: No más peleas. Mis piernas no resistirán más. Allá se acabó todo”.

La conquista del título

La página de Deportes que informaba del ascenso de Guty Espadas al trono mosca de la AMB el 3 de octubre de 1976
La página de Deportes que informaba del ascenso de Guty Espadas al trono mosca de la AMB el 3 de octubre de 1976

¿Qué recuerda de aquella noche del 2 de octubre de 1976?

Primero que nada, es dar gracias a Dios a que me dieron la oportunidad de pelear por el título del mundo.

En ese tiempo, eran dos organismos nada más, los peleadores eran de primera línea, de mucha calidad y renombre, y tuvimos que batallar mucho.

El campeonato del Estado era reconocido, luego tenías que ir por el campeonato nacional y ese era mucho más importante.

Sí es cierto, nadie daba un quinto por nosotros. Lo que pasó fue que nosotros no preparamos para ganar la pelea, no fue solo trabajar para una pelea, quiero decir, sino para ganar una pelea de campeonato mundial.

Esa es otra cosa porque pusimos el corazón y la vida en ese combate, esa fue la diferencia. Precisamente porque nadie esperaba que fuéramos a salir así.

Y fue una dura pelea, sin dar ni pedir cuartel. Alfonso López demostró en casi toda la pelea el por qué era el rey de los moscas de la AMB, y Guty dejó sobre el ring constancia de que no era la víctima segura que todos esperaban.

Dice el Diario en uno de sus subtítulos: “Tumba al panameño cinco veces en menos de dos raunds”. Y esa fue la firma de la gran pelea de Gustavo Espadas Cruz.

“Terminé dándole una paliza. Así es el boxeo, uno tiene que ganar y otro pierde".

"Lo que más importó esa noche es que gané con claridad, no hubo sombra de duda para nada, y lo vio el mundo, lo vio México, lo vio Yucatán”.

Guty fue un ídolo a partir de entonces

Eso es lo bonito, que la gente lo hace. Yo no me considero un ídolo, pero hice un trabajo que la afición recuerda.

Hoy en día, la gente me ve y me recuerda, me tiene en un lugar privilegiado. No lo vas a creer (aunque sí lo creo, como periodista y aficionado a los deportes), veías a la gente temblando cuanto se acercaban a saludarte, a tomarse una foto.

La gente se peleaba por estar cerca, por ver al campeón. En lo personal, tengo esa fortuna que ni con todo el dinero del mundo puedes comprar.

¿Se ha perdido ese valor sobre los ídolos?

Te insisto… en mi caso, tengo la fortuna de que en cualquier lugar donde te invitan, la gente quiere una foto, quieren que los saludes de mano, de un abrazo no sabes que satisfacción da, que estén temblando de la emoción.

Ese sentimiento humano que no tengo cómo descifrar para decirte qué es. Me debo a la gente, hemos tratado de corresponder siempre, y por eso la gente nos tiene en un lugar privilegiado, eso es bonito.

Y recuerda otra vez la pelea con Al López en 1976… Sus razones tiene y de sobra

El salir de la nada, el tener la necesidad, el hambre de ser alguien en la vida. No vas por la bolsa porque la verdad era raquítica, 4 mil dólares, no eran las bolsas que pagan ahora por una de 10 raunds".

¡Nooombre! Tendría volquetes de dinero. Pero así nos tocó la época, afortunadamente nos fue bien, nos fuimos asentando, mejorando en todo, y vivo tranquilo, tengo una bonita familia, disfruto todos los días de lo que me gusta.

Antes del 2 de octubre de 1976, ¿usted tenía hambre?.

Claro… Eso es lo que más te empodera para poder avanzar, para pensar en un lograr campeonato del mundo. Todos recordarán que Alfonso López era lo mejor que había en todo, en puntería, en velocidad, en boxeo.

Las apuestas estaban en la lona, no daban un quinto, pero las ganas de ser alguien en la vida, tener hambre de triunfo, eso te lleva a lo más alto.

No me importaba quién Alfonso López ni que estaba invicto, yo iba sobre él, fue un trabajo muy duro, llegamos a la pelea hasta el raund 13, eran peleas a 15 raunds.

El boxeo es visto de forma distinta a otros deportes. Es o era el deporte de los humildes, de los de barrio, los pobres que buscaban gloria y arriesgando la vida y peleando, con hambre, trataban de alcanzar la meta.

Un camino muy largo

Efectivamente, esa es una gran verdad. Ahora con la tecnología y la televisión te das a conocer en un dos por tres, y no es así solamente.

Es un camino largo, como la escuela, empiezas desde abajo, recorres mucho camino hasta llegar a la meta.

"Ahora, dos o tres peleítas y ya vas disputando el título del mundo, porque hay muchos organismos. Antes no, eran muchas competencias, eran dos organismos, el CMB y la WBA (lo señala en inglés, por la AMB)".

Ahora en la tele vemos cómo los van moldeando, les ponen rivales a modo, los cuidan mucho.

Después de retirarse, Guty fue manejador, y sigue siéndolo

¿Ha cambiado la perspectiva del boxeador, en lo que usted dice, del hambre para trascender, el deseo de crecer, con lo que se vive ahora?

Hay un tremendo abismo, una gran diferencia entre antes y ahora. La televisión ha ayudado, pero también ha perjudicado bastante porque, ¿con cuántas peleas se corona un muchacho? ¿Cuántos organismos hay?

Hay una barbaridad de organismos, cuando nosotros eran dos. Para sobresalir tenías que ir a trabajar duro, tenías que ganarles a los mejores.

"Hoy, hay que decirlo, lo que evitan los campeones o los que quieren ser campeones es pelear con los mejores".

Sus apoderados no permiten que peleen contra quienes deben, sino que van con los fáciles, que no representen peligro.

Un caso especial

“Yo fui campeón del Estado, le gané a Héctor Mendieta (Plaza de Toros Mérida, 1973). Y por lo que vieron de mí, de allí, unas peleas más y fui por el campeonato del mundo".

De las raras veces en que no se tuvo que ir por el título del Sureste y luego por el nacional.

Pero fui campeón amateur, fui mejor peleador de 4 raunds, novato de 6, mejor semiestelarista, mejor estelarista, me nombraron mejor peleador en el extranjero y hasta después me llamaron Boxeador del Año.

Si ves, tuve que recorrer todo para poder sobresalir. Hoy, a nadie le interesa pelear por un campeonato estatal. No hay competencia.

Tal vez las formas de entrenamiento, las técnicas y la tecnología. O los entrenamientos y ritmos de vida son distintos…

El joven de ahora no ves que tenga hambre, ni necesidad en la mayor parte de las veces. Casi todos viven bien. Son entrenamientos fuertes, pero los cuidan, están dosificados.

Nosotros despertábamos a las 4 de la mañana, a la 5 estábamos dando el primer paso, ya sea en el Estadio Salvador Alvarado o en Santa Gertrudis Copó, que era puro monte, sin periférico. Era llegar corriendo.

"¿Qué desayunábamos? Huevito de gallinita de patio, y fruta que bajábamos de la mata… Ahora todo es dietético, te cuidan la comida, todo es dieta, vas al médico, te revisan".

Antes no había eso. ¿Y ya viste cómo aguantábamos pelear 15 raunds? Y dentro de tres meses, otra vez a pelear de a 15. Ahora, pesas, escaladora, boxeo en el ring con sparrings y listo.

El dinero no lo es todo

Guty Espadas, con parte de su familia, en un homenaje hace dos años
Guty Espadas, con parte de su familia, en un homenaje hace dos años

¿Económicamente le redituó ser campeón del mundo?

Para que te des una ligera idea… gane 4 mil dólares, a eso le quitas el 30 por ciento, más otros gastos. Manejador, entrenadores… Me quedaron, uyyy. Me quedaba casi nada.

"No lo hice por dinero, lo hice por amor al deporte, me gustaba mucho el boxeo y quería ser alguien en la vida".

Antes, era ayudante de mecánico con mi tío por Paseo de Montejo. Ganaba 50 pesos. Como ocho años estuve así con mi tío, don Emilio Cruz Madera.

Para entonces, además de ser boxeador, debíamos tener un oficio, eso nos lo pedían en la casa, porque había que prepararse para el mañana".

A mí no me gusto la escuela, no me gustaban los estudios, así que tuve que aprender a hacer algo. Me gustaban los golpes en la calle y a veces me ganaba unos pesos peleando callejero.

¿Y los tragos?

Si no hubiera sido por el boxeo, seguramente no viviría. Le doy gracias al boxeo, a mi familia que me aguantó.

¿Y ahora una chevita o algo para celebrar o en familia?

¡Uuuuu! Ya tengo muchos años sin nada, a Dios gracias. Estamos totalmente dedicados al deporte.

¿Le dio trabajo tomar la decisión de retirarse?

Cuando vine de pelear con Payao ya había decidido. Fueron muchos años sacrificándome sin comer bien, las dietas. Me daba trabajo bajar de peso.

Mira, así fue como tomé la decisión: Me dio gancho, y casi me noquea. La verdad es que nunca me noquearon de un golpe, hubo nocauts técnicos por cortes o choques.

"Con Poontarat en Tailandia, me dio un dio un golpe y me mareó, me fui a las cuerdas y allá, en ese instante, lo pensé: ¡Ni una pelea más! No me van a responder las piernas, no me responderá el físico".

Como subía mucho de peso tenía que sacrificar mucho para bajar, a veces subía hasta 75 kilos, y bajaba a 52, pues era mucho el cambio, te secabas. Entonces no haba esa disciplina para cuidarte.

Un sacrificio loco, ¿no?

Pero la gente no sabe todo eso que se vive, no tiene idea absolutamente de lo que pasa en la vida de un boxeador profesional, de un campeón del mundo. Creen que todo es fácil.

Y cuando termina la pelea, ganas y las amistades salen de todos lados…

"Te rodean, no te dejan. Cuando hay dinero no te dejan, pero cuando se acaba todo eso, y te quedas sin nada, te quedas solo, ya no hay amigos. Es la triste realidad".

Me toco pasar eso a buen tiempo, y fue una dura experiencia. Afortunadamente tengo una familia a la cual valoro mucho, porque me ha ayudado, es mi motor para sobresalir, son mis pilares.

Padre e hijo: históricos campeones

Guty Espadas Cruz y Guty Espadas Espinosa, la primera pareja padre e hijo campeones  mundiales de boxeo
Guty Espadas Cruz y Guty Espadas Espinosa, la primera pareja padre e hijo campeones mundiales de boxeo

La Diosa Fortuna le permitió que su hijo fuera campeón del mundo, algo histórico.

"Y fíjate, ¡qué dicha! A través de la historia nos marcan como la primera pareja de padre e hijo campeones del mundo".

A lo mejor no hubiera querido que mi hijo Guty sea boxeador, pero decidió serlo por él mismo. Yo lo apoyé en todo, entrenamos con él.

Y pues luego se coronó, es un momento muy significativo en mi vida porque ves a tu hijo consagrarse, especialmente porque también es un hombre de bien.

Hace poco nos llevaron a California para presentarnos en un homenaje. Todo eso tienes que valorarlo.

Reconocimiento mundial

De verdad, a veces te sientas a ver los álbumes y te salen las lágrimas porque no lo puedes creer. Fui a Japón, Tailandia, Venezuela, en Estados Unidos.

¡Noombreee! De algo de lo que puedo estar contento es que la gente se desbordaba. En todos los lugares y países a donde vayas te recuerdan, te buscan para una foto.

"A veces te llaman para recordar alguna pelea. Lo que le llaman carisma, creo que por el don de gente que uno tiene, siempre te buscan para abrazarte, tocarte".

Muchacho… y que una persona quiera darte la mano y está temblando porque saluda al campeón del mundo.

Y hasta la fecha me llaman para inaugurar torneos, para otros eventos deportivos. Y es padre porque ya pasaron cuántos años.

Orgullosa humildad

Guty y su esposa, Virginia López, con el cinturón verde del CMB y el rojo de la AMB, que ganó en 1976
Guty y su esposa, Virginia López, con el cinturón verde del CMB y el rojo de la AMB, que ganó en 1976

¿Orgulloso de ser Guty Espadas?

La mera verdad sí. Ya forma parte de la historia y representa un logro tremendo. Seguir siendo el mismo de siempre, es otra parte de la vida. La gente, a donde vaya, sigue teniendo esa amabilidad para tratarme.

¿Cómo puede ser que luego de más de cuarenta años la gente te identifique?

Te puedo decir algo: la gente no me admira… la gente me quiere. Pero eso me lo he ganado a pulso, no me lo regalaron. Eso es lo más grande: el cariño y el respeto.

Y de despedida, un halago para quien escribe: “Quiero que sepas que tienes un amigo. Me gustó la plática y poder hablar de tantas cosas porque me hiciste recordar tantas cosas en un ratito. Pendiente un saludo para cuando pase todo esto”.

¿Qué podemos decirle a alguien así?

Guty Espadas Cruz nos regaló una charla de casi 40 minutos que se fueron como los 44 años que lleva la historia que escribió el 2 de octubre de 1976 en Los Ángeles. Todo en un suspiro.

Simplemente quedaría decirle: ¡Gracias, campeón… Qué orgullo!

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