in

''Bolón'': Historia de lucha y éxito con mil títulos

Humildad y trabajo incansable, claves en el ascenso de Manuel Rodríguez Caamal al sitio soñado: lanzar en las Grandes Ligas

Usted se preguntará el por qué el título de esta entrega. Generalmente, la labor del que escribe es ponerle un encabezado a sus letras.

Pero la vida de Manuel Rodríguez Caamal tiene para muchos títulos. Uno, por ejemplo, podría ser el que dio su hermana Diana Laura: “Renunció mil veces… luego regresaba porque sabía que podía lograr sus objetivos”.

¿Cuántas veces no tiramos la toalla y todo queda en el intento? Eso sucede en cualquier faceta de la vida. A Manuel siempre le daba eso de pensar en que podía, pero a veces se desanimaba y pensaba en dejarlo. ¡Y miren a dónde ha llegado ahora!

El destino alcanzado, las Grandes Ligas, pueden ser otro tema para titular. En una tierra donde el béisbol manda (los futbolistas dirán lo contrario), con generaciones y generaciones de grandes estrellas, Yucatán no había tenido nunca un pelotero más allá de Ligas Menores. Manuel Rodríguez Caamal, “Bolón” para el béisbol, pudo hacer realidad el sueño de muchos de los que, en cualquier momento, nos hemos calzado unos bombachos para jugar este deporte.

“Sueño hecho realidad para él, por él”, dice su padre, Manuel Rodríguez Velázquez, quien es en realidad el “Bolón”, porque nació en la comisaría umanense que lleva ese nombre. Así nos lo dijo en la casa que habita la familia Rodríguez Caamal en el predio 145-A de la calle 20-A de Umán.

El padre de Manuel Rodríguez Caamal, Manuel Rodríguez Velázquez, y su hermana Diana Laura muestran al Diario imágenes que forman parte de la vida del serpentinero yucateco, durante una charla en su casa en Umán (Valerio Caamal)
El padre de Manuel Rodríguez Caamal, Manuel Rodríguez Velázquez, y su hermana Diana Laura muestran al Diario imágenes que forman parte de la vida del serpentinero yucateco, durante una charla en su casa en Umán (Valerio Caamal)
Parte de la charla con Manuel Rodríguez Velázquez, padre de "Bolón", primer yucateco en las Grandes Ligas (Valerio Caamal)
“Bolón” hizo historia como el primer yucateco en jugar Grandes Ligas. En la foto, el umanense es saludado por Frank Schwindel, primera base de los Cachorros, tras anotarse su primer salvamento en la Gran Carpa
Parte de la charla con Manuel Rodríguez Velázquez, padre de "Bolón", primer yucateco en las Grandes Ligas (Valerio Caamal)
El padre de Manuel Rodríguez Caamal, Manuel Rodríguez Velázquez, y su hermana Diana Laura muestran al Diario imágenes que forman parte de la vida del serpentinero yucateco, durante una charla en su casa en Umán (Valerio Caamal)
El padre de Manuel Rodríguez Caamal, Manuel Rodríguez Velázquez, y su hermana Diana Laura muestran al Diario imágenes que forman parte de la vida del serpentinero yucateco, durante una charla en su casa en Umán (Valerio Caamal)
Niñez soñada: Manuel Rodríguez, de jaranero, en un festival
Manuel con los motores de su vida: su padres, Manuel Rodríguez Velázquez y Rocío Caamal Estrella y sus hermanas Diana Laura y Juliana Alejandra, de quienes, en sus spikes, “Bolón” lleva grabadas las iniciales de sus nombres
Manuel con los motores de su vida: su padres, Manuel Rodríguez Velázquez y Rocío Caamal Estrella y sus hermanas Diana Laura y Juliana Alejandra, de quienes, en sus spikes, “Bolón” lleva grabadas las iniciales de sus nombres
Manuel de Jesús Rodríguez Caamal, frente su pastel en un cumpleaños en su niñez
El padre de Manuel Rodríguez Caamal, Manuel Rodríguez Velázquez, y su hermana Diana Laura muestran al Diario imágenes que forman parte de la vida del serpentinero yucateco, durante una charla en su casa en Umán (Valerio Caamal)

Más que béisbol

Su historia no es solamente la del pelotero que hoy en día vemos lanzar hasta 100 millas en el mejor béisbol del mundo. Detrás de sí, hay una larguísima lista de detalles, de anécdotas, de sufrimientos incluidos, para él, para los suyos, pero de un coraje especial para tratar de alcanzar metas, para proponerse los objetivos. Hijo de un taxista que adora el béisbol (lo juega aún) y una ama de casa que da todo por su familia, doña Rocío Caamal Estrella, Manuel es el segundo de tres hermanos. Diana Laura es la mayor, Juliana Alejandra la menor, y ahora hay una bendición nueva: Mía Regina, que nació tres días después de que Manuel llegara a Grandes Ligas. Mía Regina, pues, trajo torta…

“Es una felicidad enorme para todos. Por Manuel y por la niña. Son bendiciones que Dios nos regala”, dice el papá del lanzador.

“A veces… muchas veces, no teníamos ni para llevarlo a la Liga Yucatán a jugar. Era gasto grande. En el coche en que íbamos, no podíamos subir a los puentes porque se quedaba, así que nos metíamos por las laterales, o a veces a empujarle. Era un show, pero llegábamos. Con lo justo en gastos para la familia”, señala su progenitor. Y mire usted, lector: ¿esta persistencia hasta dónde ha llegado?

De eso se trató esta historia. La del pelotero, la conocen con todo lo que se dice. De la del ser humano, poco se sabe. Siempre pasaron Manuel y su familia con el famoso bajo perfil.

Nos recibieron su padre y su hermana Diana apenas al día siguiente del nacimiento de Mía Regina, por lo que su madre y su hermana menor no pudieron estar presentes en la plática.

A distancia, desde años atrás, Manuel sí que los tiene a todos presentes. Una foto que nos comparte Diana Laura muestra los spikes azules de “Bolón”: en el cintillo de las agujetas para ajustarlos, tiene grabadas las iniciales de los nombres de sus padres y sus hermanas en letra roja. M de Manuel, R de Rocío, D de Diana y J de Juliana. ¡Detallazo el suyo!

“De muchas formas Manuel nos ha mostrado lo que ama a la familia. Está pendiente siempre, cuando viene, que es poco tiempo, no quiere despegarse de nosotros, nos ha ayudado de diversas formas. Es un gran hombre, tiene unas cualidades humanas que lo hacen especial”, señala Diana.

Humilde siempre

Otro espacio abierto para un titular: el corazón humilde de Manuel lo llevó a Grandes Ligas.

“Mire, no porque sea mi hijo, pero se pasa mucho tiempo pensando en cómo ayudar a los demás. ¿Sabe por qué? Por lo que vivió cuando era niño, a veces no había... y ahora que él puede, quiere hacerlo. Siempre trataba de ser distinto, un niño que luchaba por sobresalir. No era fanfarrón, se esforzaba. Eso se llama trabajo”.

Esa puede ser una diferencia grande entre quien lo intenta de verdad, aprovechando y desarrollando sus facultades, y quienes se topan con puertas abiertas que le benefician por encima de los demás. En el deporte mexicano eso se da mucho.

Manuel, nos detalla su padre, era persistente en todo. Si había forma de ganarse un peso lo hacía, no le tenía miedo a nada. “Le cuento por ejemplo que su abuelo era carbonero y había días en que, en la camioneta que tenía, había que descargar los sacos de carbón. Manuel llegaba de la escuela y pedía que le dejaran a él los sacos porque quería ganarse sus centavos. Un peso por cada saco. Veinte, treinta, cincuenta sacos. Y tenía su dinero. Era feliz de hacerlo”.

Entonces… ¿El niño carbonero que llegó a la Gran Carpa?. Ese podría ser un título genial.

Así la vida en detalles de Manuel Rodríguez Caamal. Fue, no cabe duda, un niño que nació con ángel. O, dicho de otra forma, con un diablillo que le decía: “Haz esto… tú puedes”. En las cosas buenas, claro. Lo hizo y pudo. Los resultados ya todos los conocemos.

Antes de la trayectoria beisbolística, fue un chico como cualquiera, siempre vivaracho, despierto, participativo, sonriente. Estamos, desde nuestra trinchera, inmensamente agradecidos con la familia por sus atenciones y porque, a pesar de las complicaciones que pudieron darse por los viajes y el nacimiento de Mía Regina, nos facilitaron valioso material fotográfico sacado de los álbumes. Pudimos ver en las imágenes familiares, con Manuel vestido de jaranero o de frack para ser chambelán, igual que ante su pastel, sus medallas y credenciales de Olimpíada Nacional.

Ha sido este joven, que cumplió 25 años apenas el 6 de agosto, un motor de esta familia, contagiándoles por su deseo de superación. Lo hizo desde que estudiaba la primaria, hasta llegar al Colegio de Bachilleres, donde Manuel tenía muy buenas calificaciones. Su padre y su hermana consideran que, de no haber escogido la carrera de beisbolista profesional, pudo haberse graduado en cualquier otra especialidad que tomara.

Esa virtud de ser aplicado en las aulas fue también clave para lo que viviría camino a las Grandes Ligas porque le dejó una coraza especial, le dio fuerza de voluntad para aguantar lo que venía desde que decidió irse fuera de casa, con escasos 16 años. Disciplina total.

“No lo hemos tenido con nosotros en las fechas especiales, ni en cumpleaños, aniversarios, en Navidad o Año Nuevo. Pero así es esto. Y pues él escogió ese camino. A veces pensábanos que no lo dejaríamos ir, pero cuando tomó la decisión vino a decirnos que se iba. No pudimos detenerle”.

Otro “además”: los sufrimientos generales por las largas ausencias. “A veces nos dice que está solo en su cuarto, que en el equipo solo él habla español, que hay favoritismos. Eso no es fácil de superar. De verdad que muchas veces hemos pensado: ¡va a regresar! Y nada. No vuelve. Sigue”, expresa su padre, quien voltea a ver su hija. Diana expresa: “Ha renunciado mil veces… y luego regresa”.

Alguna vez, molesto porque no se dieron los resultados, sacó sus arreos de juego y los dejó en el cuarto de sus papás. “Dijo que no quería seguir jugando. Amontonó sus cosas y se fue molesto. Pasaron los días, y tomó un guante. Luego poco a poco fue tomando hasta sacar otra vez. Y volvió a jugar. Y mírelo”.

Finalmente llega la hora de la verdad: lo firma Raúl Ortega Rojas para los Leones, lo preparan y debuta en 2014. En 2015, Manuel logra una temporada de esas grandes, que le convierten en el “Novato del Año” de la Liga Mexicana, con una parada intermedia en el Juego de Estrellas, celebrado el 31 de mayo en el Parque Kukulcán de Mérida.

“Otros buscadores y scouts pudieron verlo, pero no lo hicieron o no les interesó. Raúl sí, desde el principio dijo que le interesaba para los Leones y lo firmaron. Estamos agradecidos con Raúl, con los señores Arellano (Erick y Juan José, propietarios del club) porque confiaron en él. A la larga, se están dando los resultados”, expresa don Manuel, a quien a ratos las lágrimas estuvieron cerca de brotarle. Si lo hacía, no era más que una muestra de los sentimientos honestos de un padre al ver realizado a su hijo.

El salto a las Grandes Ligas

Los Cachorros de Chicago lo adquieren en 2016 por 400 mil dólares (según registros de Minor League), comenzando un vertiginoso ascenso que tuvo, el viernes 30 de julio de 2021, el debut en las Grandes Ligas. Ni más ni menos que el primer yucateco que juega en las Mayores. Las legiones de valiosos peloteros, estrellas de este deporte, abrieron una brecha que, “Bolón”, pudo extender hasta donde todos sueñan. Para otro título: “En el Everest del béisbol”. Todos lo sueñan, millones se preparan, y al final, unos cuantos lo logran.

Fue todo en un lapso de tiempo en el que el deporte yucateco estuvo en la cresta de la luna: “Bolón” debutando en Grandes Ligas, primero de estas tierras en hacerlo; Henry Martín ganando una medalla olímpica, primera que se cuelga un hijo del Mayab; Rómmel Pacheco Marrufo despidiéndose de los Juegos; Andrés Gudiño debutan en Liga MX con Cruz Azul. Vaya semana.

La familia Rodríguez Caamal espera algo aún más grande en Manuel: que no deje de ser quien ha sido, que no pierda su esencia de buen hijo, buen amigo, buena persona en términos generales, de luchador incansable. “¿Sabe por qué le digo esto? Porque de verdad ha sido un muchacho sano, dedicado, responsable. Nunca ha dejado de trabajar, pero tampoco ha dejado de ser el humilde, el que te ayuda si se puede. Se lo encomendamos a Dios siempre, que la Virgen lo cuide. ¡Qué más podemos pedirle!”

Aquel chico que, si perdía, hasta en las canicas, te pedía la revancha porque se sentía con capacidad de ganar, llegó a donde todos los que fuimos beisbolistas soñamos con hacerlo. Ahora quisiera que no sea una ilusión de verano.

Como reflexión a esta historia, don Manuel Rodríguez Caamal, de salida, nos dice que “verlo hacer realidad sus sueños nos da para pensar que, si te lo propones, lo logras. Eso va para todos los muchachos”. Remata: “Los tiempos de Dios son perfectos”. Al final, lector, entenderá el porqué del título.

Cronología de hechos por el caso de José Eduardo Ravelo Echevarría

''José Eduardo salió por su propio pie de la cárcel''

Tormenta tropical "Fred"

Surge la tormenta ''Fred'', aún no representa peligro para la Península