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Injusto para el aficionado leal

Los Medias Rojas

De todo y de nada

Gaspar Silveira Malaver

No… los aficionados no se merecen eso.

No, los de Barcelona. Lo que pasó en Lisboa, un desastre de dimensiones históricas, debe de servir de ejemplo para el fútbol. Messi es tal vez el Dios que muchos dicen, pero necesita apóstoles a su lado para poder conectarse al mundo al que nos acostumbró. Y la directiva, tras la salida de Iniesta y Xavi, no se los dio. Los resultados saltan a la vista y la tragedia que comenzó con la pandemia podría terminar con el epitafio de una revolución en Camp Nou sin los jugadores que hicieron grande al club en la década más reciente.

No, los de Boston. Lo que está pasando en Nueva Inglaterra no es digno de uno de los equipos tradicionalmente más batalladores y que en los últimos años se acostumbró a ganar, al menos a competir. Fueron el club más dominante en dos lustros, ganado cuatro veces la Serie Mundial. ¿Y ahora? Están con la peor marca desde los años 70.

No, para todos los deportes. Barcelona llegó al duelo con Bayern cargando una pesada cruz de la mala planeación institucional. No ganó ni Copa, ni Liga, y en la Champions, estaban como derrotados antes de salir al campo. Como Boston se vio cuando viajaba a Nueva York para una serie grande por la rivalidad que representa jugar contra los Yanquis.

Vimos dos caricaturas de equipo. En fútbol al del “tiqui-taca” siendo desbaratado a goles. En béisbol, a los patirrojos desmoralizados, con rostro bajo. Sus propios jugadores se dicen avergonzados de este papel que están viviendo. Quieren irse porque, dice JD Martínez, “apesta” en un equipo al que solo ven perder y perder.

Para que una competencia pueda ser grande, necesita que los protagonistas mantengan el nivel hoy, mañana y siempre. Y lo olvidaron Barcelona y Boston. Sus seguidores, que se cuentan por legiones, no lo merecen. Tampoco lo merecen sus rivales. Yo soy del Madrid y de los Yanquis, pero no es sencillo ver que no existe sombra cuando tú estás armando y compitiendo por mantenerte en lo más alto, y tu acérrimo enemigo no lo hace.

No, no nos lo merecemos. No hay nada mejor que la competencia dura.

Infraestructura en comisarías