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Juan José Padilla y la historia de un torero especial

Juan José Padilla

De tragedia y leyenda

Juan José Padilla, quien el 2 de diciembre se despedirá de la afición yucateca en la Plaza Mérida, se encuentra actualmente en Lima, Perú, para su adiós de los ruedos incas. “Veinticinco años, 1,400 corridas y más de 50 cirugías después, el torero mira cara a cara a la muerte, como a un toro, y se encomienda –desde la basílica y el convento de Santo Domingo– a San Martín de Porres”, dice un reportaje en la revista “Somos”, publicado por el periódico “El Comercio”, hablando de su despedida allí, mañana en Acho.

Ha caído una y otra vez. Ha sido revolcado, golpeado, arrastrado, atropellado, desangrado, enceguecido, fracturado, rebanado, atravesado. Se le ha visto desorientado, vulnerable, titubeante, aplaudido por la multitud. Ha compartido sus temores, ha cuestionado su destino, ha vivido eterno ese momento en el que un descuido se convierte en herida, corte, provocación a continuar con una lucha desigual.

¿Hablamos del toro o del torero? ¿Quién es la víctima? ¿Quién es el valiente?

Hombre y toro, toro y hombre, viven su propia épica en el ruedo como herederos de un inescrutable pacto ancestral, aunque afuera de las plazas la indignación azote con su propia furia. Los que están adentro lo llaman arte, a pesar de que para muchos otros no sea más que la justificación de un salvaje linchamiento.

Esta historia trata acerca de jugarse la vida. Trata de vivir rápido, aunque sea en la cámara lenta del permanente suspenso; trata de trajes luminosos, de arena, de plaza, de aplausos, de fervor y de tensión, sí, pero también de sangre, de dolor, de violencia. Unos viven la tradición, fieles a todo lo que implica; otros consideran que es solo un rezago medieval que debería ser prohibido. Son el sol y la sombra, la sombra y el sol de este espectáculo.

Quizás solo la política, la religión o el fútbol desaten polémicas semejantes, enciendan similares fuegos y dividan tan marcadamente a dos bandos distintos.

Juan José Padilla, el torero gaditano nacido en Jerez de la Frontera el 23 de mayo de 1973, lo sabe muy bien.

“Yo respeto a todo aquel que no pueda ver que un animal sufra. Pero quiero que entendáis también que esto es una cultura forjada a través de los tiempos y que se mueve un sector socioeconómico muy importante del que vive muchísima gente. Además, con nuestra profesión estamos salvando algo importantísimo, que es el toro bravo”, afirma.

El torero jerezano dice ser un hombre positivo, aun sabiendo que la situación de la tauromaquia es difícil.

“Es un debate en el que no quiero entrar”, confiesa, al revelar a “Somos” su pena por no poder despedirse ni en Cataluña ni en Palma de Mallorca, donde están prohibidas las corridas de toros.

Padilla, tras torear en Lima, volará a España y regresará el sábado 1 de diciembre a Mérida para su corrida de banderilleros del domingo 2, en la que actuará con Uriel Moreno “El Zapata” y Gerardo Rivera, con toros de San Miguel de Mimiahuápam.

Los boletos para Mérida salieron a la venta desde 400 pesos en sol general.

 

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