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México olímpico: triste rendición de cuentas

Alexa Moreno

Por Gaspar Silveira Malaver

Como es típico, el México olímpico comienza a sentir el verdadero dolor de orgullo cuando van terminando los Juegos y volteamos a ver la tabla de medallas.

¡Tres medallas de bronce! ¡Solo tres!

México aparece en un triple empate como país número 76 en el medallero, en el que, tras de sí, siguen solamente siete países más. Argentina, la orgullosa nación sudamericana que tiene a más dioses que las religiones, está tras la bandera tricolor con solamente un bronce.

¿Qué sorprende si siempre es lo mismo cuando de dar resultados se trata?

Más que sorprenderse y preocuparse, lo que hay que hacer, o deben de hacer las personas encargadas, es realizar una verdadera reflexión y análisis de lo acontecido, no solamente durante el tiempo que duraron los Juegos de Tokio (poco más de dos semanas), sino lo que giró en torno al largo proceso. Hay señalamientos de los famosos círculos viciosos que entorpecen el desarrollo de las actividades que tienen como meta final llegar a la justa de cada cuatro años.

Explotamos de coraje cuando Gabriela Bayardo, excompetidora mexicana en arquería, ganó la medalla de plata en Tokio, ahora como Gabriela Schloesser, representando a Países Bajos (antes Holanda), con el desaire de las softbolistas que dejaron los uniformes oficiales de la delegación porque no tenían más capacidad en sus maletas, señalando falta de empatía o identidad (son casi todas nacidas en Estados Unidos), ni se diga porque el mexicano Óscar Salazar, medallista como deportista en tae kwon do, llevó a sus atletas egipcios al podio siendo entrenador.

La lista sería interminable. Además de eso, la eliminación de fideicomisos que apoyaban a los deportistas en sus procesos, o los que daban respaldo a los atletas que, honrosamente, defendieron a México y subieron al podio. Ana Guevara, quien fue medallista y sabe lo que representa partirse el alma toda la vida por México, pidió que 101 millones de pesos resguardados en el Fodepar sean devueltos a la Tesorería de la Federación (publicado en forbes.com.mx). Esos recursos iban a ser usados para apoyar con becas vitalicias a medallistas olímpicos, personas que en lugar de trabajar o estudiar, dedicaron sus mejores años a entrenar para defender a México en el firmamento olímpico.

Además de eso, recuerde todos los embarullos que han salido en el entorno y las entrañas de las federaciones (el de clavados es el más reciente, pero el de béisbol el más sonado y decepcionante en resultados). Lo de la novena mexicana fue el hazmerreír, no solo por haber perdido sus tres partidos, sino por lo que giró sobre la selección, que, a punto casi del playball, decidieron remover del timón a Juan Gabriel Castro para llevar a prácticamente otro equipo, dirigido por Benjamín Gil y que tenía como principal figura a un Adrián González que, vale decirlo, ya está de salida, cuando había otros peloteros de mejores desempeños probados. No es inventar decir que el mismo presidente de la República es el gran amigo del “Titán” y que por ello la Federación Mexicana, que preside Enrique Mayorga, y la Conade, dirigida por Ana Gabriela, aceptaron la imposición de Gil en el puesto de mánager y, por consiguiente, modificara casi todo el róster cuando ya casi venía el primer lanzamiento.

Aunque en teoría la hay, debería crearse una verdadera comisión que analice a fondo las circunstancias, se meta a la vida de los atletas y sus entornos, dé seguimiento a los procesos. No solo decir que se elimine “porque hay corrupción”, sino hacer de lado a los corruptos y a los que entorpecen o ponen piedras al camino en lugar de trabajar para que sea todo más sano. No tenerlos en zona de confort, sino que se trabaje adecuadamente.

¿Qué sí creo en ese México? Claro. Porque sí es factible tenerlo. Pero mientras, a ponernos tristes porque, hasta ahora, la rendición de cuentas es muy pobre.

 

 

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