in

Jugada maestra de Luis Ibarra

Foto: Megamedia

La perseverancia toma un valor inmenso cuando parece que el jaque mate es inevitable

Diez años atrás, cuando estuvo cerca de completar la norma de Gran Maestro en el Torneo Internacional “Carlos Torre Repetto, In Memóriam”, Luis Ibarra Chami dio un vuelco a su carrera en el mundo de las 64 casillas.

Se frustró, sí. El ajedrez, con sus veleidades, cumbres románticas y caídas dramáticas, le propuso un duro jaque. Pero no fue un mate. Fue una pausa para él en el juego ciencia y en la vida.

Luis Fernando Ibarra Chami, hoy con 31 años de edad, acaba de recibir el Premio Estatal del Deporte. Se trata del máximo reconocimiento que pueda obtener deportista alguno. ¿Diez años después de cuando debió ocurrir el acontecimiento?

Quizá de no haber sufrido ese apabullante bajón en la edición 2009 del “Torre”, en ese mismo año hubiera completado la norma de Gran Maestro y, por tanto, el Premio Estatal le llegaría entonces con facilidad y respeto, algo que este año su asociación le perdió.

Pero se replanteó todo: vida, ajedrez, deporte, profesión… Todo, literal.

“Fue un duro golpe, muy contundente. Pero sabes… todo en su tiempo, eso me ha quedado más claro que nunca”, afirma el ahora abogado, con la medalla de Premio Estatal y el cheque de cartón que les entregan de manera simbólica a los ganadores.

El galardón es, tampoco nos queda duda, parte de la jugada maestra de Luis Fernando Ibarra Chami.

“Chacho”, quizá al borde del nocaut cual boxeador fuera, decidió dedicarse a sus estudios, jugó poco, pero intenso, y, sin pensarlo, peleó cada que pudo para estar vigente. “La norma llegaría algún día”, comentó en muchas entrevistas pasadas. Acepta, sin embargo, que estaba dolido y sentido con aquella debacle de diez años atrás. Le había marcado.

En diciembre de 2019, cuando menos lo esperaba, en el escenario que recuerda al más grande ajedrecista mexicano de todos los tiempos, se convirtió, como Carlos Torre, en Gran Maestro. Una descollante actuación lo catapultó a la cima a la mitad de la competencia, y, en la recta final, acumuló méritos ante rivales de alto ratting, para completar la norma.

El máximo logro en el mundo de Caissa. Siete jugadores mexicanos se han convertido en Grandes Maestros y tres son yucatecos. “Vaya honor el que tenemos”, afirma.

El abogado Luis Fernando Ibarra Camino, que grababa la entrevista que hacíamos a su hijo, recuerda con una frase lo vivido por Luis: “Toda su vida en el ajedrez”.

De allá parte esta historia: “La jugada maestra de Ibarra”. Porque Luis, hoy es un consumado GM entre los trebejos, abogado de profesión, como parte de la herencia familiar (“lo más valioso es que te guíen a algo positivo”) y persona realizada, ha tenido que meterse en los entresijos de una vida que le arrojó frustraciones en medio de las dedicaciones, para alcanzar la meta soñada.

En los “Domingos especiales de www.yucatan.com.mx”, el Gran Maestro Ibarra Chami trata de contestarnos varias preguntas que pueden parecer esenciales, y hasta tontas, pero que tienen definiciones con diversas aristas.

¿Qué es el ajedrez para Luis Ibarra Chami?

¿Qué representa la familia de un deportista, en especial un ajedrecista?

¿Qué hacer para combinar estudios y deportes y salir delante de las frustraciones de una y otra?

“Gambito de Dama”, la serie de Netflix que está causando revuelo, le ha enseñado, por si fuera poco, que el ajedrez está abierto para todos, para damas y caballeros, para niños, jóvenes y adultos. Y él es parte de ese universo que ahora lo tiene en un estándar elevado entre los grandes exponentes del deporte ciencia en México. “Está mostrando la magia de este juego que nos tiene enamorados del ajedrez, en muchos aspectos de la vida”, afirma el Premio Estatal. “Es más que un deporte. Significa conducta de vida, de trabajo, enseñanza. Aprendes muchas cosas que luego puedes llevar al cabo en diversas facetas”.

Ibarra Chami tiene palabras de elogio para un genio como Carlos Torre Repetto, para su gran amigo Manuel León Hoyos, que de joven dejó las competencias para dedicarse a los estudios profesionales y convertirse en un economista “top”. Son, como él, parte del legado del deporte de Yucatán.

“Me gustaría que esto sirva de ejemplo para otros niños y jóvenes, una motivación para aquellos que, por equis o por ye, sientan que no pueden alcanzar los objetivos. Yo, como te digo, pensé que no podría. Me sentí mal, muy mal. Pero el ajedrez, con su esencia, con su batalla pieza por pieza, me dejó ver que había que luchar movimiento a movimiento”.

Aquel jaque que amargó su Navidad en 2009 no fue un mate definitivo. Ibarra Chami había puesto a trabajar a su gambito desde 1996, la primera vez que se plantó ante un tablero de forma competitiva en Progreso. Y llegando a 2019, alcanzó el objetivo que devolvió las alegrías a un apasionado ajedrecista, vividor de esplendores al máximo y soñador de la vida.— Gaspar Silveira

 

Vídeo: auto da varias vueltas en cadena antes de caer por un puente