in

La leyenda de los “Perros Negros”

La cuadrilla de trabajadores del Parque Kukulcán posó para la cámara del Diario antes del partido de ayer

Grandes historias para dejar listo el Parque Kukulcán

De los años de Manuel González Madera, el popular “Chachalaca” en el inolvidable Parque Carta Clara, a los “Perros Negros” que cuidan celosamente el Parque Kukulcán hay una larga historia. Y leyendas también.

Las nuevas generaciones tal vez no sepan de las noches en que, para secar el diamante, Manuel González encendió fuego en la media luna y todo mundo se espantó. Pero logró su cometido. Hubo fuego... y juego.

Se recuerdan también los grupos que encabezaron Marcos Zupó y luego el “Morito” Navarrete, fallecido recientemente. Ramiro Rubio Harrison fue encargado del diamante del Kukulcán durante muchas temporadas.

Y ahora, es turno de la cuadrilla que capitanea Javier Basto, que está en boca de todos por el gran trabajo realizado, particularmente en estos días de mucha lluvia en plena Serie del Rey.

¿De dónde surge el mote para la cuadrilla de Basto?

La decena de trabajadores, todos parte de la plantilla laboral de los Leones, tomó el apodo porque, años atrás, integraron un equipo de sóftbol que llevó ese nombre.

Cuando los Leones ganaron el banderín en 1984 ante los Indios de Ciudad Juárez fue en una jornada en que, antes del juego, cayó un diluvio, como el del jueves previo al duelo Toros-Leones.

“Emocionados de estar en este grupo”, comenta Javier Basto, justo después de dejar listo el Kukulcán como en sus mejores galas.

A los “Perros Negros” les hemos visto haciendo labores que podrían parecer increíbles de realizarse. Descalzos o en chanclas aguantando estoicamente para colocar la lona, que se eleva con todo su peso con el viento al ser retirada. Luego con sus esponjas o hule espumas secando todos los rincones del gran escenario yucateco.

Y mientras en todos los parque de pelota profesionales se usan equipos modernos para pintar las líneas del terreno de juego, aquí están a la antigüita: van sacudiendo su latita de cal sobre la soga de plástico que ya acusa el uso constante.

“Es como una obra de arte”, dice el “Mono”, uno de los integrantes, a quien se conoce más así que por su nombre de pila. Así también hay el “Murciélago” y otros más entre Gabriel Valdez, Francisco Tun, Jabes Quintal, Domingo López, Daniel Pinzón, Pastor Pech, Luis Ronaldo Pérez, Alejandro Quintal, Ángel Aranda y Reyes Sosa, guiados por Basto. Merece la pena tener la lista de todos ellos, que son otros de los héroes anónimos que tiene el béisbol, especialmente en esta dura época en que el clima se está yendo con todo sobre la Península. Ayer les decíamos que queríamos una foto de ellos para esta hitoria en el Diario. Se sorprendieron varios: “¿De nosotros? Si no jugamos”.

No juegan, pero vaya que tienen peso para que pueda haber partidos.

“Lo que más se disfruta de todo esto es que, llueva, truene o relampaguee, estaremos allá listos para dejar el estadio como se merece la afición”, comenta Basto, mientras retiran los implementos usados durante una jornada que arranca desde que sale el sol para colocar lonas, quitarlas, preparar la jaula de bateo, pintar las rayas, y luego retirarlo todo para que esté listo para el playball.

Solo se les vuelve a ver hasta la quinta entrada, en la que salen a darle una retocada a la pintura y “alisar” la grama del diamante, igual con su método tradicional: arrastrando las largas mangueras de un lado a otro.

Todo un espectáculo, como parte de un trabajo titánico que muchos no valoran, pero que, siendo realistas, vale oro puro. Muchas veces han sido ellos los verdaderos héroes del juego.— Gaspar Silveira

 

Homenaje póstumo a exlíder ganadero

Cartón de Tony: la tentación de la megaobra