in , ,

Leonel Aldama, “El Coronel”, Caballero del béisbol y la vida

Leonel Aldama, “El Coronel”, reconocido en medio del luto tras su repentino fallecimiento

“A un caballero de la vida”

La frase fue escrita en una de las cintas dedicatorias de los arreglos florales que rodeaban el féretro de Leonel Aldama Rosel.

El texto queda acuñado a la perfección de lo que el retrato de la vida de un hombre que llegó de Matanzas, Cuba, a México, en 1945, y desde entonces se convirtió en parte del béisbol mexicano, primero, y de la misma cultura de la pelota yucateca, de la sociedad que le abrazó, que le permitió hacer familia, nacionalizarse mexicano y, ayer, como colofón a una trayectoria de leyenda, ser recordado como un grande en su repentino deceso.

Fotos Archivo Leonel Aldama
Fotos Archivo Leonel Aldama
Fotos Archivo Leonel Aldama
Fotos Archivo Leonel Aldama
Fotos Archivo Leonel Aldama
Fotos Archivo Leonel Aldama
Fotos Archivo Leonel Aldama
Fotos Archivo Leonel Aldama
Fotos Archivo Leonel Aldama
Fotos Archivo Leonel Aldama
Fotos Archivo Leonel Aldama

Muy temprano expiró en la cama de un hospital, donde había sido internado unos días antes. Apenas en horas de la noche del domingo, el padre Jorge Carlos Menéndez Moguel, hijo de su fallecido amigo Jorge Carlos Menéndez Torre, “Manito” de apodo ambos, le aplicó los santos óleos, motivándole a luchar por su vida.

No hubo más entradas extra en el juego. A eso de las 7 de la mañana expiró.

Desde ese momento, el béisbol, del que fue parte casi desde su infancia hasta sus cumplidos 94 años, le rindió homenaje. Aficionados, peloteros que crecieron junto a él, amigos de épocas atrás, la misma Liga Mexicana, el Salón de la Fama del Béisbol Mexicano, el Salón de la Fama del Deporte Yucateco que le entronizó hace unos meses. Incluso en sitios web de su Cuba natal, Leonel Aldama Rosel fue la noticia.

“Se fue alguien que para mí y para muchos peloteros de mi generación fue como un maestro, igual un padre, un abuelo… Representó mucho para nosotros y para mí en especial”, dijo Oswaldo Morejón Martínez, quien creció mientras el “Coro” era parte de la directiva de los Leones y lo dirigió en la sucursal.

“Un caballero en toda la extensión de la palabra”, señaló Óscar Rivera, a quien Aldama consideraba “mi zurdo favorito… de ahora”.

“El Coronel”, como fue bautizado, hizo época en la Liga Mexicana tras dejar su natal población de Los Arabos, en la provincia de Matanzas, para jugar en México a finales de la década de los años 40 y principios de la del 50. En la Liga Peninsular, jugó para los Cardenales de Motul y fue contemporáneo de grandes peloteros coterráneos suyos como Ultus Álvarez (Estrellas Yucatecas), Ernesto “Chico” Morillas, Asdrúbal Baró y Julio “Jiquí” Moreno. La foto en que aparece con el inmortal Basilio “El Brujo” Rosel fue una de sus favoritas.

Pelotero y amigo

En la Liga Mexicana bateó para .280 en cinco temporadas y fue campeón con los Sultanes de Monterrey. No fue nunca un pelotero deslumbrante. Pero no hacía falta. Tras la Peninsular, se asentó en Mérida y fue parte, como mánager y couch, de los Leones de Yucatán a partir de 1971, equipo al que no dejó en más de 40 años.

Cuando el equipo regresó a la LMB en 1970 estuvo allá, y los vio coronarse en 1984 y 2006, siendo couch en ambos clubes. Se asentó para estar en el rey de los deportes y para formar familia. Motul, Tixkokob y muchos otros pueblos le vieron jugar, y luego pasear su carisma y talento con el famoso equipo de los Veteranos de la Liga Peninsular por toda la geografía yucateca.

En un reconocimiento a su trayectoria, dentro y fuera de los diamantes, y con los Leones y el béisbol peninsular, el 12 de mayo de 2007 la directiva de los melenudos dispuso retirar el número 29 que portó toda su vida. Está empotrado en un diamante en la zona donde los Leones rinden homenaje a sus glorias.

Ayer, la funeraria donde lo velaron fue un desfile de personas de béisbol, de gente de la comunidad que apreciaron al fallecido ídolo como a su familia, con su esposa Alba Manzanilla Villanueva, con quien estuvo casada casi 70 años, y a sus hijos Leonel y Leonor, ampliamente conocidos en Yucatán. Estoicamente, pero sentida, doña Alba recibía las condolencias de quien le acompañó casi toda la vida.

En su ataúd, parecía dormir. Leonel Aldama, como fue su petición, llevaba colocada la playera de los Leones y también la gorra con la LY, inseparable igual que su boina. Elegante incluso en su lecho de muerte. Sobre el féretro, las banderas de Cuba y de México.

Cuando fue entronizado en la Clase 2018 del Salón de la Fama del Deporte Yucateco, Carlos Paz González, su paisano de nacimiento y también de patria adoptiva, fuimos parte de un diálogo durante las entrevistas.

“Este hombre no va morir nunca porque Yucatán lo ama. El béisbol lo ama”, le dijo Paz. Leonel le respondió jocosamente: “Carlos, es que tú eres un maestro”.

No se murió un beisbolista retirado. El que falleció ayer y será cremado hoy, fue algo más que un pelotero de modestas estadísticas, de cuerpo técnico moderador y formador de jugadores. Se trata de todo un personaje del béisbol, del cubano, del mexicano, del yucateco. Un hombre que es leyenda.

Y, como dice la cinta del arreglo floral, “caballero de la vida”.— Gaspar Silveira

Cartón de Tony: Un único mandamiento

Muere niño que cayó a un pozo