in

Más que un torero

Foto: Megamedia

 

Juan José Padilla: una vida, literal, cosida a cornadas

Uno lee sobre la vida de Juan José Padilla y puede resumirla, así de sencillo, en que es… póngale usted los adjetivos que quiera.

Pero Padilla es parte de la historia de la tauromaquia. De estos tiempos, y también puede ser referente al lado de toreros de épocas antiguas, y héroe de las generaciones que vienen.

Sí. Es un héroe. Pero es humano. Y es torero.

Tiene la vida cosida a cornadas. Treinta y nueve en total. Cuando ha mostrado las cicatrices, ha dejado al mundo impávido por las carreteras de puntadas que se arman por su cada vez más endeble cuerpo.

La vida de Juan José Padilla (Jerez de la Frontera, 23 de mayo de 1973) tiene un antes y un después de una tarde que pudo ser mortal. Fue de tragedia, espeluznante e increíble, lo que vivió el 7 de octubre de 2011, en el coso de Zaragoza.

Antes de aquella celebérrima corrida, que cierra la temporada grande en España, Juan José Padilla era un torero de corridas duras, un torero tremendista, que gustaba de dar a la afición espectáculo, correoso, banderillero con recurso para miuras, victorinos, escolares… Carne para los públicos de feria. Eso sí, todo mundo sabía que ese apodo de “Ciclón de Jerez” no era por otra cosa que por sus extraordinarias cualidades. Un portento de derroche físico.

Y llegó a Zaragoza en 2011. Fue para cambiarle el sentido a su vida.

Un traspié cuando toreaba a “Marqués”, de Ana Romero, a la salida del tercer par de banderillas, le hizo caer en la arena y el toro le lanzó un seco derrote perforándole el cuello, detalle apenas perceptible. Pero lo peor fue al siguiente instante porque las consecuencias fueron, literal, terroríficas, más que impresionantes. Cuando intentó ponerse de pie, se llevó las manos al rostro teñido de sangre y su primera expresión, casi moribundo, cuenta ABC de Madrid, es un “no veo, no veo”. Drama impresionante.

El parte médico dijo, entre otros puntos, que el pitón entró por el cuello, bajó al maxilar izquierdo, destrozó el oído y globo ocular. La plaza vivió momentos de zozobra y, con las redes sociales ya haciendo y deshaciendo, la noticia corrió como reguero de pólvora. “¡Padilla se muere!” “¡Padilla pierde un ojo!” “¡Padilla destrozado!”, fueron algunos titulares de ese momento.

Pero los santos, porque Padilla es un católico confeso, vinieron al rescate de un torero que era reconocido, entre sus excentricidades, como un gran ser humano, un gran padre de familia.

Y Padilla, aunque suene cruel, “sólo perdió un ojo, pero mantuvo la vida”.

La mantiene, hasta el día de hoy. Una grave cornada en Pamplona, por ejemplo, casi se la arranca. Igual otra en Huesca, en Sevilla.

La segunda parte de su vida fue recuperarse y volver a torear. Las manos del cirujano Carlos Val-Carreres y el capotazo llegado del cielo hicieron una obra milagrosa. Padilla reapareció en Olivenza, menos de un año después. ¿De qué está hecho?

En una entrevista con el Diario en Bécal, Campeche, en mayo de 2013, fue sincero: “Estoy vivo gracias a Dios, y nunca me cansaré de darle gracias al Señor”.

De Olivenza en 2012 a Lima en 2018 (su última corrida hasta ahora), dejó de torear corridas duras, comenzó a aparecer con figuras que, dicen, en su momento le negaron espacio en sus carteles. Aparece desde entonces con un parche que cubre el ojo perdido y pasó a convertirse en el “torero pirata”. ¡Idolo de masas!

Fueron los toreros los que le llevaron en hombros cuando el 4 de marzo de 2012 reapareció en Olivenza. Y también, los que le llevaron en volandas en octubre pasado en Zaragoza, donde fue a despedirse de los ruedos españoles, señalando enfáticamente el agradecimiento por el apoyo del público y todos sus compañeros profesionales de los toros. Las plazas del mundo le rindieron, desde entonces, un sentido homenaje a un torero que entregó la vida en cada tarde. Pero Juan José, además, se volvió un diestro más refinado, con actuaciones grandes, como la de la Maestranza de Sevilla, donde, en 2016, abrió la Puerta del Príncipe. Ese triunfo hizo aún más increíble su vida.

Padilla habla emocionado de sus últimas actuaciones. En su temporada de despedida, incluyó a la Plaza Mérida, donde el domingo se enfrentará a un lote de Begoña, alternando con “El Zapata” y Gerardo Rivera. “Será una tarde especial”, dijo en un vídeo.

Es, Juan José Padilla, un torero especial, un hombre especial. De esos héroes que surgen de vez en vez en todas las facetas de la vida, para dejar honda huella. Él, claro, con la vida cosida a cornadas, pero legítimo en todos los sentidos.— Gaspar Silveira

 

Vuelve a atacar el sarampión