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Pensar, sentir y vestirse de torero

Óscar Massa Loría

Óscar Massa: desafío y respeto por sus pasiones

Amigos aficionados…

Qué increíble eso de ser torero. O soñar con serlo. Y más vestirse de torero. Hacerlo conlleva un ritual tan ancestral como respetuoso, de allí una frase conocida en el medio de “no cualquiera se viste de torero”, o, más a fondo, si lo haces, “tienes que parecerlo”.

Nos topamos días atrás con algo que, desarrollando su temática de principio a fin, me dejó cautivado: Óscar Massa se vistió de torero.

Óscar Humberto Massa Loría es médico, padre de familia, deportista de cepa gran aficionado a la tauromaquia. Una semana atrás se despachó 16 kilómetros entre ascensos y descensos en la prueba reina del atletismo yucateco, como es la Carrera Uxmal-Muna.

De capea, de tienta, de jornadas de cultura, compartiendo televisión, siempre allá anda expresando su sentimiento por la más bella de todas las fiestas. Pero me llamó poderosamente la atención el que se haya vestido de torero, de corto, pero con toda la liturgia que esto con lleva.

No me crean, pero cuando “toree” la primera vez (Sinkeuel, año 1995) me fui al infinito y más allá, pese a la revolcada que “Gasparina”, la vaquilla castaña que obsequió don Juan Castillo “para el que quiera” de los tres periodistas que acudimos a San Simón. Pensé: ¿Qué se sentirá? Ya lo supe minutos después y por muchos días en que me recuperaba de algún moretón que me dejó esa cita. ¡Fui torero!

Pues qué emoción ver a Óscar, con Erick Díaz Rosado (él ya lo había hecho otras veces), vestido de verde con acabados en negro. De completo, casaca, pantalón corto, botas y en el desfile de cuadrillas junto con otros amigos más, reunidos en un lienzo del sur de la ciudad.

Peor, ¿qué se siente vestirse de torero?

La versión de Óscar es precisamente la de un torero o un hombre respetuoso a la tauromaquia. Porque se siente, se piensa y se viste de torero. Tiene mucho sentido, de vida, de percepciones, y, claro, de ilusiones. Se las dejó, cruda, como el novillo que despachó:

“Para vestirse de torero, ya sea de corto como en mi caso, primero hay que sentirlo. Sentirse torero. Aunque sea como aficionado práctico. Es el sueño de muchos aficionados a los toros. La decisión del fin de semana pasado de torear un novillito fue un proceso de mucho tiempo. Entrené bastante con el matador Víctor Macedo ‘El Jerez’ y Jorge López. Y de ahí tuvimos varios encuentros con becerras para poner en práctica lo aprendido y fue que en un festejo, después de torear, salió la idea de matar el eral del ganadero Miguel Rodríguez. Ya me veían ellos que debía dar el paso. Y con consejos de los profesionales echamos para adelante”.

Ese concepto como torero, es de figura. Pero lo que sigue, es de ser humano cabal.

“Las sensaciones fueron muy encontradas. Una parte de mí, como padre de familia, de tres hijos, me decía: ‘Cuídate’. Y la otra parte, como sobreviviente del Covid (que me fue muy male con el virus), me decía: ‘Vamos, que estás para hacer lo que te hace feliz y te da vida’”.

Poder manifestar lo que se siente, es grande. Si salió del bicho meses atrás y llegó a Muna trotando tras 16 kilómetros y luego se plantó ante un novillo… ¿qué es eso entonces?

“El día del evento, unas horas antes, sentía los nervios de la aventura, pues era mi debut e iba ir vestido de corto. Las miradas se iban a fijar en mí. Sentí mucha responsabilidad porqué vestido así, tienes que verte como eso, un torero. Fue muy difícil, pero creo que salieron las cosas bien”.

Buen aficionado, conocedor y, ni duda cabe, torero. ¿Cuántos no queremos serlo, sentirse torero? Lo hizo por todos nosotros.

Tito Silveira Gómez: espero alistarme para correr la Uxmal-Muna pronto contigo, Óscar y el “Gemelo” Canto, y, si Dios me da vida y fuerza, alistarme para volver a sentir la adrenalina de estar frente a una vaca.

 

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