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Título de momentos claves

Los umpires revisan y detectan brea en el guante del lanzador Federico Castañeda

El partido rompe por la salida del lanzador zorro

Todo mundo se preguntaba ayer qué reclamaba el piloto José Caballero a los umpires en la quinta entrada.

Fue, lamentablemente, algo que mató a los Zorros de Pacabtún y fortaleció a los Senadores de la Morelos.

Federico Castañeda fue expulsado por usar brea ilegal al lanzar y luego la Morelos hizo el daño suficiente para vencer 3-0 a los Zorros y conquistar su segundo banderín en la Liga Meridana de Invierno de Béisbol.

No resta mérito a la coronación de los legisladores. Iban tan embalados que a los Zorros les resultaría complicado frenarlos. No pudieron en el segundo y la Morelos cerró el torneo con diez victorias seguidas, las dos últimas en la gran final.

Un entradón de unos tres mil espectadores se registró ayer en el campo de la Morelos para ver la segunda coronación de los Senadores en la Meridana. Y la séptima para José Caballero, quien tomó al equipo casi eliminado. “Nadie esperaba esto. Pero nosotros salimos a jugar todos los partidos como si fuera eliminación. Jugamos diez finales…”, expresó Caballero Delgado.

Los Zorros, igual de enrachados antes de la final, no pudieron en los dos partidos mostrar lo que les llevó a la batalla de campeonato.

Y la falta de Castañeda terminó de hundirlos. Un error, antideportivo, justo en el peor momento.

Iban 0-0. Un partidazo el duelo que Castañeda libraba con Arturo Florentino, digno de una final.

Lamentable. Porque moralmente hundió a su equipo cuando estaba más metido en el partido. Sorpresa y estupor cuando lo supieron.

“Brea… sí. Fue eso”, dijo César Díaz Pérez, un honesto pelotero llegado a la inmortalidad en el béisbol mexicano por la clase con que iba cada día a la loma.

Castañeda alcanzó a decir “nunca lo había hecho”. El béisbol hubiese preferido un “nunca lo haré”.

Salió con dos en base y su relevista Miguel Cárdenas toleró una carrera, con otra mala pasada de los Zorros. Emilio Marrufo González rodó al campo corto y el mejor torpedero del torneo, Alex Rivero, se amantequilló. El tercer out que parecía seguro fue la primera carrera.

En la sexta, Cárdenas, jovencito que fue una de las grandes ganancias de los Zorros en el año (otro el center field Ángel Acosta), forzó una de caballito y otra entró cuando el primera base Eduardo Pérez fildeó bien una rola, pero no pudo completar el out. Parecía fácil, pero…

Fue lo necesario en la ofensiva. “La Mamba” Florentino colgó seis argollas sobreponiéndose a un cuadro gripal severo. No estuvo impresionante. No hizo falta.

Kevin Herrera colgó dos ceros apretando bien y subió a la loma Felipe Arredondo para sacar la novena. El aut 27 fue un chocolate hirviente para Emilio López. Y comenzó entonces una fiesta que desde la quinta entrada, o quizá desde el mismo sábado, se estaba gestando.

Los Senadores fueron el mejor equipo en las últimas cinco semanas. No perdieron un solo juego y abrumaron si era necesario y jugaban a lo práctico si lo ameritaba la ocasión.

Reconstruyeron un barco que se estaba yendo a pedazos al fondo. “Sumamos esfuerzos. Íbamos a perder un partido y quedaba todo listo: eliminados. En lugar de eso, ganamos diez juegos como si fuera una eliminación. ¿Justo, no?”, dijo Caballero.

Una auténtica fiesta se armó en el centro del diamante para la celebración de los Senadores con sus aficionados. Se entregaron las medallas y trofeos a los subcampeones y luego a los nuevos monarcas de una Liga Meridana que se encendió en sus finales llenando los dos escenarios al tope y mucho más. La regidora Karem Achach Ramírez, el director de Bienestar Social, Jorge Gamboa Wong, y el subdirector de Juventud y Deportes, Jesús Aguilar y Aguilar, entregaron los premios.

“El béisbol es justo cuando lo juegas bien y haces bien las cosas”, expresó Ken Jiménez, jardinero senador.

“Nunca nos dimos por vencidos. Esa fue la razón por la que estamos aquí”, dijo Santiago Huchim Jr., quien lleva siete temporadas con los Senadores.

El reto siguiente es volver el año siguiente. Y jugar cada día como si fuera el último, en béisbol y la vida misma.— GASPAR SILVEIRA MALAVER

 

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