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Tres décadas sirviendo al arte marcial

Foto: Megamedia

Pasión, amor y orgullo del sensei Fernando Quijano Pereira como mentor de karate en el Kukulcán

Cuando se tomaba una foto del recuerdo, de pronto se escuchó un grito al unísono de los alumnos del maestro Fernando Quijano Pereira que trabajaron y trabajan actualmente con él en el Complejo Deportivo Kukulcán: “Gracias, sensei”.

Detrás suyo, decenas de alumnos de todos los grados, desde cintas negras de elevado dan hasta pequeños que van haciendo sus pininos en el karate, miraban orgullosos la reverencia que, por tres décadas, Quijano Pereira ha manifestado ante sus alumnos.

“Estamos orgullosos de haber iniciado con el maestro Quijano y poder seguir, muchos años después, en el karate, en mi caso como instructor”, afirma José Cruz Marín, el primer karateca que alcanzó el grado de cinta negra bajo la tutela de Quijano Pereira.

La historia del sensei Quijano es larga, prolífica, tanto en lo que ahora es el Complejo Deportivo Kukulcán, donde ya cumplió 30 años de servicio como instructor, como en el ámbito particular, en el Dojo Central del Sureste, en Montecristo.

“Y sigo enormemente agradecido por haber recibido la primera oportunidad de llegar al Kukulcán”, cuenta Quijano Pereira, quien entró a esa instalación en la zona sur oriente de Mérida a invitación de Henry Boldo Osorio, entonces administrador.

Sus alumnos actuales, muchos de ellos niños y mujeres, se reunieron con otros destacados karatecas que han trabajado a lo largo de los años con él. Muchos llegaron, practicaron el arte marcial, se fueron, se graduaron y regresaron, ellos o sus hijos. “Y eso no tiene otra cosa que hacer que uno se sienta feliz. Especialmente porque, por mi amor y pasión por el karate, siendo una instalación pública, hizo más fuerte el lazo afectivo por las artes marciales y la disciplina”.

Quijano Pereira, cinta negra sexto dan en karate shotokan (el más alto grado en esa modalidad en Yucatán, compartido con otros destacados senseis), indica que “la base del arte marcial se inculca desde la infancia. Y quienes la aprenden, no la olvidan nunca. No olvidemos que la principal misión del karate es formar hombres, crecer en la mente y la sensibilidad”, precisa, haciendo reflexiones que aprendió de su sensei José Fernández Moral, fallecido recientemente.

Ha sido, así lo dice, toda una vida dedicada al karate en cuerpo y alma. A los 15 años de edad, en septiembre de 1978, comenzó a entrenar con el shihan Fernández Moral, con quien estuvo hasta su retiro en 2016. Una de las principales virtudes suyas fue tratar de aprender, como hasta ahora. “Tuve la oportunidad de asistir cada año a los seminarios de Karate Shotokan del Sureste, donde traían a maestros del más alto nivel. Y cada dos años he participado en los seminarios que se realizan en Estados Unidos, el Master Camp, con los mejores instructores del mundo, como el shihan Teruyuki Okazaki, Hirokazu Kanazaya, Hideo Ochi, Miura Keinosuke Enoeda, entre otros grandes maestros. Siempre procuramos transmitir ideas frescas a todos los alumnos”.

A la Kukulcán, comenta, llega en 1988 cuando su cuñado, el doctor Miguel Argáez Aguilar, le invita, vía Henry Boldo, para promover el karate, como labor social en el sur de la ciudad. “Me encantó esa idea. Y aquí seguimos. Sin pensarlo tal vez, pero siempre tratando de dar lo mejor a los alumnos, aquí seguimos”.

A su llegada no encontró propiamente el terreno fértil. “Pero la misión era muy bonita: hacer que niños y jóvenes se alejen de vicios y drogas, pensando que puedan ser personas de bien. Y, entre cuatro familias, incluyendo la de mi hermana Gilda, fue que comenzamos a meter gente a practicar karate. La misión se fue cumpliendo poco a poco”.

El palmarés puede ser para presumir, aunque, modesto siempre, Quijano Pereira destaca que “no importa cuántos alumnos hayas tenido, siempre lo más gratificante es que puedas ver el resultado final: buenas personas”. Pero, claro, hay números. Un balance general indica que, en promedio, atiende a unos 70 alumnos por año, “así que, por 30, estaríamos hablando de más de 2 mil”.

Sus primeros cintas negras fueron José Cruz Marín, quien como apuntamos arriba sigue su trayectoria como instructor, y Genny Herrera Cortés. Ha formado a cuatro cuartos dan, a dos terceros, siete segundos y quince primeros, un total de 28 cintas negras. “Tengo mucho que agradecer a quienes me permitieron llegar hace 30 años y a quienes al día de hoy me permiten seguir enseñando y promoviendo. Gracias al gobierno del Estado por permitirme estar aquí impartiendo karate. Mi amor y pasión por el karate es grande, y las cosas monetarias pasan a segundo término cuando la satisfacción por la entrega se dan en lo espiritual”.

Sus alumnos se lo reconocieron. Incluso los que ya no entrenan en la Kukulcán, acudieron a la convocatoria de una clase especial anteayer viernes, para homenajear, en el Multigimnasio “Socorro Cerón Herrea”, a quien les abrió las puertas para hacer del karate un estilo de vida.

Había damas (una embarazada, incluso) y caballeros; adultos, jóvenes y muchos niños, “que son el futuro del karate y de la vida”.

Tras la clase, sacaron sus pancartas para agradecer la continuidad del sensei en en el Complejo Deportivo Kukulcán. Allí entonces se escuchó el “Gracias, sensei”, y brincaron de júbilo con él.— Gaspar Silveira Malaver

 

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