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Un instante de arte y un recuerdo eterno

Héctor Navarrete Muñoz

Taurino de cepa, Héctor Navarrete aprende y aporta

Amigos aficionados…

El taurino tiene muchas tareas, más allá de tratar de disfrutar una buena tarde cuando va a la plaza o cuando habla o piensa de toros.

Lo vive, lo atesora, lo disfruta y lo comparte. Así por siempre. Pasan las épocas, vienen toreros nuevos y se renuevan las aficiones, incluso se aprende siempre.

El licenciado Héctor Navarrete Muñoz, quien fue precursor del libro “Legado de la Fiesta en Yucatán”, que retrata los primeros noventa años de vida de la Plaza Mérida, ha visto innumerable cantidad de corridas, y aprendido durante largos años. Como aficionado se ha manifestado lo mismo en los tendidos que a la hora de echar un capotazo, ante vaquillas o blandiéndolo como si toreara de salón.

Nos detalla algunas de sus vivencias, a raíz de nuestra intención de conocer cuáles son los toreros de su predilección de los aficionados yucatecos. Igual, hace una aportación de los conceptos de la Fiesta.

“¡Paco Camino!”, dice, al abrir su expresión sobre su torero preferido, recordando al famoso “Niño sabio de Camas”. “Lo vi muy joven, y hasta ahora lo recuerdo”.

“Su toreo era verdad, limpio, artístico. Conocí en Sevilla a uno de sus mozos de estoque y me recordó algo muy bonito: ‘Paco nunca se manchaba el traje de luces. Dominaba perfectamente la distancia’”.

“Ya hablando de toreros más de nuestra época, Enrique Ponce es un maestro, da cátedra cada vez que torea. ¿Mexicanos? Manolo Martínez tenía claro qué tipo de faena necesitaba cada toro. Y más actual, ‘El Zapata’, un torero verdad que domina cada uno de los tercios. Y se enfrenta a cualquier toro”.

¿Y cuántas lecciones le ha dejado la tauromaquia? Porque, por si fuera poco, el toreo deja lecciones.

“Una de las lecciones más importantes es que el arte puede durar un instante y se recuerda toda la vida. Quizá otra lección importantes es que, cuando que se reúnen el toro de verdad y el torero de verdad, siempre se triunfa. Y el público disfruta y recuerda la faena”.

Así por siempre para el aficionado. Las historias son grandes, en el tendido, hablando, aportando.

Don Héctor, de guayabera y con su boina, aparece cada domingo de toros en su barrera de sombra en la Plaza Mérida, inculcando a sus hijos la afición por la Fiesta, pero enseñándoles también, no sólo llevándolos tarde a tarde a la cita. Ha sido anfitrión de incontables exposiciones fotográficas y otras artes en materia taurina y quiso dejar un legado a los taurinos con el primer compendio taurino que se haya editado en Yucatán.

Sus recuerdos con Paco Camino son grandes, pero lo vivido años después, le ha permitido acrecentar su amor a la Fiesta.

 

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