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Venados toma la delantera en los cuartos de final

Paul Uscanga

Locura en el Olímpico

El de anoche fue uno de esos partidos que dejan una gran huella.

Huella a los que lo ganaron. Porque el 2-0 con que los Venados FC Yucatán sellaron el encuentro de ida de los cuartos de final del Clausura fue más que justo, indistintamente de lo complicado que fue el rival.

Porque Zacatepec, con un plantel para pelear por el ascenso, encontró a unos Venados que propusieron, anotaron, defendieron, volvieron a marcar y nuevamente defendieron. Un contrincante que llegó a siete fechas sin perder contando rol regular, que ya tiene ganado ese respeto que a veces es lo que más trabajo cuesta lograr.

Huella en los aficionados. Porque los 10,282 aficionados que asistieron al partido y que pudieron ver no solo el retorno de las liguillas tras año y medio sin esa fiesta, sino que encontraron en su equipo a un cuadro protagonista. Y de eso era de lo que todos pedían su limosna. Sin ser localistas ni querer correr antes de caminar. Así se vio anoche ante Zacatepec, así ante Zacatecas, así ante los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara.

Y allí siguen los Venados de Sergio Orduña y del proyecto que fue mal dicho una y otra vez.

Siguen jugando donde pensaron que no podrían llegar ni de chiste luego de sus primeros dos partidos.

Anoche había que plantarse porque para avanzar necesitan ganar la serie por estar abajo en la tabla.

Injusto sería hablar de un héroe en un equipo en el que salieron a partirse el lomo los 14 que jugaron. Figuras de las que se habla poco mecieron las redes, Gabriel Báez, a los 14, en una serie de rechaces, y Paul Uscanga, firmando en la prórroga una pincelada de gol que mató, al menos ayer, a un rival que parecía conforme con irse a casa y dejó hecho al “Carlos Iturralde” en una locura total. Un 2-0 que, ya apuntamos, se signó con justicia.

Y eso porque para ganar hay que ser precisos. Zacatepec pudo hacer gol, o hacer goles, pero no tuvo precisión, como admitió su técnico Ricardo Valiño. Así que gana el que las mete.

Y también gana el que no permite que las metan. Los Venados se llevaron esa victoria en gran parte a las manos de Armando Navarrete. El veterano de 38 años ha sido pieza fundamental en este proceso de salvar a los Venados y llevarlos a esta instancia.

Si hay alguien de tanta experiencia para aprovechar en liguilla es él. En los primeros minutos puso el cuerpo para detener un fogonazo al piso que iba a gol, desviando hacia al poste. Una salvada enorme.

El vuelo de la vida

Y sobre el final, voló y, con las yemas de los dedos, alcanzó a desviar un cabezazo que iba a la red. Esta, ustedes perdonen, fue. monumental. Inmediatamente los Venados recuperaron el control mental y se fletaron para un cierre de una pelea de perros.

En esas andaban casi todos pensando en que el 1-0 estaba cocinado cuando los Venados ganaron un balón desde un extremo en su área y la pasearon hasta el otro punto. El esférico llegó a pies de Uscanga, quien punteó bombeado para un 2-0 de verdadera locura.

“Faltan 90 minutos, pero evidentemente que el 2-0 es más pesado que un 1-0”, admitió Valiño.

Y Orduña, casi lo mismo: “Nos queda todavía un partido”.

Parte de la misión “cuartos de final” se cumplió. Era jugar, ganar y agradar en una época en que estábamos acostumbrados a ver el Ascenso en la tele.— GASPAR SILVEIRA

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