Poder político
Por Eduardo del C. Hernández (*)
El acto de votar, entre los integrantes de una sociedad civilizada como la mexicana, a quienes serán sus próximas autoridades de gobierno no es cuestión menor; la abstención de elegir no admite frivolidad ni desdén alguno.
No hay pretexto ni impedimento alguno cuando se trata del destino de México, de las entidades federativas, además de municipalidades. Votar es ante todo un derecho que exige también hacer un análisis, reflexionar y de manera razonada optar por aquel proyecto de gobierno, de entre la diversidad de oferta, más viable, aquel afín a los intereses del bien común y no individual.
Una elección como la que habrá este domingo, con 89 millones 393 mil 959 electores en el listado nominal en condición de elegir, prohíbe dilapidar la condición dual constitucional, que implica el derecho y también la obligación de votar en democracia a quienes le representarán en sus intereses.
Ni siquiera debe ser motivo alguno para negarse a elegir en una libre democracia el hartazgo de los gobiernos, éstos que en el afán de legitimarse le fallaron como colectividad social de atender a sus demandas de desarrollo social para quedar anclado en la pobreza, mientras prevalece la corrupción y la impunidad.
Oportunidad histórica
Por el contrario, los comicios representan la oportunidad histórica para dar un golpe de timón en la alternancia de yucatecos, chiapanecos, tabasqueños y veracruzanos, quienes en el sur y sureste mexicano además del Presidente renuevan a su correspondiente gubernatura, sin olvidar a campechanos y quintanarroenses, quienes en su caso lo harán por legislaturas y/o municipalidades.
Sin duda es un gravoso error para quienes piensen que está resuelta la elección a lo macro en 32 estados concurrentes con la federal, un desafortunado razonamiento sin sentido alguno cuando la jornada cívica está blindada por donde se le quiera mirar, desde la impresión de las boletas con papel y medidas de seguridad, la recepción y cómputo ciudadano hasta la vigilancia de representante de partidos políticos y observadores, al igual de uno que otro visitante extranjero.
La geopolítica en la gobernanza del país inevitablemente habrá de cambiar, consecuente con el resultado que se obtenga en la elección de los 3 mil 406 cargos; entre éstos el de presidente de la República, 128 senadores y 500 diputados al Congreso de la Unión, nueve gubernaturas, así como numerosas presidencias municipales y legislaturas locales.
La alternancia que se tendrá en una infinidad de los casos sin duda que será corresponsabilidad de los electores, quienes voten y de quienes no. Las posiciones en general se invertirán en razón que la oposición pasaría a ser gobierno y viceversa.
Estas votaciones de estados concurrentes con la federal, del superdomingo 1 de julio, no tiene precedente alguno. Por tanto, representará el parteaguas que trascenderá en lo subsecuente los procesos de empoderamiento mediante la vía electoral en un sistema centralizado.
Parafraseando, quienes habitan el país, estado y municipio tendrán el gobierno que se merezcan, en virtud de la voluntad popular expresada en las urnas, independiente del porcentaje de quienes participen en la justa electoral, que se entiende lo deberán hacer en una libre democracia
La oportunidad histórica en la renovación de los cargos de gobierno ejecutivo y legislativo, en el ámbito federal, local y municipales, representa por sí mismo un hito en lo que concierne al mosaico geopolítico de la República, donde el elector tendrá que abandonar su condición de espectador para constituirse en factor de acompañamiento activo en las políticas públicas en el progreso colectivo.
Bitácora
Los ojos del mundo entero, cuando menos de los liderazgos gobernantes y analistas políticos, se centrarán en las incidencias electorales y los resultados que se obtengan. En quien se dé el triunfo, quien, aun cuando se les haya estudiado el perfil, cambiará la relación de política internacional.— Villahermosa, Tabasco
eduhdez@yahoo.com
Consultor y analista
