Mario B. Valadez Meraz (*)
No sé si las elecciones del 1 de julio sean reconocidas como las más participativas de nuestra historia, pero lo cierto es que jamás habíamos visto que un candidato a la presidencia de México rompiera con tanta facilidad el bipartidismo político del país.
La contundente victoria de Andrés Manuel López Obrador —casi el 53%— sin duda fue el resultado del voto de castigo contra los partidos que solaparon la corrupción e impunidad de sus gobernantes. Es digno mencionar que el virtual presidente electo tuvo la inteligencia de enmendar a tiempo los errores que cometió en las contiendas presidenciables de 2006 y 2012. La asfixiante guerra sucia contra AMLO, emprendida por José Antonio Meade Kuribreña y Ricardo Anaya Cortés, tras monopolizar las ideologías comunistas de Venezuela y Cuba para infundirle miedo a los mexicanos, indirectamente lo beneficiaron ya que el pueblo lo idealizó como un mártir de la democracia.
Compruebo así que somos muy afectos a ver el dolor ajeno y a olvidar el nuestro. Desconozco cuán perniciosa sea esa doctrina, pero el problema no está en las ideologías que cada país adopte, sino en sus gobernantes que a la larga son los que las transgreden.
Supuestamente, México es una república federalista, democrática, constitucionalista y regida por el estado de Derecho. Pero al parecer eso sólo está en el papel porque somos una nación que ha sido despiadadamente saqueada y endeudada por sus gobernantes. Siendo un país democrático, nuestro propio sistema se ha encargado de transgredir nuestra carta magna al aprobar las candidaturas del dedazo (Plurinominales). No conformes, vuelven a beneficiarse al modificar nuestro otrora orgullo “Sufragio efectivo no reelección” para darle cabida a las ratificaciones de legisladores y presidentes municipales en los procesos electorales. Sólo les faltó incluir en el paquete al presidente de la república y gobernadores de los estados. ¿Esto es democracia?
En esta ocasión, “el odio superó al miedo”. Es risible que algunos partidos tachen de populistas a los presidentes de países comunistas sólo porque se eternizan en el poder y se olviden que ellos han contribuido a que en las cámaras haya políticos “chapulines” que se pasan la vida brincando de una a otra curul. ¿Eso es democracia?
Es innegable que si en nuestros institutos políticos existieran los principios éticos de nuestra ideología no veríamos las mismas caras de siempre. Si somos un país democrático, entonces ¿por qué el pueblo no elige las curules plurinominales? Es más ya parece una regla que los jerarcas de los partidos como premio a su “compromiso y esfuerzo” tienen asegurado su escaño para seguir viviendo del erario. Como prueba están Enrique Ochoa Reza y Claudia Ruiz Massieu, por el PRI, Damián Zepeda por el PAN. Sorprende ver en las listas a militantes de un partido ser candidateados por otros como el perredista Miguel Ángel Mancera, en Acción Nacional y la panista Xóchitl Gálvez Ruiz en el PRD. Tampoco extrañaron las postulaciones de los “Intachables” exgobernadores Eruviel Ávila y Rubén Moreira Valdez. Como la de los políticos que siempre han vivido del presupuesto como Beatriz Paredes, Josefina Vázquez Mota e increíblemente Ifigenia Martínez, del partido Morena quien va a ser senadora a los 88 años de edad. El que se quedara como el chinito “Solo milando” es el junior Pablo Gamboa Minner, quien simplemente no llegara al senado. Para concluir, felicito al empresario Alejandro Legorreta, quien en un acto de prestancia y principios declinó la diputación que el PAN le ofreció. No así Dulce María Sauri Riancho, quien durante dos sexenios fue olvidada por su partido.— Mérida, Yucatán.
mariovaladez_48@hotmail.com
Contador-auditor. Exasesor de gobiernos emanados del PRI
