La nueva estructura que se anuncia
Filiberto Pinelo Sansores (*)
No cabe duda de que el país tomará un nuevo rumbo que —valga la redundancia— promete ser inédito, como las diarias noticias nos informan. A la par, las fuerzas que se oponen a un gobierno de izquierda han tomado un nuevo aire y se disponen a contrarrestarlo, aun antes de que tome posesión.
Esto lo demuestra la reacción de aquéllas que han manifestado su oposición a alguno(s) de los variados proyectos —unos en etapa avanzada, en ciernes otros— que han presentado ante la opinión pública tanto el futuro presidente, como los equipos que formó, encabezados todos ellos por ameritados académicos, investigadores, maestros, exfuncionarios de gobierno, etcétera.
Es plausible, por supuesto, que haya actores independientes que hacen crítica moderada a los proyectos mencionados, como el presidente de la Concanaco, José Manuel López Campos, quien manifestó que “el organismo coincide con las propuestas del virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, en el sentido de desconcentrar algunas dependencias, reducir la base burocrática y el costo para el erario” y pidió “que se aclaren pronto los detalles sobre la movilidad de las dependencias y del personal que labora en ellas” (D. de Y., 23-07-18).
Pero nunca como ahora se había visto una oposición tan encarnizada contra el candidato vencedor de una elección presidencial antes de que tomara posesión del cargo. Tal vez se deba a que ninguno de quienes han ganado una contienda de este nivel se ha aplicado públicamente desde el mismo siguiente día de su triunfo en las urnas a preparar la realización concreta del programa o programas que ofreció en campaña.
Es de recordar que los políticos que antes llegaron a la presidencia invariablemente se mantuvieron en silencio a partir del día que fueron encumbrados respecto a lo que prometieron en campaña, mientras hilaban fino para hacer lo contrario de lo que en ésta ofrecieron. De tal modo que cuando asumen el cargo han amarrado ya las alianzas necesarias para aplicar políticas contrarias a las que antes anunciaron.
Es así que, una vez en el poder, han llevado al cabo acciones que toman por sorpresa a los ciudadanos que votaron por ellos, pues no sólo son diferentes, sino contrarias a lo que prometieron cuando estaban en campaña. Así lo muestran los ejemplos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, cuyos gobiernos aplicaron políticas tan contrarias al interés nacional que tuvieron como consecuencia la apabullante votación, inédita, de 53% con que se alzó triunfante Andrés Manuel López Obrador.
El candidato presidencial de Morena ofreció en campaña combatir fundamentalmente dos flagelos: la corrupción y la burocracia dorada que se lleva gigantescas tajadas del presupuesto. Y es en aras de este propósito que tanto él como su equipo han hecho propuestas concretas para llevarlas al cabo, algunas de la cuales han sido duramente combatidas por sus adversarios, sin darles la oportunidad de demostrar su validez en la práctica, cuando aún están en su fase preparativa.
Una de éstas es la de la eliminación de delegaciones de cada secretaría en los estados, para crear una sola representación de todas ellas. Si se parte de la necesidad de reducir el gasto público en el pago de burocracias que han sido creadas a lo largo de los años para dar empleo a políticos del partido en el gobierno o a amigos de influyentes en las esferas públicas, la medida se justifica plenamente porque se reducirá esta costosa burocracia federal en cada estado que forma parte de la costosísima burocracia del país.
Algunos de los opositores a la medida ponen como eje de su argumentación el nombre de la persona que ocuparía el cargo que se crearía con motivo de esta parte de la reforma a la estructura del gobierno federal ofrecida en campaña. Es de considerar que quien tiene la atribución de nombrar a equis o ye persona como ocupante de un cargo es el titular del Poder Ejecutivo de que se trate, en este caso el federal. Ni a Fox, ni a Calderón ni a Peña Nieto se les objetaron nunca los nombramientos que hicieron.
Pero es atendible la exigencia de que la nueva estructura que sustituya a la actual, en el caso de las delegaciones, aparte de reducir una burocracia que sólo ha servido para el goce de altos sueldos y prestaciones, y el uso de los cargos para favorecer a amigos y promoverse electoralmente esté debidamente explicada y fundamentada en leyes para garantizar que quien sea el que ocupe su titularidad se ciña estrictamente a su función de vigilar que los programas federales se apliquen bien en cada estado y que el dinero federal no se desvíe, como ha ocurrido muchas veces.
Esto habría que exigirle al nuevo gobierno federal. No que renuncie a sus atribuciones.— Mérida, Yucatán.
fipica@prodigy.net.mx
Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
