¿Peligro para México?

domingo, 4 de febrero de 2018 · 03:00
AMLO y el miedo Antonio Salgado Borge (*) La probabilidad de que Andrés Manuel López Obrador sea el próximo presidente de México se incrementa día a día. Una consecuencia visible de la inminencia de este evento es el resurgimiento de una serie de calificativos que los opositores de AMLO promueven con el fin de restarle votos potenciales. Así, en las redes sociales es cada vez más común leer o escuchar notas, vídeos, memes o comentarios que cuelgan al precandidato de Morena las etiquetas de “loco”, “el Chávez mexicano”, o “un desestabilizador”, entre otras. Para entender a qué grado de esquizofrenia se puede llegar cuando la razón es reemplazada por los intereses personales o la visceralidad, basta ver la entrevista que la revista “Proceso” hizo a Diego Fernández de Ceballos. Cuando el periodista Álvaro Delgado le preguntó si Enrique Peña Nieto era corrupto, Fernández se negó a usar ese término y respondió tajantemente: “Yo no voy a decir quién es bueno y quién es malo porque no estás hablando con López Obrador”; sin embargo, minutos después, cuando a Fernández se le preguntó sobre AMLO, el panista describió al candidato de Morena como “un sinvergüenza y... ¡un corrupto!” (“Proceso”, 28/01/2018). Si bien es preciso reconocer que los calificativos empleados en redes sociales y algunas columnas periodísticas son cada vez más ingeniosos y variados, la idea detrás de todos éstos no es nueva y sigue siendo una y misma: López Obrador es “un peligro para México”. El problema es que en un estado de frustración y de emergencia como el que vive nuestro país las etiquetas fáciles, ya sea para atacar o para defender, aunque tentadoras, terminan por opacar a la crítica basada en hechos y razonamientos. Es que una evaluación analítica para determinar si AMLO es peligroso es imposible si antes no desambiguamos el término involucrado en la etiqueta “peligro”: es decir, si no especificamos qué clase de “peligro” se supone que representa AMLO. Empecemos entonces por la forma más común de leer este término: es decir, la interpretación más radical que equipara “peligro” con (1) la idea de que López Obrador es un Chávez o un Fidel Castro en potencia que, en caso de llegar al poder, nos convertiría en una especie de réplica de Venezuela. ¿Qué puede llevar a suponer que López Obrador produciría un viraje de esta especie? Una forma simple de ligar a AMLO con dictadores bananeros es (a) aludiendo a algún tipo de parecido —claramente no hablamos de un parecido físico—. A su vez, una forma de justificar un supuesto parecido podría apelar a las trayectorias políticas. Pero al menos en este sentido, una equiparación por parecido entendido como trayectorias espejo claramente no se podría sostener: Chávez y Castro en Cuba fueron hombres de armas, a diferencia del político tabasqueño que, tras su paso por el PRI, ha gobernado la ciudad más poblada del país sin mayor sobresalto y ahora busca, por tercera vez, llegar al poder por la vía electoral. Una segunda forma de defender que AMLO puede ser peligroso por ser un Chávez en potencia es (b) argumentar que existe algún tipo de vínculo o patrocinio del gobierno venezolano con Morena. El problema para quienes defienden (b) es que hasta el momento no hay ninguna evidencia que apunte en este sentido. Los vídeos con testimonios de ciudadanos o políticos venezolanos pierden todo su peso como evidencia cuando se considera lo fácil que es su fabricación y colocación en redes sociales, y lo poco claro de las cadenas de causas que se traducen en su existencia. Ejemplos de verdaderas evidencias con peso pueden ser documentos que incluyan registros de algún tipo de comunicación bilateral o de la participación vía financiera u operativa de aquellos países en la campaña de Morena. Y al menos hasta el momento no hay ninguna evidencia en este sentido. Pero hay una tercera forma de tratar de ligar a AMLO con el peligro que han encarnado dictadores bananeros. A saber, apelar a (c) el carácter autoritario y antidemocrático que se atribuye al tabasqueño. Para fortalecer la posición de quienes piensan de esta forma, supongamos por un momento, tan sólo para fines del argumento, que esto es cierto: AMLO tiene una personalidad autoritaria. Pero si este fuera el caso, no se entiende cuál puede ser la diferencia con nuestros dos últimos presidentes. Los registros periodísticos dan abundantes evidencias de que tanto Felipe Calderón como Enrique Peña Nieto se caracterizaron por sus modos autoritarios y antidemocráticos lo mismo hacia adentro que hacia fuera de sus partidos. Lo anterior no significa que esto sea menos malo o que deje de ser un problema: pero sí es suficiente para defender que ésta no puede ser la diferencia que los priistas y panistas que califican al tabasqueño como peligroso por autoritario tienen en mente. Finalmente, un último recurso para ligar a AMLO con el peligro de una dictadura de izquierda —recordemos que también las hay de derecha— es (d) la idea es que AMLO no es como Chávez, pero que es un “Chávez en potencia”. Pero esta idea tampoco puede sostenerse por más de unos segundos. Para ver por qué, basta considerar que si a los seres humanos se nos juzgara por lo que somos en potencia, entonces difícilmente podríamos empezar a confiar los unos en los otros; para bien o para mal, nuestras posibilidades son muy amplias. Los puntos (a)-(d) no garantizan nada; pero sí debilitan la posición de quienes interpretan la “peligrosidad” de López Obrador como espejo de un Chávez o un Fidel Castro al punto en que la opción más plausible —que no lo sea— termina siendo más racional. Pero hay una segunda manera de rechazar a AMLO por peligroso: (2) la idea de que, en caso de llegar al poder, su gobierno traería descontrol o caos. Desde luego que esto es una posibilidad; pero esta posibilidad existe en el caso de cualquier gobierno. Lo que falta por definir, de nuevo, es nuestro parámetro para decidir qué constituye un escenario de caos. Para ver por qué este es el caso, propongo el siguiente experimento mental: supongamos que un mexicano viviendo en 2018 puede hacer dos viajes en el tiempo: el primero lo “dejaría” en junio de 2006 y el segundo en junio de 2012. Nuestro viajero ya sabe, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto son responsables directos del caos, la tragedia y la inmundicia que han caracterizado la vida en buena parte de México durante los últimos 12 años. ¿Tendría razón el viajero de advertir a los mexicanos de años pasados del peligro por caos que representa votar por Calderón y Peña? Si la respuesta a la pregunta anterior es “no”, no habría mayor motivo para suponer que AMLO puede ser peligroso, pues habríamos bajado la vara para medir el peligro a un punto en el que casi nada calificaría como tal. Si la respuesta es “sí”, entonces tendríamos que justificar por qué un hombre que gobernó sin mayor sobresalto Ciudad de México puede tener más probabilidades de tener un gobierno caótico que alguien que no ha gobernado. Finalmente, una tercera y última forma de alegar que AMLO es peligroso es (3) observando que algunas personas que le acompañan son ya no de dudosa repu- tación, sino de conocida mala reputación. Es decir, que Morena en una gran recicladora de desperdicios políticos de toda especie y que en el partido de AMLO lo mismo caben ultraconservadores radicales que miembros de lo peor del PRI, del PAN que del Panal o del PVEM. Me parece que los seguidores de Morena no pueden rebatir este fenómeno y que la única respuesta posible es, tal como postulara el expresidente nacional panista Germán Martínez en un reciente texto en “Reforma”, argumentar que PAN y PRI están también repletos de este tipo de personajes. Así, Martínez escribió: “Desconfío y rechazo a algunos personajes que rodean a Andrés Manuel; exactamente igual que a otros que militan o medran en mi partido y con máscaras de pureza intentan tapar rostros de inmundicia... ¿Me (nos) puede engañar? La respuesta sin duda es sí. Por eso debemos cuidar el sistema de límites, división y rendición de cuentas en el ejercicio de todos los poderes. Ojo. Si Andrés Manuel gana, tendría menos poder que Vicente Fox, del que fui su abogado y siento vergüenza haberlo llevado a la silla presidencial. Es incomparable el enorme sentido de la historia de México que tiene el tabasqueño, frente a la asnería del que sacó (y metió) al PRI de Los Pinos.” (“Reforma”, 31/01/2018). No hay evidencia alguna de que AMLO sea más peligroso que sus rivales. Esto no significa, desde luego, que el candidato de Morena sea la mejor opción en 2018, aunque este bien podría terminar por ser el caso. Para determinar si votar por Morena será preferible a hacerlo por cualquier otro partido, será necesario seguir de cerca y críticamente las campañas, analizar detenidamente los proyectos y propuestas, los gabinetes propuestos —o la no propuesta de éstos— y el tipo de visión de país que cada candidato nos promete. Y es que, después de todo, sí hay un peligro real que asoma en nuestro horizonte: dado que AMLO está mucho más cerca de sus rivales de lo que sus seguidores y críticos suponen, el verdadero peligro es que una vez en el poder gobierne como lo han hecho sus más recientes predecesores y que, por lo tanto, preserve el estado actual de cosas.— Mérida, Yucatán. asalgadoborge@gmail.com @asalgadoborge Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)  

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