Editorial

Ver, oír y contar

Olegario M. Moguel Bernal (*)

Un trozo de tela está convertido en el mejor antídoto contra el Covid, en la barrera para mitigar los contagios, en el distintivo que da seguridad lo mismo al portador que a su interlocutor.

Ese pequeño pedazo con elásticos que antes de la pandemia solo utilizaban el personal sanitario o los pintores, es también el centro de la polémica a causa de su uso, correcto, incorrecto o nulo.

Dicho lo anterior, aventuramos la siguiente clasificación según los comportamientos en relación con este trozo de tela.

Y, parafraseando a Silvio Rodríguez, “si alguien se viera retratado, sépase que se hace con ese destino”:

Nivel extremo. Se cubren desde la barbilla hasta el tabique nasal, cuidando no dejar espacios al paso del aire debajo de los ojos. Si usan lentes, con éstos apresan la franja superior del cubrebocas.

Quienes se clasifican en este nivel, dada su inclinación por cuidarse en extremo, utilizan no solo el cubrebocas sino también careta protectora. Salen de casa para lo estrictamente necesario y procuran tener el menor acercamiento social posible. Su preocupación por contraer el virus y/o contagiarlo es genuina y elevada.

Están al tanto del número de contagios y decesos por Covid-19 en el Estado y tienen una idea cercana de cómo van las cosas en el país y el mundo. Leen información sobre las causas de los contagios y la utilidad del cubrebocas lo mismo que del lavado de manos, que realizan con una frecuencia inusitada.

Al llegar a casa se sanitizan y lo mismo hacen con toda su familia. La misma medida aplican a toda la mercancía que entra en casa, así sean las tortillas del día, la compra del supermercado o algún paquete por mensajería.

Utilizan gel en exceso, pero solo confían en el que llevan en un frasco para su consumo individual.

Suelen reconvenir a aquellos que no utilizan el cubrebocas en forma adecuada y, en tanto no corrijan, se niegan a interactuar con ellos.

Cubrebocas, gel, sanitizar, pandemia, Covid-19, coronavirus… son palabras que ocupan un porcentaje elevado de su léxico en los últimos meses.

Cuando leen de casos como fiestas masivas les embarga la indignación y les resulta difícil, sino imposible, comprender “por qué la gente es tan necia e inconsciente”. Llevan diez meses sin asistir a eventos sociales.

Los pertenecientes a este nivel suelen ser personas de riesgo y/o tienen hijos o dependientes a su cargo, pudiendo ser este es el motivo de su fuerte preocupación.

Nivel disciplinado. No salen de casa sin cubrebocas. Son conscientes de que se trata de la mejor defensa con la que cuentan por ahora contra eventuales contagios y lo usan debidamente. No han tenido la experiencia de usar mica protectora y no tienen planes de hacerlo.

Estos personajes se aplican gel en las manos cada vez que pasan por un dispensador, sin ser selectivos, puede ser lo mismo uno que tengan en casa que el de uso común en el trabajo o de uso masivo al entrar en una tienda de conveniencia.

Por prudencia y respeto a la pandemia y a sus semejantes, han dejado de asistir a fiestas y comidas. Procuran sanitizarse al llegar a casa para no exponer a los suyos a un eventual contagio.

Si trabajan en oficina y acostumbran tomar café o agua, ha dejado de hacerlo para no verse en la necesidad de quitarse el cubrebocas al ingerir bebidas.

No usan cobrebocas de gasa pues consideran que son demasiado delgados y no los protegen a ellos ni a sus interlocutores. Usan de preferencia N95 o, en su defecto, de tela con tres capas.

Nivel cumplidor. Utilizan el cubrebocas todo el tiempo que están fuera de casa. Aunque, al no ser su más alta prioridad, en ocasiones lo olvidan. Al salir por su cochinita para el desayuno dominical es frecuente que regresen a casa al percatarse que no llevan el cubrebocas, ya sea que se acuerden por sí mismos o por un letrero: “Utilice cubrebocas. Evítenos negarle el servicio”.

Usan de tela, sin importar de cuántas capas. Solo saben que cubren más que los delgados de gasa.

Han dejado de asistir a eventos sociales masivos pero son asiduos visitantes de restaurantes para desayunar o comer, aunque con menos frecuencia que antes de la pandemia. Al llegar al restaurante se quitan el cubrebocas y no se lo colocan de nuevo sino hasta retirarse.

Si suelen viajar en vacaciones, la pandemia no les ha impedido hacerlo, aunque ahora lo hacen por menos tiempo y a destinos más cercanos que antes.

Nivel indiferente. Usan cubrebocas por obligación, porque en su entorno lo utilizan y porque sin él se harían acreedores a sanciones o no le permitirían accesos. Los personajes de este nivel no se preocupan si el cubrebocas se ha deslizado hacia abajo y deja al descubierta la nariz.

“Es cubrebocas, no cubrebocas y nariz”, justifican con cinismo. Después de un rato de uso ya lo traen como barbiquejo de casco militar, solo en la barbilla.

Al hablar con una persona o en un grupo suelen bajárselo para ser mejor escuchados. Les da lo mismo usar cualquiera, de preferencia el menos incómodo. Total, solo lo usan por obligación, no por conciencia del daño que puedan hacer o recibir. Su salud no está entre sus principales preocupaciones, y la de su prójimo, menos.

Viajan, se mueven aquí y allá, conviven. Ignoran si el cubrebocas tiene una función protectora, pero tampoco lo deploran. Cuando mucho hacen mención de la incomodidad que representar su uso, pero, como todos, se han resignado a portarlo.

Estos personajes califican de “psicóticos” a los del novel extremo.

Nivel necio. Deploran el uso del cubrebocas, no solo por incómodo sino también porque están convencidos que no sirve para nada. Es un instrumento del imperio, parte de una conspiración de personajes oscuros que buscan su propio interés y obligan a la gente a usar algo que no le sirve de nada.

Estos personajes repiten que “de algo se tiene uno que morir”, pero saben a ciencia cierta (de acuerdo con la propia ciencia de su conciencia) que el coronavirus no los tumbará. El Covid 19 es parte de la misma conspiración inventada por los poderosos del mundo para controlar a las masas y explotarlas más. Como están convencidos de ello, no les van a dar gusto temiendo a la pandemia y usando cubrebocas todo el tiempo. De modo que lo llevan consigo pero solo lo usan en caso necesario, para entrar en algún lugar donde es obligatorio o al convivir con alguien que al ver que no lo usan les daría la espalda.

De los niveles “extremo”, “disciplinado” y “cumplidor” piensan que son unos alienados por intereses políticos internacionales.

Nivel arrogante. Convive con mucha gente y con frecuencia cotidiana, sabe que es ejemplo por su nivel jerárquico y porque tiene una cauda de seguidores y, aun así, no usa el cubrebocas por el hecho de que, como el nivel necio, considera que no sirve para nada y a eso agrega un factor: ponérselo es dar muestras de debilidad. Además, está convencido —convencimiento que refuerzan sus genuflexos esbirros— que está más allá de eso, su fuerza moral lo coloca en un plano astral que rebasa el bien y el mal. Lo anterior lleva a este nivel de la arrogancia a la irresponsabilidad.

Si personajes de su misma jerarquía usen cubrebocas, eso no lo persuade de deponer su actitud, como tampoco lo convence que uno de sus pares, convencido como él de la inutilidad del tapabocas, haya contraído Covid y eso le representara un golpe demoledor en sus aspiraciones políticas.

En caso estrictamente necesario lo usa, pero dada su posición en el escalafón, para él los casos “estrictamente necesarios” son escasos. Al no usar cubrebocas y con ello dar razones para no usarlo a los miembros de la categoría “necios”, este personaje despierta la indignación, especialmente de los “extremos”, “disciplinados” y “cumplidores”.

En el supuesto, remoto, casi imposible caso de que llegara a contagiarse de Covid-19, digamos que se hubiera anunciado hace una semana y al día de hoy siguiera convaleciente -claro, esto es solo un supuesto-, no habría garantía de que ahora sí lo usará.

Hasta aquí la clasificación por niveles de conciencia, inconciencia, indiferencia y soberbia. Usted, ¿en cuál se encuentra? ¿Cuál de los niveles cree que es mayoría en México? ¿Cuál considera el más dañino? Para que el país sortee esta crisis sanitaria, ¿cuál considera debería ser el porcentaje de población en cada clasificación?

Y, finalmente, si hubiera una política sanitaria encaminada a cambiar la balanza y llevar a los ciudadanos hacia uno de estos niveles, ¿hacía cuál sería?

Si coincidimos en que la tarea del gobierno debiera ser que las aguas se muevan hacia el primer nivel, el “extremo”, la pregunta es: ¿por qué rayos no lo hace? ¿Qué intereses inconfesables hay más poderosos que la salud pública?

Anteayer jueves México rebasó a la India como el tercer país con más muertes por Covid —detrás de EE.UU. y Brasil—, teniendo apenas el 10% de la población del país asiático.

Hagamos un poco de matemáticas: la población de EE.UU. es de 331 millones de personas; Brasil, 213 millones; México, fresquecitos 126 millones según dio a conocer esta semana el Inegi, y la India 1,383 millones de habitantes. Estos países conforman el top 4 de muertes por Covid, con cifras de decesos de 432,864; 221,547; 155,145 y 153,847. Esto significa, que el país con más casos per cápita es Estados Unidos: el 0.13% de su población ha muerto por Covid. Y en segundo lugar, adivinó usted, está México, con 0.12%. Brasil tiene 0.10% y la India está en un lejano 0.01%. La cifra mundial es de 0.03%, pues han muerto dos millones 188 mil personas en el planeta, que habitamos 7,700 millones de personas.

Las cifras de México están basadas en los datos de fallecimientos que anuncia todos los días el doctor López-Gatell. ¿Le cree usted al subsecretario, después de que el miércoles pasado el Inegi le enmendó la plana al revelar que en los primeros ocho meses de 2020 el número de muertos por Covid en el país fue de 108,658 pero el gobierno federal sólo reportó 68,849? Saque usted sus cuentas: si el gobierno reportó al día de ayer 155,145, ¿cuántos calcula que sean en realidad y cómo nos colocaríamos en los rankings mundiales de muertes per cápita?

Le invito a hacerse una última pregunta: ¿qué tienen en común los líderes de los países que ocupan el top 3 de muertes por Covid? Refiriéndonos, en el caso del vecino del norte, no al líder que acaba de asumir, sino a aquel que se le salió de las manos la pandemia.— Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com.mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

 

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