El estanque de los cocodrilos

Jesús Retana Vivanco: Lo que siempre me ha molestado

lunes, 15 de noviembre de 2021 · 05:47

Lo que siempre me ha molestado. Seguramente no soy el único que le tiene aversión a algunas situaciones que voy a describir. Habrá quien las considere nimiedades, aun así nos enfrentamos de forma casual a lo simplón y a lo desagradable.

Cuando ves que el tanque marca la reserva de gasolina y tienes que parar a hacer cola en la gasolinera, bajas el vidrio y te recibe el penetrante olor a la Magna.

Cuando por alguna circunstancia hay que tender la cama revuelta donde dormiste y dejarla como cama de hotel.

Cuando te cita el doctor a las nueve de la mañana y vives a una hora de camino, entonces manejas como cafre al volante por el Periférico arriesgando el pellejo para llegar a tiempo, y cuando llegas, la secretaria con mucho desparpajo te dice: “el doctor viene un poco retrasado”.

Cuando vas a un restaurante y el mesero te pregunta con el consabido cliché “¿Qué va a tomar el caballero?” (como si trajera una armadura puesta). Si vas con tu esposa te dice…”¿y la damita?”. Tal ves sea una regla de cortesía de quien presta el servicio, pero para mí es muy absurdo y falto de creatividad hacer esas preguntas, sustituibles por un simple: el señor o la señorita, aunque sea tu esposa.

Cuando acudes al dentista solo para una limpieza y te descubre algo que se tiene que reparar en tu dentadura y necesita escarbar con el odioso taladro para hacer la curación. No te queda más remedio que aguantar.

En el cine

Cuando en la sección VIP del cine te toca junto a alguien que pidió un encebollado y oloroso hot dog, o el que tiene gripa y se la pasa tosiendo. Tampoco falta la pareja con el niño que hace preguntas de lo que no entiende, o aquel que le lee al niño los subtítulos de la película que por equivocación escogió en inglés.

Cuando te sirven un café a medio enfriar y el mesero tarda una eternidad en cambiártelo y cuando llega, ya comiste tu concha.

Cuando hay que pagar impuestos; simplemente el enojo me hace perder el control al pensar que el tlatoani de Palacio Nacional está manejando con las patas mi dinero y el de  todos los mexicanos.

Cuando el refrigerador se descompone, llamas al servicio de mantenimiento y te dicen “Mañana en el curso del día le mando al técnico”. Esperaste desde la mañana, ya casi es de noche, has llamado varias veces para verificar la visita del dichoso técnico y la señorita en un tono amablemente falso te dice: “Ya no debe tardar”. Cuando viajas en avión y te toca un gordo en la ventanilla que se levanta tantas veces al baño como si estuviera enfermo de la próstata.

Cuando cargas el paraguas para todos lados pensando que va a llover, lo cargaste todo el tiempo como un palo de golf en un día soleado y nunca llovió.

Cuando pides un corte de carne cocida y te la sirven en un plato blanco muy bonito pero con un ligero charquito de sangre, la regresas y te la traen bien cocida, seca y dura, ¡es un desastre! Por eso me ven feo cuando en un restaurante de carnes pido una pasta, o si hay, un filetito de pescado.

En el banco

Cuando haces fila en la ventanilla de atención a clientes y finalmente al llegar le expones el problema al ejecutivo, éste se te queda viendo como espécimen raro y te dice que eso lo tienes que arreglar por teléfono. Cuando vas a pagar a Liverpool y tu pago es en efectivo, la cajera te dice: “Ahorita le traigo su cambio” y se tarda como si hubiera ido al banco a cambiar el billete. Cuando te van a hacer una colonoscopía y hay que tomar tres litros de una solución que te hace evacuar cada quince minutos. Cuando tu sueño es muy ligero y de repente te despierta el ronquido del león que tienes por esposa, suficiente para andar como zombi todo el día.

Cuando vas a saludar a alguien y sabes que le suda la mano. Cuando tu vecino y amigo ha decidido cortar su pasto los sábados a las 7  de la mañana. Cuando estás platicando de películas y se te olvida el título de la cinta que viste el día anterior, eso más bien es cuestión de la ancianidad, como decía mi abuela.

Cuando tienes que renovar tu visa y el trámite es más complicado que descifrar un logaritmo. En fin, esto es lo que le da el sabor a la vida. Podemos encontrarnos inmersos en situaciones no muy agradables, con paciencia habrá que hacerles frente. Afortunadamente hay muchas cosas que nos gustan y que la vida nos da por default.— Mérida, Yucatán  Twitter@ydesdelabarrera


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