Jesús Retana Vivanco: Bingo

lunes, 1 de febrero de 2021 · 05:11

Bingo, Bingo, Bingo... Se escucha en el altavoz de una de las máquinas del casino en medio del estruendo que produce un aturdidor ruido electrónico.

En las sillas frente a la luminosidad de la máquina hay quien tiene la esperanza de hacerse de algunos centavos, en otros, la ilusión se duplica con mayor frenesí, una brecha entre ganar algo o perderlo todo. Tienes que dirigirte al book para meter la apuesta del Super Bowl, es lunes, ya estudiaste bien los momios de los dos equipos. 

Mis trescientos pesos serán para los Jefes de Kansas City, apostados a las bajas. Lo hago solo para emocionarme un poco más frente al televisor. Gentilmente la señorita me da mi apuesta y me desea mucha suerte.

No soy fanático de las máquinas, así que preferí sentarme un rato para ver lo que acontece en este enorme sitio convertido en un centro donde corre mucho dinero. El establecimiento se veía con poca gente en comparación con años anteriores (por razones obvias).

Me obsequian un refresco, hago a un lado mi cubrebocas. "Ya viste  la señora aquella que le pega frenéticamente a la pantalla, como si quisiera que de ella brotaran los pesos" pensé.

Una sesentona con cubrebocas, cabello a medio peinar, sudorosa a pesar del aire acondicionado, golpeaba con el puño el costado de la máquina cada vez que no le atinaba a la bolita; de pronto grita: “Recaaargaaaa”.

Se le acerca una mujer vestida con el uniforme azul del casino cuya falda apenas le cierra de la cintura, toma su tarjeta con las manos enguantadas ante los ojos enrojecidos de la jugadora que después de un agitado respiro le dice: “Quinientos pesos”. La no muy esbelta pero esmerada señorita le carga su tarjeta.

Invocación a la suerte

Moviendo insistentemente la pierna derecha, producto de los nervios, tal vez por jugarse el gasto semanal que le dio el marido, arremete con desesperación la pantalla. El sudor sobre su cara es más copioso que antes. La bola con el número seleccionado se niega a caer.

Después de un suspiro, dobla la apuesta con cuatro cartones para tener mayor oportunidad. “Levántate y ve cuánto le queda de crédito”, pensé; simplemente curiosidad insana. Mi vista se va al ángulo inferior de la pantalla, había apostado todo, el tiro de sus últimos cuarenta pesos se va hacia el numero cuatro.

De pronto la pantalla comenzó a enloquecer. Entre luces de colores se veía una vasija de la cual caían monedas de oro. El altavoz en una reververancia gritaba “Bingo, Bingo, Bingo”.

La mujer con los ojos desorbitados daba brincos frente a la robotizada máquina, la que anunciaba en el tablero que había ganado quince mil pesos. Me acerco y le digo: “Felicidades, señora”. Ella solo asiente con la cabeza y sigue su frenético gusto por haberle atinado al número.

Salgo del casino con la satisfacción de haber visto a esa mujer doblegar al final su mala  suerte.

“¿Notaste que casi todas las que jugaban eran damas?”, me pregunté; tal vez necesitaban algo de adrenalina. La estadística dice que son las grandes apostadoras en los casinos.

Por lo pronto yo veré mi partido y recordaré el “Bingo, Bingo, Bingo” que tanta felicidad produce al escucharlo.— Mérida, Yucatán.  Twitter: @ydesdelabarrera


Otros textos del autor:

Otras Noticias