''Así no se puede...''

lunes, 12 de abril de 2021 · 03:00
Los inconvenientes de las medidas antiCovid Emanuel Rincón Becerra (*) “Así no se puede, es imposible” reflexiona con tristeza y frustración Carlos al llegar a casa luego de ser notificado de que ya no debía volver más a su trabajo, en los talleres de una línea de autobuses foráneos cerca del aeropuerto, donde se dedicaba a lavar las unidades. De 42 años de edad, con una discapacidad intelectual, apenas terminada la secundaria, difícilmente alguien le ofrece trabajo en tiempos de Covid. Ahora ha perdido el empleo en el que había laborado a prueba los últimos 15 días, la razón: casi nunca llegó a tiempo a trabajar y hubo ocasiones en que ya no se le permitió quedarse, porque era “muy tarde”. En medio de su limitación intelectual, al propio Carlos no le sobran motivos para pensar que así no se puede, es imposible, y es que en este trabajo le estaban pidiendo presentarse a laborar a las 6 de la mañana en punto, pero llegar a tiempo no está en sus manos; ha sido, como muchos, víctima de las restricciones a la movilidad que aún prevalecen en la capital yucateca. Carlos vive en Kanasín, por el momento en casa de su hermana muy cerca de la colonia Alemán, es solitario pero trabajador y trata de ser puntual, tanto así que está acostumbrado a madrugar con tal de llegar a tiempo. Todos los días se levanta a las cuatro de la mañana, se asea, prepara su desayuno, se viste y aguarda…aguarda a que en el reloj sean las cinco de la mañana, pues sabe bien que las autoridades han prohibido que la gente salga de sus casas entre las 11 y media de la noche y las cinco de la madrugada, porque de lo contrario se contagian de Covid. El no quiere enfermarse de Covid, viajar en transporte público le da temor y le angustia, pero siente que no tiene opción, tiene que trabajar para comer, pues a pesar de su discapacidad intelectual y que ha solicitado el apoyo que otorga el gobierno federal a las personas discapacitadas, hasta ahora no ha habido respuesta. Por si fuera poco, no tiene seguridad social, la perdió cuando hace tres años le dieron de baja en una empresa donde había logrado acomodarse. Su preocupación también es su casa, una propiedad que obtuvo a través del Infonavit y que apenas está pagando. Para subsistir en tiempos de Covid, Carlos realiza “chambitas” como lavar autos, limpiar jardines, asear casas, hacer mandados, pero esto no le alcanza para cubrir sus gastos de agua, luz, la casa, etc. Para él este empleo lavando autobuses del cual fue despedido por no llegar a tiempo, era la opción más firme de trabajo en los últimos tres meses, lo más difíciles que le han tocado vivir Lo más triste del caso de Carlos es que aun madrugando y pese a su esfuerzo y entusiasmo, de nada le sirve cuando depende de un autobús de la ruta Circuito Poniente que pasará por la parada, en el mejor de los casos, a las 5:15 a.m. Para Carlos el trayecto se hace eterno, el quisiera que el autobús volara sobre el tránsito, que se pasara los altos y ya no levantara ni un pasajero más para poder llegar en punto de las seis de la mañana. No se puede..., es imposible. En el mejor de los escenarios Carlos está llegando a su centro de trabajo pasadas las 6:20 de la mañana, verídico. La situación se repite a lo largo de la quincena, en por lo menos una ocasión es enviado de vuelta a casa porque es demasiado tarde para presentarse a laborar, ha perdido el día, el hecho le llena de coraje, frustración y tristeza a la vez. “No es mi culpa”, cuenta al reportero que le conoce y sabe de sus vericuetos para poder trabajar en su condición de personas especial con discapacidad intelectual. “No puedo salir de la casa antes de las cinco de la mañana porque la policía me puede levantar por no obedecer la orden del gobierno, y el autobús no pasa a tiempo y va muy despacio, haciendo paradas a cada rato..., así no se puede, es imposible y los patrones no quieren entender”, explica en su limitado razonamiento. “No sé qué voy a hacer, no tengo dinero, no tengo comida, debo la casa, vivo con mi hermana en Mérida para no tener que viajar desde Kanasín”, comentó. “Perdí el empleo porque no pude llegar a tiempo nunca y eso que despierto desde las cuatro de la mañana, pero en verdad que no puedo hacer más, estoy en manos de la autoridad que me indica que debo salir a las 5 a.m. y que no le importa que debo estar a las 6 a.m. al otro lado de la ciudad. “Por si fuera poco, el servicio de transporte urbano no me ayuda y la empresa que me contrató no es empática ni consiente con esta situación ”, añade entristecido y enojado a la vez. Ahora, otra vez, Carlos está buscando un empleo, en alguna empresa de limpieza, una que se adecue o lo reciba a pesar de su condición dentro de sus limitaciones intelectuales; su madre que falleció cuando él tenía apenas 18 años le enseñó que la vida era dura, pero que había que afrontarla, el trabajo dignifica al hombre y no importa que no sepas muchas cosas, a veces las ganas de hacerlas es un buen comienzo, la experiencia llega por añadidura. ¡Buena suerte, Carlos! (PD. A Carlos no le gustan las fotos, le da pena, se disculpa por eso. El cree que si una foto es más importante que una historia, entonces como sociedad no hemos aprendido nada).— Mérida, Yucatán. emanuel.rincon@megamedia.com.mx Periodista de la Agencia informativa Megamedia  

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