Jesús Retana Vivanco: Pasión por los autos

lunes, 17 de mayo de 2021 · 05:54

Pasión por los autos.  La salida del CUM (Centro Universitario México) donde estudié la prepa en el entonces Distrito Federal, sentado en una de las bancas del estacionamiento con una envidiosa mirada a un auto que me parecía extraordinario para su época: un deportivo Karmann Ghia bitono color azul. Así comenzó mi pasión por los autos.

La verdad  antes de escribir esta columna no sabía cómo abordar el tema; tantos años, tantas experiencias en contacto con los autos, así que di inicio a lo que me prometí uno de esos días viendo el Karmann de Pepe Murat… “Algún día voy a tener un coche como ese”

La tarde se acortaba, los coches se apilaban en nuestros ojos. Imágenes que se convertirían en una narrativa que duraría por mucho tiempo. Ventura Show en California, lugar donde se dan cita los amantes a una de las marcas de autos más icónicas del mundo: el Porsche.

Después de ir en repetidas ocasiones al clásico californiano de autos antiguos y nuevos de la marca dio inicio una cadena de visitas a las exposiciones de Bad Camberg, y Hessisch Oldendorf en Alemania, a los museos de Mercedes Benz, de Porsche, de Karmann, de Volkswagen, a las colecciones privadas de la familia Lottermann, organizadores del evento que reúne lo más selecto de VW de los años 1949 a 1956, a la colección museo de Hermann Walter, que junto con los Lottermann  son considerados como los principales promotores y referentes del concepto vintage de Volkswagen y Porsche en Europa.

En casi todos los eventos donde se exhiben autos clásicos se pueden encontrar vendedores de refacciones tanto usadas como nuevas; sí, aunque parezca increíble, las llamadas refacciones new old stock, es decir que nunca se vendieron y están conservadas en su caja original y pueden alcanzar precios muy altos, que invariablemente son pagados por los coleccionistas.

Hablando del tema y remembrando aquel programa del “Coleccionista Incurable”, no podía faltar la colección de autos antiguos a la que le dediqué al lado de mi hijo muchos años de trabajo, entretenimiento y experiencias muy bonitas que le dieron otro sentido a la vida a pesar de que solo fueron cuatro.

En primer lugar, decidí comprar un Karmann Ghia, el que diseñó Mario Boano en 1952 de la carrocera Pininfarina por encargo de Heinrich Nordhoff, director de VW.

Así cumplí mi promesa

Esa es un poco de historia. Lo conseguí, lo restauré a mi antojo, con un motor de 1834 cm cúbicos al más puro estilo Old School(modificado de forma original con accesorios de competencia pero de su año, 1969).

Le siguió un Volkswagen 1956 que se restauró con piezas compradas en Alemania y en los Classics de Los Ángeles, California.  

Fue un referente en el club del que era socio. Ganador de varios concursos, entre ellos el de Elegancia de Huixquilucan donde una vez ocupó el lugar 15 de 500 autos inscritos de todas las marcas. Fotografiado para revistas de coches, sentía el vanidoso orgullo de poseer un famoso y emblemático VW.

El Mini Cooper, auto que se convirtió en el favorito de los Ingleses, allá por 1960 diseñado por Issigonis, en la planta de Austin Morris, para transformarse después en Mini Cooper, quien fuera un exitoso constructor de autos de Fórmula Uno.

Verde clásico, lo trajeron de Alemania. Modelo 1998 con un motor donde no cabía más nada, incomodo para reparar, pero divertido como pocos.

Finalmente, el Porsche 356 modelo 1952 diseñado por Erwin Komenda, empleado de Ferry Porsche quien inició la supremacía hasta 1965 substituido por el 911.

Me llevó 5 años terminarlo, se fabricaron 417 de ese modelo y rodando, hasta antes de venderlo en 2012, existían tan solo cuatro.

Actualmente se encuentra en Alemania y pertenece a un famoso coleccionista. Los otros autos los vendí, los disfruté, me divertí… la pasión ahí queda, ¿o no, arquitecto?—  Mérida, Yucatán  Twitter@ydesdelabarrera


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