Jesús Retana Vivanco: Mi amigo

lunes, 14 de junio de 2021 · 05:50

Mi amigo,  Eduardo Escalante, en una de sus intensas pero muy ilustrativas pláticas en la Trattoria della Casa Nuova, un restaurante italiano donde se comía la mejor lasagna de la Ciudad de México, por el rumbo de San Angel, en avenida de la Paz.

De fondo a la conversación se escuchaba en las bocinas la balada jazzística del clásico  Night and day. Quise dar este preámbulo a mi historia porque el restaurante cerró sus puertas en enero, después de cuarenta años de hacer las más ricas pastas, panes y baguettes que jamás haya probado.

Traigo a mi amigo al estanque en virtud de su gran elocuencia. Lo conocí desde niño, su padre, Eduardo, radiólogo y gran cocinero (ya fallecido) su madre, Eloísa, también en la misma especialidad, ambos buenos amigos, de esos con los que te podías pasar platicando de cualquier tema, sin voltear a ver el reloj.

Lalo, como le decimos de cariño, se recibió de Ingeniero, pero un día me confesó que no le interesaba la ingeniería, solo lo hizo como muchos para cumplir el requisito familiar.

Mi amigo y la masonería

La historia comenzó en esa comida. Después de un par de botellas de vino, tocó un tema que por años me había intrigado mucho… La masonería. Lo abordó con inteligencia para que de inicio no lo fuera a mal interpretar.

Comenzó el relato de su iniciación en dicha secta, leyendo a los grandes pensadores y científicos de la antigua Roma, hasta las teorías políticas más avanzadas, que según sus palabras avasallarían al mundo en un futuro no muy lejano.

Lo interesante de la plática fue la propuesta que me hizo…¿Te interesaría convertirte en  masón? Ante la desconcertante pregunta, le inquiero con sarcasmo: ¿Qué necesito para ser un miembro de la masonería?

Necesitas destinarle tiempo, leer dos o tres libros semanales que te recomiendan para ver si calificas, tener abierta tu conciencia, hacer el bien, ser un hombre con una espiritualidad definida.

Mi cabeza necesitaba más información, confundido por la seriedad de sus palabras, aunque me explicó que no tenía que ver con ninguna cuestión católica ni a favor ni en contra.

En ese año (2005) lo que necesitaba era tiempo para atender a mis clientes, hacer buenas campañas y darles oportunidad a los asuntos familiares, más allá de cualquier devaneo filosófico gremial.

Mi respuesta fue contundente, le dije que no me interesaba, pero que nos podíamos reunir en otra ocasión y platicar sus experiencias con la logia Yorkina a la que pertenece.

Esto me intrigó a leer sobre el tema, del cual se podría escribir no solo un artículo sino libros enteros.

El origen de la masonería se remonta a 1717 en Londres, pero su nacimiento viene del siglo VII A. C. ligado a los colegios de oficios, en Roma,  del que emergían carpinteros, albañiles, y demás artesanos, de los cuales  posteriormente la Iglesia echó mano para la edificación de templos, con la consigna de guardar la secrecía de lo que escucharan o vieran en las jornadas de trabajo, haciéndolos indispensables para la ejecución de las obras eclesiásticas; de ahí nace la mística y la opacidad que ha caracterizado a la masonería.  

Hoy día el gremio ha mutado, se ha ramificado, se ha desviado de sus objetivos, ha sido atravesada  por un deseo de poder y la ambición de fortuna, según apunta Gustavo Lencina.

Y la describe: “Se autopostula como una liga semi–clandestina de inteligencias en pos de los ideales más elevados del conocimiento, por lo que cada miembro se siente honrado de ser invitado a formar parte de sus filas”.

Varios años después, Lalo,  poseedor de una inteligencia inusual, pasó la prueba para alcanzar el grado 33, o sea “maestro” a los 40 años.

Ese día me mostró el atuendo que usó en la ceremonia y comentó que la mayoría de los políticos son masones. Muchos presidentes de EE.UU. y de México pertenecen a la hermandad, hombres emblemáticos como Benjamín Franklin y George Washington son parte de una lista interminable. El símbolo masón es la escuadra y el compás y se identifican fácilmente entre ellos.

Todo lo que rodea al tema es interesante, pero como dije, es tan solo una breve mirada a la curiosa experiencia con mi amigo.— Mérida, Yucatán  Twitter@ydesdelabarrera


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