Jesús Retana Vivanco: El tiempo

lunes, 7 de junio de 2021 · 05:50

El tiempo pasa muy rápido en la cueva de nuestra mente, es como sobre editar los acontecimientos vividos que nos llegan en relámpagos haciendo un hoyo que se va llenando de recuerdos. A todos nos pasa cuando lo hicimos de manera intensa.

Sé que este día es crucial para todo el país, pero quise alejarme de los temas que todos los editorialistas comentarán después de la elección.

Sin ningún presagio, pero quiero pensar positivo, dar por descontado que el ganador será México, un México libre de tiranías, un México que podamos heredar con ánimo a nuestros hijos, a nuestros nietos, un México igualitario sin polarizaciones.

El tiempo juega un papel importante en nuestra vida, es el que señala lo que vivimos y lo que estaremos por vivir.

Experiencias van y experiencias vienen al pasar por la memoria.  Esas tardes cheleras con los amigos en la pizzería de Coyoacán. Te acuerdas de la señora, aquella cuando eras chavo, la que se hacía pipí en la banqueta, trastornada por tanto alcohol que se metía todas las tardes y de don Esteban, que te dio la oportunidad de trabajar en su tienda y convertir tus vacaciones en algo novedoso y entretenido, o cuando te sacabas del estante un Tin Larín para comértelo a escondidas. Los partidos en el frontón del hijo de Cantinflas. ¡Cómo no lo voy a recordar!

El primer beso con la novia tratando de ocultar los sentimientos por la inmadurez que denotaba la edad. La manía por corregir siempre lo que a consideración de todos ya era perfecto.

Haber sido testigo del ¡boom! de los Beatles en los sesenta, el festival de Woodstock, los Rolling Stones en los setenta, Laura Branigan, Gino Vanelli, Air Wind and Fire, Toto y muchos más que le dieron sentido a mis tiempos bajos, que ahora recuerdo con nostalgia al escuchar esas inolvidables rolas.

La mirada perdida a la botella de tequila Sauza a los dieciséis años, con la que me gané el castigo de mi madre y la descalificación de mis hermanos mayores después de mi primer encuentro con el trago, el que nunca fue de mi preferencia.

Arropado por mi abuela en las noches frías que me provocaban un intenso dolor de piernas. Imagen que guardo en mi memoria con mucho cariño.

La sala de juntas de mi agencia de publicidad  daba constancia en sus estantes y paredes de los premios ganados, producto del talento y dedicación de quién comenzó como un redactor que siempre creyó en su trabajo en su ya lejana juventud.

Gratificante era el tiempo que le dedicaba a limpiar y contemplar mis autos clásicos en la cochera de casa. Quedarme hasta las 5 de la mañana en mi shack de radioaficionado un día después del temblor del 85 dando buenas y malas noticas a familiares y amigos de las victimas residentes en otros países.

 Lo divertido que ha sido la convivencia con amigos, familiares y todos los que me rodean. Eso siempre te deja una enseñanza positiva. Así podríamos navegar en el tiempo de una vida dedicada a rescatar episodios para orientar, ilustrar, entretener, o como quieran verlo, es lo de menos.

Tal vez el recuerdo nos señala el camino de los años transcurridos, la diferencia esta en que al contarlo se vuelve en un aprendizaje, pero sobre todo otorga una inspiración fortuita y siempre nos obliga a pensar que estamos hechos para salir adelante de cualquier reto que se  presente en el devenir del tiempo; tiempo que a todos se nos acaba tarde o temprano, se quedará ahí, grabado en una retrospectiva de lo que realizamos y lo que nos quedó pendiente.

Siempre valdrá la pena hacer un recuento memorial de los errores y aciertos de nuestra vida; recordarlos  nos da el temperamento y el carácter para aceptarlo todo, dejará huella de las vivencias de los años que ya se fueron y como dice el anuncio: eso, no tiene precio.

No permitamos que nos devore el tiempo, dejemos constancia.— Mérida, Yucatán Twitter@ydesdelabarrera


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