Caton: Política y cosas peores

sábado, 21 de agosto de 2021 · 01:30
Catón Al terminar el primer trance de amor la recién casada le dijo en la noche nupcial a su desconcertado maridito: “No, Ultimio; no has sido el primero ni el único. Pero si te sirve de consuelo te diré que tampoco has sido el peor”... De vez en cuando el buen Dios y San Pedro necesitan distraerse un poco. Así, cierto día bajaron a la Tierra a jugar 18 hoyos de golf. El Señor hizo su primer tiro. Muy mal tiro. Pero de súbito llegó un águila, tomó en su pico la pelota y la dejó caer en el hoyo. ¡Hole in one! Mohíno y atufado protestó San Pedro: “Milagritos no, Señor. Estamos jugando por dinero”... Eso de la revocación de mandato es una trampa en la cual los opositores de AMLO tendremos que caer. En esa nueva farsa populista los dados están cargados a favor del Presidente. Si gana la votación —cosa casi segura— hará de su triunfo un incentivo para mantener sus actuales yerros y añadirles otros, y si su victoria es aplastante podría traerle la mala tentación de intentar, si no la desorbitada aventura de la reelección, sí al menos la aberrante prolongación de su mandato. Por el contrario, en el remoto caso de que perdiera la votación —esos milagros no suceden ya—, invocaría en su favor, fundadamente, el principio de la no retroactividad de las leyes, y seguiría en el cargo. Jamás he participado en las mañosas consultas hechas por López Obrador. En ésta sí participaré, pues siento la obligación de ciudadano de mostrar en la urna mi protesta por los muchos y graves daños que el monarca de la 4T está causando a mi país. Por otra parte el triunfo del tabasqueño, que creo casi seguro, dije, no debe ser tan resonante que lo ensoberbezca más y lo lleve a acentuar su conducta dictatorial. Quienes pertenecemos a la clase media debemos acudir a esa consulta y votar en pro de la revocación del mandato del Presidente, aun sabiendo que casi seguramente nuestros votos serán superados por los de la clientela electoral de AMLO, temerosa de perder las pensiones, becas y demás dádivas en dinero que de su señor recibe. Lo que decimos en el café, en la sobremesa, en las reuniones de amigos digámoslo en las urnas. Mostremos con nuestro voto el hartazgo que sentimos por este régimen que no ha hecho más que dividirnos, avergonzarnos ante el mundo, llevar a México al atraso y causar perjuicio lo mismo a los pobres que a quienes luchan cada día por dar a sus hijos un futuro mejor. No merecemos eso. Levantemos nuestra voz, no importa que se pierda en medio de la sordera del caudillo y la ceguera de quienes, contra todas las evidencias, aún creen en él... La abuelita le preguntó a su nieta en edad de merecer: “¿Por qué no te has casado, hijita? ¿No has conocido un muchacho que te guste?” “He conocido bastantes, abue —respondió la chica—. Muchachos guapos, simpáticos, inteligentes, educados, cultos, refinados, corteses, pulcros, ingeniosos, elegantes. Pero todos los que tienen esas características son gays”.— Saltillo, Coahuila.  

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