Jesús Retana Vivanco: Ya se gastó la vacación

lunes, 23 de agosto de 2021 · 06:25

Ya se gastó la vacación.   La primera vez que escuché esta frase adornada con el prolongado acento en la “o”, además dicha por un yucateco, suena muy bonito y melódico.

Gastó, del verbo gastar en tiempo pretérito cuyo significado es: Algo que ya se consumió, algo que ya desapareció, o bien, usar una prenda o cosa deteriorada.

Me sonó extraño que se hubierán gastado las vacaciones, aunque lo entendí perfecto pero fuera de contexto, como si no alcanzaran los recursos para ir al lugar de descanso, dicho de otra forma: Se nos terminaron las vacaciones.

He ido encontrando muchas otras palabras que le dan vida al léxico del yucateco, como la substitución de la”n” por  la “m”, descubrí que no es pan dulce sino “pam” dulce.

Al igual que Martín Caparrós, editorialista español, también se me hace rara la palabra vacación ya que siempre nos hemos referido a esa temporada donde nos olvidamos de todo para dedicarnos al descanso, tal vez por eso la decimos en plural (vacaciones) obligándonos a pensar que son muchos días, sobre todo para aquellos que tan solo tienen unos cuantos.

Cuando era estudiante, las vacaciones o la vacación, como quiera que se le llame, al fin de cuentas define el tiempo libre de estudio o de trabajo que pasamos, se daban en noviembre y diciembre para iniciar el curso escolar el primer día hábil del año siguiente.

Volviendo a los acentos regionales, he recorrido otros estados que también hacen gala de su acento, pero nada como el de un yucateco, que hace énfasis y se recarga en la “d” yucateca (mencionado en el libro Península Península de Hernán Lara).

El acento del norte es también digno de mencionar por sus entonaciones, y el tuteo de las personas

Los costeños son característicos por la inflexión gutural y el corte que hacen de algunas palabras.

¿Qué pasó en las vacaciones de verano?

Hacía falta sentir la brisa del mar en la cara. Los que se fueron a las playas, los que desafiaron al Covid y Estados Unidos volvió a ser su centro de compras.

Conozco amigos que mejor visitaron a sus familiares en otros estados, o simplemente descubrieron algún Pueblo Mágico para llenarse un poco del México que se nos escondió con la pandemia, esa, la que sigue coartando nuestras costumbres y nuestra libertad.

Otros aprovecharon para terminar alguna labor en casa sin arriesgar a la familia. Los que perdieron el trabajo y añoran unas vacaciones no forzadas. Aquellos que ansiosamente aprovecharon para vacunarse en Estados Unidos y de paso hacer el shopping. Precavidos, los que permanecieron en casa y agotaron la programación de Netflix.

Leer un buen libro se convirtió para muchos en las mejores vacaciones. Extrañaremos aquellos años donde se planeaba un viaje largo, tal vez un crucero al Caribe o un resort playero.

De regreso a clases

Falta poco para el regreso a las aulas; según el Poncio Pilatos de Palacio Nacional, quiere que todo sea presencial. Los jóvenes en su mayoría están ansiosos que así sea, fue mucho tiempo de clases en línea y ya están fastidiados, situación que aún no se ha definido pero genera innumerables riesgos.

Mi regreso a clases en secundaria no era tan ansioso después de disfrutar la playa, donde mi padre nos llevaba por lo regular cada año.

Pensaba en ese regreso a clases a la escuela donde cursé la secundaria, con mi uniforme de caqui, corbata, botas militares y el infalible quepí. Rendir los honores a la Bandera todos los lunes en el patio principal con la banda de la escuela para entonar el Himno Nacional, se me hacia tedioso y cansado.

Así pasaron tres años entre diversión y sumisión por el régimen escolar que seguía la escuela. Saqué buenas notas hice muchos amigos, y aprendí groserías que por lo regular es muy común en esa etapa escolar.

Mochilas de cuero en la espalda, cargadas con no sé cuántos libros y cuadernos daban paso a la imagen del escolapio que tomaba el camión para ir a la secundaria número12 hasta la Villa de Guadalupe, exactamente atrás de la antigua Basílica. Desde mi casa, en el sur de la ciudad, me tomaba una hora en camión llegar a la escuela con Ramiro, mi amigo y compañero.

Hoy día, el gobierno se ha empeñado en una reforma educativa, que de reforma solo tiene el nombre y me sigue remontando a los años sesenta, donde lo único que esperábamos con ansias eran las vacaciones.—  Mérida, Yucatán   Twitter@ydesdelabarrera


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