El estanque de los cocodrilos

Jesús Retana Vivanco: Lo anecdótico de Carlota y Maximiliano

lunes, 17 de enero de 2022 · 05:10

Lo anecdótico de Carlota y Maximiliano. Este editorial me vino a la cabeza al recordar  con mi familia la visita que hicimos el verano pasado a los cenotes Mucuyché ubicados en la hacienda del mismo nombre, a una hora de Mérida, un sitio también conocido como el cenote Carlota.

Se trata de un lugar estupendo donde se puede hacer un tour sumergiéndose al agua cristalina.

En verdad es una experiencia que lo remonta a uno al siglo XIX,  cuando Carlota pernoctó en la hacienda y se metió en estas deliciosas aguas que te llevan a través de un canal al siguiente cenote.

Un maravilloso lugar, convertido hoy día en un atractivo turístico de la zona.

Creo que todos tenemos una visión de cierta manera estándar de la historia de México, la que nos contaron en la escuela; algunos hemos escalado en la búsqueda de la verdad, relacionada con acontecimientos significativos que han marcado episodios importantes del proceso histórico del país. Esta es solo una pequeña muestra de lo que yo llamo anecdótico, en este caso, referenciado al tema de Maximiliano y Carlota.

La encomienda a Maximiliano

Maximiliano de Habsburgo nació en el palacio Schönbrunn de Viena, en la corte imperial austrohúngara, hijo del archiduque Carlos de Austria y Sofía Guillermina Wittelsbach, princesa de Baviera, al menos eso dice la historia.

Su madre en verdad fue Sofía, pero todo mundo afirmaba que era hijo del archiduque Napoleón II de Francia, ya que conforme pasaban los años el niño Maximiliano era igual a él.

Eso marcó toda su vida y si agregamos que su hermano mayor el famoso emperador Francisco José de Austria, ¡si, adivinaron! el de Sissí (Isabel de Baviera) todo un prototipo del príncipe de película. Pues no le quedó mas remedio que aceptar la invitación de los truculentos clérigos encabezados por el obispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos con la anuencia del papa Pío IX de venir a gobernar México en calidad de emperador junto con su esposa Carlota, ya que la iglesia se había visto derrotada por los liberales, y las leyes de reforma acotaban los privilegios hasta entonces otorgados al clero.

Maximiliano hablaba francés, italiano, inglés, húngaro, checo, alemán y polaco. El destino lo trajo a México sin saber una sola palabra de español.

El Maximiliano excéntrico

Comprador compulsivo de obras de arte y amante de la música clásica. Los padres lo mandaron a recorrer las cortes europeas para que buscara a una esposa acaudalada y en lugar de eso se fue a ¡¡¡Brasil!!! donde conoce y se enamora perdidamente de Amelia de Bragança, hija de Pedro I de Brasil, que a la postre sería Pedro IV de Portugal, pero en ese inter la princesa muere de tuberculosis.

El padre de Maximiliano, ya desesperado, le elige a su prometida, Carlota, la hija del rey Leopoldo I de Bélgica con la que se casa en 1857.

Carlota y Maximiliano

María Carlota Amelia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo-Gotha y Orleans (“uuufffff”, vaya nombre de doña Carlota) emprende con su marido la odisea de venir a México y reiterar que por fin podrían desempeñar un papel importante que les permitiera el reconocimiento de Napoleón III.

Después de ser coronados en la catedral mexicana, Maximiliano comenzó a desentenderse de las consignas que el imperio francés le había encomendado: evitar que se extendiera el poder de Estados Unidos en el territorio, ya que pensaban que una monarquía serviría para asentar una aristocracia y devolverle el poder a la iglesia, pero no contaban que el país estaba dividido por una guerra con Benito Juárez como líder.

Se hicieron más frecuentes los actos culturales y las fiestas en el Castillo de Chapultepec para un aburrido Maximiliano que semanalmente visitaba a su amante, la hija del jardinero en su casa de Cuernavaca, a la que llamaba india bonita, con la que se dice procrearon un hijo, el único que tuvo, ya que Carlota era estéril.

Maximiliano ordenó hacer en 1865 un registro con fotografías de mujeres públicas (prostitutas), del cual se reunieron 598 registros. Cuentan que de este registro se abastecía de vez en cuando.

Maximiliano no murió

Su enemistad con la iglesia era cada vez mas notoria, por ello la iglesia mexicana y el Papa le quitaron su apoyo y Napoleón III retiró sus tropas quedando a merced de las huestes Juaristas que lo persiguieron y fusilaron en Querétaro.

Aquí viene una teoría que cada vez se sustenta con los historiadores no oficiales: Maximiliano no murió. Años después de su fusilamiento, aparece en El Salvador un hombre llamado Justo Armas, de extraordinaria educación y buenos modales, arropado por el gobierno masón, convirtiéndose en el asesor de todos los presidentes. Vivió 104 años y dicen que fue sobreviviente de un naufragio. Esta hipótesis toma sentido cuando Juárez le dijo según testimonios: “Puedo matar al emperador, pero no al hombre”.

Las versiones apuntan que el pelotón de fusilamiento estaba conformado de campesinos que no conocían al emperador y fusilaron a un hombre vestido como tal que le tocó la de perder.

La madre de Maximiliano no reconoció el cadáver, lo enviaron siete meses después, descompuesto, en la caja…  no quisieron ni abrirla. Testigos contaban que en El Salvador tenía cubiertos de plata con su escudo y la misma caja de rapé que usaba. Si es cierto o no, creo que ya es para muchos, un secreto a voces.

Carlota enloqueció por la persecución de Maximiliano y fue a pedir apoyo al papa Pío IX al Vaticano donde le dio un ataque de histeria y cuando se calmó, le echó la culpa al agua de las fuentes vaticanas diciendo que estaba envenenada. La escena fue tan dramática que el Papa la dejó dormir en la biblioteca del Vaticano. Decía que la querían asesinar y dormía en las calles. Cuando fue a ver a Napoleón III acusó a Eugenia de Montijo de envenenarla con jugo de naranja.

Durante su estancia en México, se dedicó a comer hongos alucinógenos concretamente el Teyehuinti, conocido como “carne de los dioses”.

Murió loca a los 87 años después de pasar más de la mitad de su vida en hospitales pregonando que aún era la emperatriz de México.—  Mérida, Yucatán, enero de 2022 Twitter:  @ydesdelabarrera

(Basado en apuntes de las pláticas de mi maestro Tirzo Canales)


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