Editorial

María Elena Ponce Laviada: El cuerpo de la mujer y los valores humanos

domingo, 23 de enero de 2022 · 00:17

Hace más de 300 años, una sabia poetisa mexicana escribía:

Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón,sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis:si con ansia sin igual solicitáis su desdén,¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia.

En esa época, la mujer era considerada un objeto de trueque, no tenía ningún derecho. Sus herencias y posesiones pasaban a manos del esposo, quien decidía su destino. Deshacerse de ella era tan fácil como acusarla de alguna infidelidad o padecimiento mental, con lo cual se le recluía en un convento a expiar sus “pecados”.

El ofendido marido se relamía los bigotes quedándose con todos sus bienes.

La empinada cuesta que el género femenino ha tenido que escalar, para ser considerada un ser humano, con los mismos derechos y obligaciones del sexo opuesto, le haría la competencia al Everest.

Los últimos 100 años se han ganado muchas batallas en el plano “legal”, pero, al parecer, en la mentalidad retrógrada y machista de muchos seguimos estancados en los tiempos de la excelsa escritora.

La mujer aún es señalada como culpable de la “diligencia”; tal parece que el hombre, para ejercer su derecho a la sexualidad, no tuviese que bajarse primero los pantalones.

¿Acaso hay alguna diferencia entre bajarse los pantalones o los calzones?

¿Por qué cuando dos personas realizan conscientemente la misma acción, a una se le aplaude y califica de “seductor”, “donjuán”, “sexi” “conquistador”, y a la otra despectivamente como “zorra” o “puta”?

Cito de nuevo a la poetisa:

¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga, o el que paga por pecar?

Hoy escribo, porque si no lo hiciera, las letras saldrían disparadas de mis ojos, mi boca y mis orejas salpicadas de indignación.

Me dirijo a esos futuros “líderes” que han tenido el privilegio, sin merecerlo, de tener la mejor educación académica que nuestra ciudad de Mérida ofrece.

Jóvenes estudiantes y graduados, que bajo el título de “zorritas de la UAM”, crearon un grupo con más de 1,200 participantes donde publicaban fotos íntimas de sus compañeras de estudio, sin su consentimiento y utilizando este material para denigrar, desprestigiar, hacer burlas y divertirse.

Aquí van las preguntas que dirijo a su inteligencia racional:

¿Saben que ese material es calificado como ciber pornography?

¿Han pensando que, si en alguna de sus fotos estuviese una menor de 18 años, se considera pornografía infantil?

¿Están dispuestos a enfrentarse a las consecuencias que sus actos merecen?

Las siguientes van hacia su inteligencia emocional:

¿Alguna vez escucharon cómo se le denomina a un hombre que maltrata, abusa, aprovecha y se burla de una mujer a sus espaldas? COBARDE.

¿Jamás se les pasó por la cabeza que esas personas a las que expusieron sin piedad, en algún momento, confiaron plenamente en ustedes?

¿Qué sentirías si un día alguien subiera a ese grupo una foto íntima de tu hermana, tu prima o alguien que amas?

¿Pueden verse al espejo y no vomitar, cuando saben que, no solamente les robaron su intimidad sino también su confianza?

Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a llevar al cabo una acción tan baja. El que la realiza puede considerarse una persona despreciable.

Tal vez les vendría muy bien, para salir del chiquero donde se han metido, intentar practicar una sencilla fórmula que los encamine por la senda del respeto: Juzgar menos y aceptar más.

A todos aquellos curiosos que solo “ participaron”, “aplaudieron”, “callaron” y fueron cómplices, me dirijo con un sabio y conocido refrán:

“Tanto peca el que mata a la vaca, como el que le jala la pata”.

Imagínense solo por un momento a un grupo de 1,280 mujeres mostrando sus fotos, burlándose del tamaño de su órgano sexual, una eyaculación temprana o cualquier estupidez cometida en ese momento. ¿Cómo se sentirían?

Aplaudo y admiro a todas esas chicas estudiantes que han tenido la valentía de decir: ¡basta! y reclamar un castigo.

Por último, me dirijo a todos los padres de familia o abuelos que lean estas líneas:

Una de las características con la que la red social Telegram atrae a sus clientes es la “privacidad”. Utilizan fórmulas criptográficas muy avanzadas y tal vez lleve mucho tiempo, o nunca se pueda identificar a los “curiosos”.

Si están de acuerdo conmigo, reenvíen esta reflexión a sus hijos o nietos. Estos jóvenes están siendo supuestamente preparados para ser los futuros dirigentes y líderes de México ¿Qué nos espera?

Las nuevas generaciones están adentrándose a un peligroso mundo virtual manipulador, donde no existen valores ni contacto personal y las decisiones trascendentes se toman con tan solo hacerle un “click” a la pantalla.

Ojalá esta experiencia nos sirva a todos para sacar juntos del basurero las poesías de Sor Juana.— Mérida, Yucatán.

mponce@trendsitions.com.mx

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