Editorial

Rodrigo Llanes Salazar: Impacto de la vacuna

lunes, 24 de enero de 2022 · 01:32

Las vacunas, particularmente las vacunas contra la Covid-19, se han convertido en uno de los elementos más importantes del mundo actual.

La relevancia de las vacunas va más allá del ámbito de la salud y se extiende a campos como el del lenguaje y el de la política.

“Vacuna” fue la palabra del año en 2021 para la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE, integrada por la Agencia Efe y la Real Academia Española).

Asimismo, el Diccionario de Oxford nombró a “vax”, abreviación de “vaccine” (vacuna en inglés), palabra del año pasado. Al mismo tiempo sustantivo y verbo, “vax” ha derivado en una serie de palabras que se han vuelto omnipresentes para millones de personas en todo el mundo, desde “fully vaxed” (“completamente vacunado”) hasta “vaxxie” (tomarse una selfie de vacunación), pasando por “vax cards” (cartillas de vacunación), “anti-vaxxer” (persona que se opone a la vacunación), entre otras.

Como categoría cultural, “vacuna” condensó esperanzas, ansiedades y miedos el año pasado, y es probable que lo siga haciendo en este.

A inicios de 2021, para muchas personas, entre las que me incluyo, la vacuna contra la Covid-19 estaba cargada de esperanza, ya que prometía no solo defensas frente al coronavirus, sino un retorno a una vida similar a la de inicios de 2020, a una “nueva normalidad” más soportable.

Recuerdo a colegas mayores de sesenta años, los primeros en vacunarse junto con el personal de salud en México el año pasado, y los reiterados comentarios de que inocularse les provocó un enorme alivio; un sentido de liberación, incluso; una nueva forma de ser en el mundo.

Pronto las expectativas de un retorno a la vida pre-pandemia se vieron truncadas, no solo por las declaraciones de especialistas de la salud que advertían que la vacunación no evitaba el contagio de la Covid-19 (aunque, de manera fundamental, sí previene hospitalizaciones y casos de gravedad), sino sobre todo por la proliferación de “variantes” (otra palabra clave del año pasado según los diccionarios).

Hoy, a inicios de 2022, probablemente las vacunas contra la Covid-19 sean menos un símbolo de esperanza y más una medida obligatoria, un ritual de salud al que nos someteremos periódicamente como lo hacemos con la vacuna contra la influenza.

Tan pronto como comenzaron las campañas de vacunación contra la Covid-19 se puso de manifiesto la desigualdad en la distribución de las vacunas en el mundo.

De acuerdo con la publicación Our World In Data, hasta el 9 de enero de este año, solo el 14% población de África había recibido al menos una dosis, mientras que en Europa y Asia lo habían hecho más del 60% (“Animal Político”, 12-1-22).

Mientras esta desigualdad no sea atendida, es más probable que surjan variantes que se dispersen por todo el mundo, como ya ha sucedido.

“Vacuna” es la palabra de 2021 porque, más allá del tema de salud, ha tenido un gran impacto en el ámbito político. La donación de vacunas ha sido una moneda de cambio para países que tienen convenios con las farmacéuticas que las producen. Pero, también, ha sido un objeto de disputa en las llamadas “guerras culturales”, esto es, ha provocado el rechazo y la movilización de grupos anti-vacunas.

De acuerdo con José Ramón Orrantia Cavazos, investigador posdoctoral de la UNAM, el rechazo hacia las vacunas existe desde que Edward Jenner desarrolló la vacuna contra la viruela humana. Las razones para la oposición van desde motivos religiosos hasta de ideología política y estilo de vida.

Por ejemplo, según argumenta Orrantia Cavazos, en México “la resistencia a la vacunación surgió como una resistencia a los poderes autoritarios del gobierno de Porfirio Díaz o de Plutarco Elías Calles” (“Ciencia UNAM”, 14-9-21).

Actualmente, muchas personas anti-vacunas se oponen a la vacunación ya que la relacionan con los fines de enriquecimiento de las grandes empresas farmacéuticas o como imposiciones de gobiernos corruptos.

La desconfianza

Pero la desconfianza y el rechazo hacia las grandes empresas y los gobiernos es solo una de las razones más por las que miles de personas se oponen a las vacunas. Como documenta Patrick Franzoni, encargado de la campaña de vacunación en la provincia de Bolzano —en la frontera entre Italia, Austria y Suiza, una de las regiones con muy bajos índices de vacunación contra Covid-19—, “la razón principal es la confianza que [los habitantes de la región] le tienen a la naturaleza”, esto es, al aire puro, los productos orgánicos y los tés de hierbas en lugar de los medicamentos producidos por grandes empresas (“The New York Times”, 19-11-21).

Yucatán no escapa de las guerras culturales en torno a las vacunas. Recientemente, Diario de Yucatán ha informado sobre la realización de diversas protestas en Mérida en las que los manifestantes se refieren a las vacunas como un “experimento biológico” y como una “terapia genética” sobre la que el gobierno no ha informado cabalmente.

En estas manifestaciones, según registra el Diario, también se cuestiona el uso de cubrebocas como una imposición que no permite respirar adecuadamente. Así, los manifestantes expresan su rechazo hacia las vacunas como un tema de defensa de libertades y derechos humanos.

Ciertamente, ninguna vacuna es cien por ciento segura, pero diversos estudios sostienen que las vacunas contra la Covid-19 protegen contra las enfermedades graves, las hospitalizaciones y las muertes provocadas por el coronavirus (véase el “Monitoreo de la efectividad de las vacunas contra el COVID-19” de los Centros Para el Control y la Prevención de Enfermedades, CDC, de los Estados Unidos. Aunque muchas personas anti-vacunas tampoco creen en ninguna institución de gobierno...).

Más allá de ser objeto de guerras de creencias, la vacuna contra la Covid-19 ha permeado numerosos aspectos de nuestra vida social, cultural, política y económica dignos de un estudio antropológico. Desde las personas que tienen los recursos para viajar a los Estados Unidos para hacer “turismo de vacunas”; los usos políticos de la vacunación, pues recordemos que en México es el gobierno federal el que planifica y elabora los protocolos de la estrategia de vacunación, mientras que los gobiernos estatales apoyan con la logística, de paso intentando acumular capital político (como cuando el Secretario de Educación da la bienvenida a las y los maestros que acuden a vacunarse); la clasificación y las preferencias de las marcas de vacunas; hasta el humor plasmado en memes (maestros retratados como zombis después de haberse vacunado con CanSino y Moderna; autoridades cargando neveras con vacunas que parecen neveras con cervezas); la vacuna seguirá siendo un elemento que definirá nuestras vidas, más allá de la salud y la enfermedad, en los próximos meses.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

 

 

Otras Noticias