Lágrimas de sangre por feminicidios

Marcelo Pérez Rodríguez: Madres que sufren

Ante tanta violencia y agresiones las mujeres viven inmersas en una vorágine de temores, miedos y angustias que sacuden la tranquilidad cotidiana
miércoles, 11 de mayo de 2022 · 02:25

A todas esas madres que lloran y sufren porque la hija está desaparecida o porque fue asesinada

Como flores deshojadas con violencia, así muchas mujeres son desaparecidas y asesinadas en el país cada día, cada hora. Es un dolor acerbo que surge en los corazones de esas madres que ven desaparecer a sus hijas, son lágrimas de sangre que derraman al conocer su paradero y cruento destino.

No es justo el final que tienen esas jovencitas o madres jóvenes a manos del esposo, la ex pareja o de algún depredador que las acosa, las acecha. No es justa esa agresión, no son justos esos golpes, menos es justo acabar con su vida, solo por ser mujer.

Las mujeres son violentadas a diario en su integridad, dignidad y derechos. Unas viven en muchos hogares inmersas en la violencia intrafamiliar, otras acosadas en las calles, colonias, parques, salas de fiesta y centros de diversión y muchas más asesinadas a mansalva.

Algo está pasando en nuestra sociedad cuando las agresiones y la violencia en contra de las mujeres se incrementan considerablemente. Estamos en retroceso como seres humanos y los valores y sentimientos son sepultados ante los instintos y la irracionalidad.

En vez de valorar a las mujeres las agredimos, en vez de admirar su belleza e inteligencia las acosamos, en vez de buscar salir juntos en los proyectos de vida las ignoramos o maltratamos, y en vez de aceptar que esa mujer no desea ninguna relación con nosotros, los celos enfermizos afloran y la desaparecemos.

En estos últimos días algunas de estas muertes han propiciado escándalos, protestas y preocupación. Las desapariciones en Nuevo León y la reciente muerte de la joven Debanhi en esa entidad han sacudido al país y las noticias han cruzado nuestras fronteras. Las confusiones en la investigación, la lentitud para actuar en estas desapariciones y los enredos en las pesquisas muestran, una vez más, la negligencia de las autoridades al abordar las desapariciones y los crímenes contra las mujeres.

Parece ser que las autoridades minimizan esas desapariciones y luego no saben cómo actuar ante el feminicidio. Quizá no hay la preparación en las personas de las fiscalías que investigan y entrevistan a los testigos.

Demoras que cuestan vidas

Siempre ante un feminicidio surgen críticas y cuestionamientos ante la forma como se trata desde el inicio. Las autoridades, por lo general, dudan de que sean desapariciones forzadas y tardan en actuar y en este ínterin se pueden desencadenar las tragedias.

Lo mismo sucede cuando hay amenazas de la pareja o exparejas. Se minimizan y no hay protección para la mujer. Después se lamentan los desenlaces.

Ante tanta violencia y agresiones las mujeres viven inmersas en una vorágine de temores, miedos y angustias que sacuden la tranquilidad cotidiana. Ya piensan dos veces salir en la noche solas o acudir a una fiesta y llegar en la madrugada.

Los organismos y activistas a favor de los derechos de las mujeres están movilizándose ante las autoridades para buscar en las leyes más protección para ellas, campañas de prevención, una educación que pugne por el respeto e incluso que en los estados, incluyendo el nuestro, se acepte en las Constituciones la ley”3 de 3” para evitar que sean candidatos o funcionarios personas con antecedentes de violencia familiar y de género.

Sin embargo, a pesar de las leyes y los adelantos que se hagan el problema muchas veces radica en la forma de actuar desde el principio por las autoridades, en el transcurso de las investigaciones y en la aplicación de la justicia.

Todavía en la violencia intrafamiliar, en agresiones a la pareja y feminicidios hay manejos turbios en las investigaciones y la aplicación de las leyes si hay personas conocidas o amigos y familiares de las autoridades. Se esconde información, se alteran los escenarios, se suavizan las acciones y el agresor sale libre y el feminicida tarda en ser reconocido o se le dan penas mínimas.

Debanhi Escobar, escándalo nacional

En Nuevo León el caso de Debanhi ha sacado todo un engranaje de complicidades, manipulación en la investigación, “errores” humanos, confusiones, suplantación de protagonistas que oscurecen los avances, las autoridades estatales, por su parte, buscan suavizar los resultados y sus alcances porque el caso los salpica.

Urge, como lo solicitan organizaciones y colectivos en defensa de los derechos de las mujeres, campañas de prevención en la sociedad para ir reflexionando sobre estas acciones que violentan los derechos de las mujeres, así como una educación en los hogares y escuelas que pugne por el respeto, los derechos y los valores.

Es necesario ver a la mujer como iguales e indispensables en el hogar, el trabajo y los avances en la sociedad. Es importante ya una reeducación en los hombres que erradique el machismo y elimine de las mentes esa supremacía masculina, pues en vez de hacernos hombres nos rebaja como seres pensantes.

Miles de madres lloran y sufren ante la ausencia de sus hijas, son lágrimas de sangre que derraman por el dolor al conocer el cruento final de las jovencitas. El país sangra por esas muertes y es necesario detener esa hemorragia de violencia que hiere el corazón de todos. Ni una más, ni una menos. Hay mucho por hacer.— Mérida, Yucatán

Correo: marpero53@ yahoo.com.mx

*) Profesor

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