El estanque de los cocodrilos

Jesús Retana Vivanco: La Ley de Murphy

Una vez escuché el comentario de que vivimos en una sociedad hecha para el consumo de satisfactores, que la mayoría de ellos son superfluos y no sirven para nada
lunes, 2 de mayo de 2022 · 00:15

La Ley de Murphy. La definición que me gusta de esta llamada ley que viene de la casualidad, nombrada así por Edward Murphy, un ingeniero de la fuerza aérea de EE.UU. en la década de los cuarenta, es aquella que dice: Todo lo que pueda salir mal, pasará.

No falta algo que eche a perder todo lo que va saliendo bien, hasta el momento en el que enfrentamos cosas o acontecimientos negativos que se cruzan como un gato negro en el camino.

No deja de ser una costumbre que viene de años el tildar a esta ley, de esperar lo inesperado, sobre todo cuando se suceden repetidamente los hechos que la avalan: “Se me perdió mi anillo y no encuentro mi billetera”. Aunque hay quien le da el sentido previsor como el que  anda cargando un paraguas por el pronóstico de la mañana y resulta que no cae ni una gota.

El ataque de la Ley de Murphy

La secadora dejó de secar y se manifestó con un quejido chillón. Buscar el teléfono del servicio técnico fue otra odisea para que viniera un técnico a subrayar irónicamente que ya no servía el motor porque se cansó después de 5 años de uso.

Pasaron unas cuantas horas y de repente se va el internet. Una llamada a Telmex para solicitar la revisión. Amablemente la señorita me advirtió que el técnico tardaría de cinco a diez días en hacer la visita, cosa a la que no podía sobrevivir y llamé a un técnico independiente para la revisión. 

–Mire, don: su módem ya no sirve es obsoleto, tiene diez años, hay que cambiarlo.

Bueno, pues a cambiarlo. Todo iba muy bien hasta que me doy cuenta que no me había configurado la impresora.

–Tiene que llamar a una persona que le sepa a la configuración porque yo solo le sé al internet.

Entonces me di cuenta que el tal Murphy y su ley estaba haciendo de las suyas. Pero ahí no acaba la lista de descomposturas; transcurrieron dos días y el Apple TV se negó a mostrarme el menú de películas poniendo con descaro una pantalla completa con un tono azul cielo, pero lo grave cundió inexorablemente a mi camioneta, la que comienza a quejarse con un ruido muy extraño como avisando de una ineludible visita al taller.

Una fórmula que no es obsoleta

Recordé el término utilizado por Gerardo Félix, mi amigo y director de Mercadotecnia de Coca Cola hace ya algunos años, cuando platicamos sobre lo obsoleto que se vuelven los conceptos publicitarios con el paso del tiempo y me hablaba de la obsolescencia de los artículos que usamos de manera cotidiana, diseñados para durar equis numero de años y asentaba que la fórmula original de Coca-Cola creada en 1886 por el farmacéutico Pemberton ha permanecido alejada de la obsolescencia hasta nuestros días. Hacía hincapié en lo obsoleto que se vuelven las miles de cosas que usamos todos los días.

El capitalismo estadounidense nos arrastró a un consumismo bestial que fue capaz de programar la duración de todo lo que usamos y esto lo definen muchos autores avezados en el tema con el término de obsolescencia programada, la que determina la vida útil de un producto, de un enser doméstico, y de todo lo que rodea nuestra vida.

Esto es lo que alimenta la Ley de Murphy, cuando sin ningún aviso nos manda la alegre señal de que algo ya “chupó faros” y ni modo, hay que cambiar lo que ya es obsoleto, lo que no se puede componer.

La ley por el arco del triunfo

Aquél dijo: “No me vengan con ese cuento de que la ley es la ley”; no se refería a la ley que nos ocupa en este editorial, pero si lo analizamos, creo que Murphy se la aplicó, porque todo lo que le podía salir mal, le salió.

La ley de su amigo Bartlett no pasó, la ley de revocación de mandato tampoco lo favoreció y no le ha quedado mas remedio que pasarse las leyes por el arco del triunfo y dejar a este país en una inanición democrática y constitucional con la ayuda de su otro amigo y asesor legal, el ministro Arturo Zaldívar.

La historia lo va a juzgar, como dijo Gustavo Díaz Ordaz de sí mismo cuando desfondó a México con la represión del 68. Aunque yo creo que AMLO ya ha sido juzgado, inclusive por  sus propios seguidores.

Ahora quiere imponer su ley para cambiar a modo el sistema electoral que lo llevó al poder  (SIC) si es que no se topa de nuevo con los “traidores a la patria” como usualmente llama a la oposición que no está de acuerdo con su dichosa ley.

Una vez escuché el comentario de que vivimos en una sociedad hecha para el consumo de satisfactores, que la mayoría de ellos son superfluos y no sirven para nada. No estoy de acuerdo, porque negarlo sería ir en contra del avance tecnológico para incursionar en cualquier campo, ya sea industrial, alimentario, científico, o simplemente doméstico. Dependerá de nosotros, de la implementación útil de estos cientos de miles de artículos que nacen cada año y acostumbrarnos a su obsolescencia programada con la que son fabricados, así podremos soportar con estoicismo la llamada Ley de Murphy.— Mérida, Yucatán   2 de mayo de 2022   Twitter: @ydesdelabarrera

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