En busca de democracia

Erica Millet Corona: Las mejores cartas

sábado, 7 de mayo de 2022 · 01:30

Los ciudadanos, espectadores pasivos, nos sentamos a ver pasar la película de nuestra democracia. No intervenimos en el argumento, no tenemos decisión en la elección del elenco.

Solo podemos observar, mordernos las uñas y, en el mejor de los casos, comentar u opinar mientras los partidos políticos —especialmente desde los gobiernos— mueven sus fichas y toman decisiones para perfilar a quienes consideran sus mejores cartas para el 2024. ¡Qué nervios! Sólo nos falta el bote de palomitas.

La figura de los gobernantes cobra más peso aún del que ya tiene en tiempos de una sucesión presidencial anticipada. El presidente tapa y destapa, acredita y quita bonos con dichos ambiguos, en un perverso juego de distracción.

De pronto los ciudadanos estamos más ocupados en indignarnos por lo que hace o dice el secretario de Gobernación, regocijarnos por los tomatazos a Claudia Sheinbaun o enorgullecernos de que López Obrador considere a Mauricio Vila “presidenciable”.

Los gobernadores y alcaldes maquetan sus acciones de gobierno procurando un impacto que fije su imagen en la mente del electorado, aunque para esto tengan que recurrir al aplauso fácil. Es un espectáculo redituable.

Absortos en la trama, nos olvidamos de las cosas importantes: la inseguridad, la corrupción, los crímenes en contra del medio ambiente, la falta de respeto hacia el patrimonio cultural y principalmente, de la necesidad de cambiar las cosas para lograr una democracia participativa que permita erradicar todos los males anteriores. Pero no; estamos enganchados. Creemos que la única forma de ejercer la democracia es practicando nuestro derecho de votar en las urnas y si bien es importante, no lo es todo.

Nuestro sistema político, a través la herencia ideológica que no hemos sido capaces de agotar nos ha enseñado a sacralizar a los jefes del ejecutivo y considerarlos protagonistas en el ejercicio del poder, cuando las otras dos terceras partes del gobierno debieran ser igualmente importantes: contrapesos y no poderes supeditados al primero.

Por esto, en Yucatán resulta tan alarmante tener un Congreso estatal con una mayoría dispuesta a modo, formada casi en totalidad por diputados inexpertos y sin mérito alguno (más que gozar del favor del gobernador) que consolidan hazañas, como, por ejemplo, la aprobación de una cuestionable reforma a la Ley del Poder Judicial.

¿Qué hacemos los ciudadanos que nos hemos quedado fuera, totalmente alienados de un gobierno en el que por definición etimológica deberíamos mandar? Si bien es cierto que el ejercicio de manifestarnos en las urnas nos permite elegir entre partidos, poco tenemos qué decir sobre las decisiones que los partidos toman respecto a sus candidatos, entonces ¿estamos realmente decidiendo?

El Frente Cívico Nacional, que cuenta con miembros como el exdiputado federal Guadalupe Acosta Naranjo, el senador independiente Emilio Álvarez Icaza y la exalcaldesa de Mérida Ana Rosa Payán Cervera, pretende promover la figura de las elecciones primarias para designar a un candidato presidencial, único, de oposición al régimen actual, en el 2024.

Una candidatura “lejos de obstáculos y protagonismos personales”, intereses económicos y partidistas. Se sugiere que podría promoverse mediante una iniciativa ciudadana o bien, que sea el INE el que organice un proceso interno entre los partidos políticos que busquen integrar esta coalición. Considero que lograrlo sería un monumental avance.

Más allá, sin embargo, de la resistencia al régimen Lopez-obradorista me parece que una verdadera reforma electoral deberá necesariamente incluir la figura de una primera vuelta electoral como parte de sus propuestas.

Es imprescindible que los ciudadanos dejemos de ser espectadores pasivos en el reparto de candidaturas dentro de los partidos, que trabajan y se mantienen con nuestro dinero, para luego terminar con senadores y diputados federales y locales impresentables, cuando estas figuras necesitan rescatar la relevancia que siempre han debido tener como garantes de la democracia.

No debemos pensar únicamente en las elecciones. Democracia es legislar; democracia sería poder elegir de principio a los que para nosotros los ciudadanos sean los mejores candidatos y no a quienes nos han impuesto con criterios que nada tienen que ver con la capacidad, el liderazgo y la búsqueda del bien común. Así como están las cosas, nos limitamos a una simulación que nos hace rehenes de los partidos y sus intereses pero sobre todo, de los gobiernos en turno y de la voracidad por más y más poder.—Mérida, Yucatán

erica.millet@gmail.com

Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado

 

 

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