Editorial

Gonzalo Navarrete Muñoz: La propiedad de la tierra en México

domingo, 8 de mayo de 2022 · 01:30

La Colonia significó un despojo a los pueblos originarios de sus sagradas tierras.

Sin embargo, el Imperio Español demostró cierto talento en la administración de sus dominios: mantuvo las tierras comunales, los ejidos y las repúblicas indígenas, así como las normas para usar las tierras del rey.

De cualquier manera, se constituyeron grandes latifundios.

Ya en el México independiente el problema creció; esa fue una de las causas de la Guerra de Castas: la imposibilidad de los indígenas de tener tierras.

La Iglesia llegó a poseer las tres cuartas partes del territorio nacional.

Cuando decimos Iglesia, decimos parroquias, cofradías, órdenes y conventos en específico.

Con las Leyes de Reforma y las de desamortización de los bienes de la Iglesia, se da un “despojo legal” que solo consiguió el cambio de dueño: las grandes propiedades de la Iglesia pasaron a manos de particulares que las hicieron más grandes todavía.

Los indígenas eran peregrinos en su propia tierra. Algunos piensan que el liberalismo introdujo la mala fe en la vida pública, quizás no sea así. Introdujeron la necesidad de guardar un mínimo de formas “legales” para hacer sus tropelías.

Por otro lado, nunca voltearon a ver a los indígenas: los querían desaparecer, no conservarlos y mucho menos integrarlos a una sociedad que respondía al llamado del futuro.

Vino la Revolución, como todas la nuestra vino del pasado y uno de sus reclamos era el zapatista: Tierra y Libertad.

Así empezaron las expropiaciones, otra vez con los despojos en perjuicio de unos y en beneficio de otros. Así se constituyeron los ejidos revolucionarios y se concentraron las pequeñas propiedades.

Décadas después, en el sexenio del Lic. Carlos Salinas de Gortari, siendo secretario de la Reforma Agraria don Víctor Cervera Pacheco, se revirtió el reparto agrario y existieron formas de despojo, muy a lo liberal: guardando un mínimo de formas legales.

No es criticable la medida de revertir una reforma agraria que fracasó ostensiblemente, lo objetable es la forma atrabancada en que se hizo y la poca visión de futuro que tuvo.

Las noticias nos dan cuenta de las nuevas y osadas fórmulas que se despliegan en la actualidad para los despojos.

A tal punto se ha llegado que se le llama “la mafia inmobiliaria”. Leyendo las noticias cualquiera se pregunta: ¿Es que este país no va a cambiar nunca? ¿Es que no podemos evolucionar? ¿Existe un destino trágico que nos lleva a vivir peores episodios que los vividos en el pasado?

La tierra es un ser vivo que posee algo que el hombre busca con afán: la perpetuidad. Según una vieja leyenda maya, la tierra reconoce a su legítimo dueño y a veces no es complaciente con el usurpador.— Mérida, Yucatán.

Cronista de la ciudad

 

Otras Noticias