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Olegario M. Moguel Berna: La socorrida sucesión presidencial

sábado, 18 de junio de 2022 · 01:30

—Por qué tan pensativo, don Polo —saludó Ángel Trinidad apenas entrar en el café del norte de la ciudad que su amigo frecuentaba.

Llevándose a los labios el expreso cortado que había gastado hasta la mitad, el aludido explicó a su acompañante las reflexiones que distraían su mente:

—Pues resulta —empezó a explicar don Polo Ricalde y Tejero— que la semana que termina volvió a sacar a la luz el tan socorrido tema la sucesión presidencial. Empezó con la asistencia de las corcholatas de Morena a un evento en Toluca para echar a andar la poderosa maquinaria con que pretenden conquistar el suculento Estado de México en 2023. El término “placearse”, no por coloquial menos real, aplica a la perfección en este caso, donde las fichas morenistas ejercieron la mexicanísima máxima de “santo que no es visto no es venerado”.

El tema sucesorio continuó a lo largo de la semana con los extensos comentarios que la visita mexiquense propició, más por el ausente (Ricardo Monreal) que por los presentes, y concluyó aquí en el patio.

—El patio. Así decían los antiguos, don Polo —interrumpió Ángel Trinidad.

—En Mérida —prosiguió aquél—, la senadora Xóchitl Gálvez, siempre magnetizando la atención con su bravío y folclórico lenguaje, apeló a igual aforismo de veneración santoral para sugerir que Mauricio Vila se exhiba por el país. Expuso que, como el gobernador “es un ching…”, debería ser “precandidato del PAN” a la presidencia. “No sé por qué lo tienen aquí escondido”.

—Por qué estar en Yucatán significa estar “escondido”.

—No lo sé. Habrá que preguntárselo a ella. El tema que nos ocupa, sin embargo, es el de la sucesión presidencial, un juego al que todos los mexicanos le entramos, cada uno desde su limitada trinchera. Y cuando de intentar adivinar, incluso asegurar, quién será el sucesor, como buenos mexicanos, y más como yucatecos, ya lo sabemos.

—Ah, eso sí. Somos expertos.

—No falta quien diga: “Es la Sheinbaum. Ya está decidido. Ebrard es solo un peón en el juego de AMLO, pero la decisión ya está tomada.

“¿Estás seguro?”

“Segurísimo. A Marcelo le están dando alas, pero lo van a bajar. Tengo un primo que trabaja en Palacio Nacional y ya me dijo que ahí todos recibieron instrucciones para apoyar a la jefa de gobierno…”

—Cuando de jugar a la baraja política se trata, las certezas que tenemos los mexicanos son una maravilla.

—Y los yucatecos contribuimos grandemente a ello —expuso Ángel Trinidad.

—Así, con el término “segurísimo”, confirmamos que sabemos todo sobre algo de lo que en realidad no sabemos nada. Pero todos jugamos al conocedor o, por lo menos, al adivino.

También el Gran Elector juega el juego, y al hacerlo destantea al pueblo, a la oposición y a su mismo equipo. Muchas veces lo hace como un juego abierto, otras mediante una definición sin ambages y otras como un divertimento macabro.

—En tiempos de Luis Echeverría —continuó—, el chiste político sobre la sucesión era el siguiente: “Llega Porfirio Muñoz Ledo, entonces presidente del PRI, y le pregunta a Echeverría: ‘Señor, ¿ya definió quién es el tapado?’ Echeverría responde: ‘Moy-a pensarlo’. La alusión es al secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia”.

—Lo cierto es que, por un lado, no era más que un chiste popular y, por otro, Echeverría jamás dudó que lo sucedería su viejo amigo, con quien hizo largos viajes de juventud por el cono sur del Continente, José López Portillo y Pacheco.

Éste, a su vez, tuvo la certeza de que lo debería suceder alguien que empezara a poner orden en la economía después del desastre que dejaron él y su amigazo en la llamada “docena trágica”.

Miguel de la Madrid asumió la candidatura prácticamente sin obstáculos. Pero como presidente no quiso facilitar el juego y armó una puesta en escena que dio para mucha tinta en los periódicos y saliva en los medios electrónicos. Así, mientras la inflación alcanzaba niveles del 150%, la gente hablaba de “la pasarela” para la sucesión, por la que lucieron sus prendas el procurador Sergio García Ramírez; el secretario de Energía, Alfredo del Mazo González; el regente capitalino, Ramón Aguirre Velázquez; el titular de la SEP, Miguel González Avelar; el secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, y el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz.

—Es decir, ¿los secretarios de Energía y Gobernación eran papás del hoy gobernador del Estado de México y el titular de la CFE?

—Emmm. En el primer caso sí. En el segundo… ¡es el mismo!

—¡Vaya, resultó longevo y camaleónico! —externó Ángel Trinidad.

—En el caso de Salinas, todos sabemos el desenlace trágico que tuvo su elegido, Luis Donaldo Colosio. Y después, previo a la alternancia llegó una manera distinta de postularse a la presidencia.

—No esperando ser señalado por el magnánimo dedo del Gran Elector —continuó—, Vicente Fox se propuso a sí mismo, sin contar aún con el beneplácito del PAN, a quien no le quedó más que sumarse a la ola de apoyo que ya arrastraba consigo el guanajuatense. A Felipe Calderón, por su parte, lo destapó el entonces gobernador de Jalisco, Alberto Cárdenas Jiménez, “El caballo negro”, aun con la oposición del presidente Fox.

—Finalmente, en el 2012 el PRI simuló un ejercicio democrático y confrontó a dos precandidatos, Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones, en una pelea en la que nadie dudaba quién sería el vencedor.

—Y del 2018 ni hablamos. El candidato ganador no fue uno que esperó que su partido lo postulara, sino, por el contrario, creó su propio partido para tener una plataforma de postulación.

—Vaya, don Polo. Son muchos los precandidatos que han quedado en el camino. Muchos los ilusos que luego resultan desilusionados, como alguna vez me dijo usted proclamaba Manuel Gómez Morín.

—En efecto. La pregunta es: ¿será Mauricio Vila uno más de esos?— Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com.mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

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