Editorial

Columna 7 Por Franklin Recio: Opciones para la desinflación

domingo, 19 de junio de 2022 · 01:30

La inflación es un impuesto que se aplica más duramente a los que menos tienen. El hecho de que suben los precios implica que las personas de menos recursos tienen que tomar decisiones muy duras, como decidir entre comer, comprarse ropa o pagar la renta. Otro hecho es que no es la primera vez que hay inflación alta. Veamos cómo se resolvió en Estados Unidos en la década de los 80.

En esa ocasión se usaron varios instrumentos, entre ellos la política monetaria, donde se controlan varias variables, entre ellas la tasa de interés, la masa monetaria y el gasto disponible para formar condiciones para fomentar la desinflación, que es la reducción de la tasa de inflación, idealmente sin causar estancamiento en la economía y otros males secundarios. En Estados Unidos el plan fue un tratamiento de choque que luego causo dos recesiones ligeras antes de estabilizarla.

Cada medicina tiene efectos benéficos y secundarios, por lo que los bancos centrales ahora deben ser muy cuidadosos acerca de cómo manejar cada instrumento. El que es muy común y escuchamos mas o menos seguido es el de la tasa de interés, que al subir, eleva el endeudamiento público, pero tiene el efecto de disminuir la presión inflacionaria, porque en la toma de decisiones del ciudadano común, estos disminuyen su nivel general de préstamos y consumo y, por tanto, al haber menos demanda, los precios bajan.

En este momento en Estados Unidos hay prácticamente pleno empleo y en México, según Inegi, la tasa de desocupación sigue bajando para llegar a los mismos niveles de 2017-2018, alrededor de 3.1%. Pero ¿cuánto cuesta bajar la inflación y quién tiene que pagar por ello? Si las medidas adoptadas son demasiado restrictivas, se puede reducir la inversión y la producción y, por tanto, la gente podría empezar a perder su empleo. Ese es el tipo de decisiones que están sobre la mesa en este momento en la mayoría de los países. Un ejemplo es la Unión Europea, cuyo banco central cuida la inflación y estimula el crecimiento económico, y lo hace de manera que se absorben las diferencias entre las leyes impositivas de los diferentes países que la conforman. De esa manera vemos que los instrumentos de ambos, la política monetaria y la política fiscal deben considerarse en combinación.

En estas discusiones es fundamental que el modelo económico sea interpretado por gente independiente, sin partidos o ideologías, pues en el momento que las suposiciones del modelo sean mal descritas, pueden llevar a tomar las decisiones incorrectas. A pesar de la retórica del partido en el poder, en México el modelo económico sigue siendo el de libertad, y pensar en aplicar controles de precios o pactos es no solo retrógrado, sino ya sabemos que no funciona. Esperamos que impere una cabeza fría y buenos estudios antes de tomar decisiones que puedan alterar la vida de millones de personas.— Mérida

Candidato a doctor en Análisis Estratégico y Desarrollo Sustentable por la Anáhuac-Mayab

 

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