El estanque de los cocodrilos

Jesús Retana Vivanco: Había una vez...

Me da risa y pena ajena que comparen a los que suspiran por el trono presidencial con unas corcholatas...
lunes, 20 de junio de 2022 · 01:00

Había una vez… un niño de seis años que esperaba con ansia a los Reyes Magos, aunque en ocasiones los santos señores no le traían lo que les pedía. Un fuerte vaquero con sus soldados y los indios para escenificar una pelea del oeste, de esas que tanto veía por televisión o en el cine. Una pistola de fulminantes y como se portó bien todo el año, se arriesgó a pedir unos patines metálicos de 4 ruedas de la marca Torrington. Estas peticiones las escribió en la cartita que dejó junto a su zapato.

El mero 6 de enero en la madrugada el niño no dormía y la angustia lo hacía escuchar ruidos en la azotea y ver sombras por la ventana que daba al patio.

El sueño hizo presa del chamaco que, como reloj, a las 6 de la mañana de volada fue a ver si finalmente se materializaba su petición. Corrió hacia el pasillo de las recamaras; junto al zapato encontró un rifle de aire pero de tapones, su fuerte vaquero con soldados e indios y finalmente sus patines tal como se los había pedido. Fue uno de esos días donde la felicidad se prolongó por muchas horas, y por mucho tiempo.

Las corcholatas del Ratón

Ese niño tenía mucha suerte cuando iba a la tienda de la esquina a comprar un refresco llamado Mexicola, no el de ahora sino el de los años cincuenta; tenía una promoción que decía más o menos… “Destapa tu Mexicola y si aparece en la corcholata la imagen del ratón Macías –un boxeador muy famoso, campeón mundial de peso gallo en los cincuenta– llévate otra Mexicola gratis. Las corcholatas premiadas le salían con mucha frecuencia. Conste que no estoy dando ideas.

Recuerdo que el día que cumplió 13 años le regalaron una bicicleta y su primer reloj, un Hamilton con correa de piel. Pobre, el gusto le duró poco, ya que dos meses después unos malandrines lo asaltaron y le quitaron la bici y el reloj, por lo que pasaron algunos años para que se hiciera de otra bicicleta y el reloj tuvo que esperar hasta que cumplió la mayoría de edad. Siempre me presumía su Mido. Platicó que cuando se lo regalaron, venía en una caja muy bonita con una tarjeta que decía “Bien merecido, felicidades hijo".  

Erase una vez en los setenta… el movimiento hippie ocupaba los espacios en los periódicos así como las arbitrariedades del régimen del Sr. Luis Echeverría. En la moda, destacaban las mini faldas y los pantalones acampanados.

Seguimos con el mismo ADN

El niño de la historia ya trabajaba, éramos buenos amigos, a veces nos reuníamos para tomar un trago y me contaba que ya  quería casarse, sus temores eran enfrentarse a la independencia laboral que rondaba por su cabeza y consolidar su estatus profesional.

Epocas del dedazo presidencial que ungía al aspirante otorgándole el poder terrenal. Devaluaciones, inflación, pobreza. En una palabra… crisis. Un México que se parece mucho al que estamos viviendo ahora, con un partido de color diferente pero con el mismo ADN setentero y ochentero.

La mayoría de los cuentos clásicos dan como entrada el titulo de este editorial. Seguiré contando lo que fue del niño de los Santos Reyes, el que ya con más años encima, supe que se encontró por cuestiones de trabajo con el mismísimo Carlos Salinas, el que disponía solo de unos cuantos minutos para aprobar un logotipo del TLC (Tratado de Libre Comercio).  Con amabilidad, –me platicaba– Salinas le dio la pauta para rediseñar uno de los que le habían llevado y haciendo algunos trazos aprobó la idea de usar el de la mariposa monarca. Nuestro otrora niño quedó con una buena impresión del señor Salinas al que años más tarde lo bautizarían con el mote de “El innombrable”. Terminó sus días de poder con una crisis económica que propició un caos y la fuga de capitales.

Ahora los precandidatos son corcholatas

A lo largo de los años las corcholatas de los refrescos se han cambiado por premios que dan las refresqueras. Hay quienes las coleccionan, las más codiciadas son antiguas y de marcas cerveceras. Me da risa y pena ajena que  comparen a los que suspiran por el trono presidencial con unas corcholatas. Qué manera tan pueril de elevar la autoestima del aspirante a un cargo de ese nivel, independientemente si tienen o no la capacidad para desempeñar tal designación. Decía un compañero: “Lo que hay que tragar para tener poder”.

Ya no supe más de mi amigo, ese niño con el que inicié el relato. Según me dijeron, sigue acumulando recuerdos y escribiéndolos para su próximo libro. Aunque hay algo que me gustaría contarles antes de finalizar.

Un día me comentó que una de sus múltiples experiencias fue haber conocido a Colosio, un hombre de carácter afable, con un tono de voz grave que no en balde lo hizo locutor en su juventud, pero cuenta que lo más chistoso era que en lo privado, decía muchas groserías como buen sonorense y le parecía muy simpático escucharlo.

También, su anécdota con el cardenal Norberto Rivera. Un día que se lo encontró en el elevador de un hospital y al quedársele viendo, el Cardenal le extendió la mano para que se la besara, pero en lugar de eso lo saludó de mano, situación que el ministro de Dios vio con desagrado. Mi amigo reía cada vez que lo contaba.

Moraleja: ¿Estaremos viviendo un cuento? Yo creo que sí y podríamos iniciarlo con esta frase: “Había una vez…un presidente que quiso acabar con un país, pero los ciudadanos lo impidieron. Colorín colorado, este cuento ha terminado”.—  Mérida, Yucatán, 20 de junio  Twitter: @ydesdelabarrera

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