Editorial

Marcelo Pérez Rodríguez: ¿Cuánto cuesta una vida?

jueves, 23 de junio de 2022 · 01:30

La aplicación de la justicia se cuestiona con frecuencia por la lentitud en los procesos, la tardanza para aplicar las leyes, alteración de expedientes y los privilegios que se matizan para minimizar las acciones del culpable y buscar su salida.

En las tragedias por imprudencias al conducir son frecuentes las tardanzas para aceptar las denuncias si el culpable es influyente, si es familiar de algún funcionario e incluso hijo del comandante policiaco, además puede salir pronto o no llegar ni a los separos, menos estar detrás de las rejas.

Las imprudencias por manejar a gran velocidad, estar alcoholizado y hablar o escribir mensajes por el celular se dan con frecuencia, pero no hay castigos severos, así surjan heridos de gravedad e incluso muertes.

Un conductor puede ser detenido dos o tres veces en choques de tránsito por manejar en estado de ebriedad y causar la muerte de una o varias personas y, luego, en unos días sale libre y sigue causando estragos al conducir.

No se retiene la licencia cuando menos por días o semanas o definitivamente de acuerdo con la gravedad del caso. Tampoco hay sanciones para las personas que huyen del lugar después del atropellamiento o la fatal tragedia. Es más, tanto abogados como asesores de aseguradoras aconsejan que es mejor huir, porque resulta más fácil seguir un proceso en libertad que detenido.

Debe sancionarse con rigor si alguien huye en vez de ayudar a la persona que atropelló, porque además de causar el siniestro puede salvarle la vida a la víctima. Debería ser detenido por ley después de horas o días de la escapatoria. ¿Cómo comprobar si estaba alcoholizado o drogado el conductor si ya transcurrieron días de la huida?

Es necesario modificar leyes para sancionar con rigor esos siniestros por alcohol, drogas, distracciones con celular o por comer en los vehículos mientras se conduce.

Hay quienes señalan que los accidentes no existen, sino esos llamados “accidentes” son consecuencias de la imprudencia, negligencia, distracciones y demás acciones negativas.

Recientemente, el atropellamiento de un pequeño que caminaba sobre la acera cerca de su casa en San Jose Tecoh sacude a esta comunidad y a todos en la entidad.

¿Cómo es posible que un niño de tres años que no cruzó la calle con su familiar para ir a comprar la gelatina que deseaba, sino que se quedó en la banqueta por seguridad, sea atropellado mortalmente?

¿Qué hace un vehículo sobre la escarpa? ¿Exceso de velocidad, distracción con el celular o el alcohol produjo que la conductora dejara la carretera para invadir el espacio de seguridad de los peatones y atropellar al menor?

La agresora quiso huir, pero fue detenida por los vecinos. La policía que llegó con rapidez impidió que le tomaran fotografías a la conductora y al vehículo causante de la tragedia. Es paradójico que a las víctimas, en su mayoría, se les tome fotografías y se mencione su nombre completo o primer nombre e iniciales, pero a los agresores, a los causantes de las tragedias se evita las fotografías y sus nombres.

Es difícil de aceptar que por una imprudencia al conducir a un pequeño de tres años se le corte de tajo la vida. Por eso los familiares sufren, lloran y claman justicia.

Los familiares exigen justicia y el rigor de la ley a los conductores irresponsables, pues es una muerte, un homicidio. ¿Qué dirían esos conductores agresores si ellos fueran las víctimas, si perdieran un familiar o un hijo por un guiador que manejaba a gran velocidad o alcoholizado y subió a la escarpa o derribó muros y entró a la casa para causar la tragedia?

Ahora bien, si el influyentismo o la situación económica doblegan las leyes para minimizar los actos cruentos de los guiadores imprudentes, entonces estaríamos estimulando que los conductores manejen alcoholizados, a gran velocidad, no respeten los señalamientos de tránsito y se distraigan con el celular. Al fin y al cabo, habrá impunidad.

Hay que poner leyes más duras a los conductores irresponsables, a quien huya del lugar de los hechos y cause heridos y muertes. Hay que reconocer y aceptar que hay personas que son un peligro detrás del volante.

¿Cuánto cuesta una vida? Es lamentable y doloroso que por unos miles de pesos el responsable de la tragedia se lave las manos y salga libre del proceso después de causar la muerte de una o varias personas.

La Fiscalía General del Estado señaló que “reitera su compromiso con la legalidad y la investigación imparcial, ministerial, técnica, pericial, científica y policial”. Eso deseamos todos y no que surja después el carpetazo y la justicia con privilegios, como en otros casos. La vida no tiene precio.— Mérida, Yucatán.

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

 

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