Editorial

Ricardo Alberto Gutiérrez López: Todo se trivializa ahora

viernes, 24 de junio de 2022 · 02:07

El escándalo. Se busca el escándalo para escandalizar, lo cual está mal, pero siempre produce un placer: el placer de la santa indignación.

La serenidad. La serenidad empieza cuando nos damos cuenta de que no estamos solos, que hay otros como nosotros y entonces nuestra espantosa soledad comienza a olvidarse.

La muerte. La muerte es el olvido. El mundo nos olvida y nosotros olvidamos al mundo.

El ser. Somos lo que pensamos. Si no pensamos, no somos.

El amor. Sólo el ser humano puede amar y sin embargo a veces le es extraño. Dios nos da el amor, el que muchos rechazan y lo pierden.

Vivir. Es tener ilusiones, éstas a su vez determinarán si llevaremos una vida mezquina o plena. La vida es como recoger conchitas en la playa. Buscamos las mejores y más bellas, pero a veces no hay, o solo hay feas y rotas. Tenemos que esforzarnos más; buscando más tiempo o yendo a otras playas. O, por último, saber esperar a que el mar nos lleve las conchitas que queremos. Así es la vida, como el mar. No siempre nos da lo que queremos y buscamos; hay que esperar, buscar mejor, intentar en otros lugares y no perder la esperanza.

La ilusión. Requiere lucha, esfuerzo para realizarla; su logro nos da más fuerza para continuar y ser mejores. La clave es nunca rendirse. Las ilusiones no son para pensarse, son para hacerse hoy, no mañana. Las ilusiones requieren convicción, fe y congruencia; es un trabajo que se hace con el corazón; nadie nos las puede quitar. Dependen absolutamente de nosotros.

La verdad. En el siglo de la información la verdad se oculta. Cada quien la acomoda a su conveniencia. A nadie le interesa la verdad ni su búsqueda; sólo nos interesa destruir la verdad del otro aunque para hacerlo, mintamos deliberadamente. No importa. Se trata de dañar, de destruir. Este es el resultado buscado: acabar con aquellos que hoy hay que aniquilar; no importa que seamos amigos y creamos lo mismo.

No existe la congruencia, todo se justifica. Hoy la verdad se entierra en el cúmulo de no verdades, en los intereses creados, en las opiniones de mala fe, en las opiniones convenientes, etc. etc… Pero más que nada, en la competencia para lograr que lo que digo sea “viral” en la red, reina lo absurdo.

Por ejemplo: “Pedro Infante no murió, está con Elvis en Paraguay”. Todo se trivializa y al hacerlo así, deja de importar, deja de significar. Nadie acepta una equivocación.

El mal. Hoy el mal y la mentira se ven normales; lo que no es normal es obrar bien, se ve mal. Por ejemplo: Si yo puedo “pasar” el examen a un compañero (hacer trampa) y no lo hago, el grupo y mi compañero me rechazan. Si quiero ser aceptado, tengo que pasar las respuestas. La “normalidad” del mal en una sociedad señala el principio de su destrucción.

El odio. El odio mueve a la sociedad. Por eso ganó Trump: “Los violadores, los ladrones y asesinos, son los migrantes mexicanos y latinos que además les 'quitan' sus trabajos. ¡Afuera con ellos!”. “Los terroristas son los musulmanes, no les permitamos la entrada, hagamos E.E.U.U. Grande de nuevo”.

Existe el odio hacia quienes nos gobiernan, hacia aquellos que se atreven a defender ideales como: “No al aborto”.

Hoy las virtudes están desapareciendo; hasta se les cambió el nombre: “Resiliencia es fortaleza” (no entiendo por qué no decirle fortaleza, a la fortaleza). Todos Simulan ser lo que no son. El ser bueno está en nuestra mente; no importa que no se haga realidad. Llegamos a creer que con eso es suficiente.

La impunidad. Nos molesta la impunidad de otros; La anhelamos para nosotros. La impunidad de la que no hablamos es la más grave, no es ni siquiera condenable. Van dos ejemplos: Desde el año 2000 un grupo de personas se apoderó del auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía de la UNAM. Le cambiaron el nombre. Ahora se llama Auditorio “Che Guevara”.

De igual forma, la sede de la comisión de derechos humanos durante el sexenio de López Obrador estuvo tomada casi dos años impunemente. Las autoridades no intervinieron. Lo que hicieron y hacen goza de total impunidad; y el que se atreve a señalar que eso está mal, se le tilda como mínimo de retrógrada, conservador y neoliberal que no entiende.

La moral. La moral debe buscar rectificar lo que está mal en nosotros, no en los demás.

El dinero. Para muchos lo es todo, para conseguirlo no hay límites. Don Víctor Castillo Vales me decía: “El dinero es como el piso, nos sostiene; pero no por eso hay que estar viendo el piso siempre, hay muchas otras cosas más bellas e importantes”.

Las elecciones. Hace 50 años en el PAN cuando competíamos en las elecciones no buscábamos ganarla, sabíamos que estaba perdida, el régimen nunca nos iba a permitir ganar, buscábamos ganar el debate, buscábamos exhibirlos en su injusticia e ignorancia, ese era nuestro propósito y para él nos preparábamos, después, al buscar ganar la elección a cualquier precio lo perdimos todo.

Hoy más que nunca debemos entender que para cambiar el mundo, antes debemos cambiar nosotros.

Es decir, dirigir nuestros esfuerzos a corregirnos como individuos en vez de intentar cambiar a los demás, así nuestro esfuerzo no será en vano.— Mérida, Yucatán.

leconser@yahoo.com

Exdiputado y expresidente del Congreso del Estado.

 

 

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