Reflexiones de vida

Gabriela Soberanis: Desafíos del género masculino

viernes, 29 de julio de 2022 · 02:00

Para abrir sin rodeos esta reflexión, empiezo por esto: el feminismo contemporáneo responde más a una agenda que a un verdadero deseo de equidad.

Conseguir la igualdad política, social y económica para la mujeres fue la misión de inicio del movimiento feminista, pero nada queda de eso porque el propósito de la equidad ha sido mancillado. Al parecer, es de una sola vía. Hoy, lo masculino es un defecto, una condena. Los hombres no cuentan, se ha borrado del mapa lo que ellos necesitan y no digamos, lo que quieren, como si ya no tuvieran derecho a nada.

Todo esto bajo el frágil argumento de que ellos lo han tenido todo desde siempre, no se necesitan liberar de nada, no tienen nada qué reclamar, ¿qué motivos podrían tener para estar insatisfechos o sufrir?

Nos enfrentamos a un problema real: el antagonismo entre los sexos va en aumento. La retórica feminista se ha centrado en un ataque directo hacia los hombres: cómo hablan, cómo se relacionan, como se conducen y hasta como se sientan. Todo es motivo de crítica.

Las mujeres tienen que parar de satanizar todo lo que venga de los hombres. Le estamos haciendo un gran daño a las nuevas generaciones. Todas esas mujeres que menosprecian a sus padres, a los padres de sus hijos y a cualquier hombre que consideren merecedor de su desprecio no comprenden que no habrá equidad para las mujeres en tanto siga habiendo odio a los hombres.

Aquí me detendré abruptamente: No, no está mal ser mujer y decir que no eres feminista. No está mal ser mujer y reconocer el sufrimiento del varón. No está mal ser mujer e incluir al hombre en la ecuación de la equidad. De hecho, es sentido común e inteligencia. Continuemos.

La concepción de igualdad entre géneros no puede alcanzarse en tanto sólo sean tomadas en cuenta las necesidades de las mujeres y minimizando o ignorando, las de los hombres. Existen contradicciones entre el deseo de equidad y lo que estamos haciendo.

Está bien desear una evolución, es necesaria, pero no llamemos progreso al victimismo femenino disfrazado de resentimiento y enojo hacia el varón. Personalmente me crispa leer o escuchar “el patriarcado está cayendo”. Muchas mujeres ni siquiera saben qué significa, pero les evoca una sensación de empoderamiento, ese que se ha promovido que tengamos a merced de los hombres.

Estamos anulando todo lo masculino, estamos haciendo añicos los problemas propios del hombre, estamos creyéndonos el cuento de que los hombres nos deben tanto, que no merecen ninguna consideración. Hoy, los podemos acusar de lo que nos venga en gana y nos tienen que creer solo porque somos mujeres, no porque haya pruebas. Y a esto le llaman sororidad. O lo que es peor: equidad de género.

Pronto se cumplirá el centenario de un glorioso artículo de la militante anarquista Federica Montseny sobre la cuestión Feminismo y Humanismo: “En realidad, no existe feminismo de ninguna clase y si alguno hubiese, habríamos de llamarlo fascista, pues sería tan reaccionario e intolerante, que su arribo al Poder significaría una gran desgracia para los españoles (…) ¿Feminismo? ¡Jamás! ¡Humanismo siempre! Propagar un feminismo es fomentar un masculinismo, es crear una lucha inmoral y absurda entre los dos sexos, que ninguna ley natural toleraría”.

La equidad de género no es un producto terminado, estable, firme, sino que ha sido y es, un proceso en constante evolución. Seguimos reflexionando, replanteando y reestructurando los roles del hombre y la mujer para convertirlos en el quehacer humano. El objetivo es valorar y gozar de nuestras diferencias, enriquecernos, potenciarnos, complementarnos; evitando injusticias, opresiones y discriminación, y acercándonos más a la plenitud sin importar nuestro género.— Mérida, Yucatán.

gabrielasoberanismadrid@gmail.com

Aprendizaje continuo para una conciencia en expansión. Acompañamiento de vida

 

 

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