Editorial

Antonio Salgado Borge: Coraza resquebrajada

domingo, 3 de julio de 2022 · 01:51

Un testimonio inesperado podría terminar despedazando la coraza que mantiene con vida las posibilidades electorales de Donald Trump en 2024.

El comité del Congreso de Estados Unidos que investiga el asalto al Capitolio anunció, de la noche a la mañana, una sesión adicional a las programadas originalmente. El motivo: escuchar el testimonio de Cassidy Hutchinson, una ex funcionaria de la Casa Blanca trumpista.

Durante su comparecencia, Hutchinson explicó que Donald Trump sabía que la gente congregada en el mitin que precedió el asalto estaba armada con pistolas, lanzas, palos y equipo defensivo. Trump conoció que muchas de estas personas se rehusaban a pasar por los detectores de metal instalados por seguridad, pero insistió en que se les permitiera el acceso. “No vienen a atacarme a mí”, dijo a su staff ese expresidente.

También detalló que Trump quería marchar con la turba armada al Capitolio, algo que su staff evitó a toda costa porque, en palabras de uno de sus colaboradores más cercanos, en caso de hacerlo “nos podrían acusar de todos los crímenes posibles.

Trump también sabía que peligraba la vida de Mike Pence, su vicepresidente. Cuando Pat Cipollone, consejero de la Casa Blanca manifestó su preocupación al jefe de staff , éste le respondió que Trump “no quiere hacer nada… “ya lo escuchaste, Pat, cree que Mike se lo merece, No cree que ellos [la multitud armada buscando a Pence para “colgarle”] están haciendo nada malo”.

Finalmente, Donald Trump forcejeó, como un infante furibundo, para quitar el volante a un miembro de su cuerpo de seguridad. Al fracasar, incluso lo intentó tomar del cuello. Una vez dentro de la casa blanca, completamente fuera de sí, Trump arrojó un plato con comida contra una pared, que terminó embarrada de cátsup.

El testimonio de Cassidy Hutchinson es impactante. La pregunta obligada es si terminará descarrilando la posibilidad de que Donald Trump sea el candidato republicano en 2024. Me parece que hay tres razones principales que indican que bien podría ser el caso.

La primera razón es que el testimonio de Hutchinson tiene un potencial mayor que los anteriores cuando se trata de influir en la base trumpista.

Cassidy Hutchinson no es una tecnócrata apartidista ni alguien a quien los conservadores republicanos puedan acusar de ser liberal o demócrata. En realidad, esta exfuncionaria es una conservadora pura y dura. Prueba de ello es que inició su carrera como auxiliar del ultraconservador y nefasto senador Ted Cruz.

Tampoco se puede alegar que no tiene conocimiento directo de los hechos que ha descrito. Hutchinson era el brazo de derecho de Mark Meadows, el jefe de staff de la Casa Blanca. Todos sabían que ella era el medio para llegar a él. La testigo incluso sustituía a Meadows en reuniones cuando éste se veía obligado a ausentarse, interactuaba con el círculo cercano de Trump y trabajaba a unos pasos de éste.

A ello se debe agregar que Hutchinson respondió a preguntas y desarrolló explicaciones con impecable sobriedad. Mucho se ha comentado que incluso su atuendo y lenguaje corporal enviaron una señal de madurez, control y seriedad, a pesar de contar con 26 años y haber entrado a trabajar a la Casa Blanca con apenas 22.

Aunque claramente superficiales, estos elementos desarticulan por completo el posible argumento sexista de que estamos ante una testigo asustada, alterada o débil.

Finalmente, la riqueza gráfica de la descripción de esta testigo es impresionante. Tanto los eventos que atestiguó de primera mano como los hechos que le fueron transmitidos por el jefe de staff o el consejero de la casa blanca fueron planteados con aparente consistencia y lujo de detalles.

Es probable que no haya algo capaz de mover al núcleo más radical de la base trumpista. Sin embargo, la suma del perfil de esta testigo, la sobriedad de sus explicaciones y la riqueza gráfica de su testimonio constituyen armas poderosas pueden empezar a astillar la parte más externa de esta base.

La segunda razón es que el testimonio de Cassidy Hutchinson también ha abierto grietas dentro del sector trumpista que domina al Partido Republicano.

Varios miembros de ese grupo han expresado su indignación por lo revelado por esta testigo y algunos han indicado que esto los ha llevado a dejar atrás su lealtad al expresidente que apoyaron durante años.

Este fenómeno no debe ser interpretado como una súbita recuperación de la brújula moral de este grupo. Hay animales capaces de percibir cuando una posible presa está herida y aprovechar ese momento para abalanzarse sobre ella. Los principales rivales de Trump dentro del partido republicano perteneces a esta especie.

Dos casos paradigmáticos son Ron De Santis y Ted Cruz. El primero llegó a la gubernatura de Florida presentándose como un adorador e imitador de Trump. El segundo compitió contra Trump en la pasada primaria presidencial republicana, pero luego ha apoyado incondicionalmente a Trump y ha repetido sus mentiras y sinsentidos al pie de la letra.

Las cuarteaduras en la coraza de Trump abren una posibilidad dorada para ambos republicanos. Por ejemplo, diversas encuestas muestran que De Santis derrotaría a ese expresidente entre votantes republicanos en algunos estados.

A ello hay que sumar la idea de que para las cúpulas republicanas ultraconservadoras Trump ya cumplió su función “destructiva”. Finalmente, ese expresidente nominó a tres ministros de la Suprema Corte que en los últimos días ha revertido derechos de las mujeres y dañado severamente la capacidad del gobierno estadounidense de regular y vigilar a empresas contaminantes —y de cumplir así sus metas para contener el cambio climático—.

Para algunas personas dentro del Partido Republicano sería momento de encontrar a un candidato capaz de construir las estructuras que necesitan para revertir otros derechos, como los de la comunidad LGBTIQ+ o, incluso, los derechos de las personas negras en Estados Unidos.

El tercer y último impacto que el testimonio de Cassidy Hutchinson podría implicar para la coraza de Trump tiene que ver con las consecuencias legales que de éste pueden derivarse.

Su testimonio ha evidenciado que Trump sabía tanto que la multitud estaba armada, como lo que esas personas querían y podrían hacer. Pero en vez de preocuparse o intentar detenerles, hizo hasta lo imposible por acompañarlos físicamente al Capitolio. Estos impactantes elementos eran desconocidos hasta hace apenas una semana.

Además, lo dicho por esta testigo ha generado un renovado interés en citar a los funcionarios a los que ha aludido en su testimonio. Y lo que éstos podrían decir es de pronóstico reservado.

Fue justo siguiendo una lógica de esta naturaleza que se llamó al testigo clave en el caso Watergate contra Richard Nixon.

Finalmente, otro cargo que estaría por levantarse contra Trump tiene que ver con posibles intentos de manipulación de testigos.

Si bien el patrocinio de organizaciones cercanas a ese multimillonario a la defensa legal de sus excolaboradores es permitido por la ley en Estados Unidos, ahora se sabe que el equipo trumpista envía mensajes a los testigos ‘invitándoles’ a ser leales o ‘recordándoles’ que podrían caer de la gracia del ‘mundo Trump’.

El testimonio de Cassidy Hutchinson ha sido tan inesperado como poderoso.

La suma de los tres impactos mencionados arriba —el impacto en la base trumpista, el impacto dentro del Partido Republicano y el impacto legal— ha abierto grietas que hasta hace unos días eran inimaginables.

Y estas grietas podrían terminar despedazando la coraza que hasta ahora mantienen con vida las posibilidades electorales de Donald Trump en 2024.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo).

 

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