Olegario M. Moguel Bernal

Olegario M. Moguel Bernal: Elogio de una empresa edificante

30/7/2022 · 03:00

Aquel julio llovió poco. Chaac se presentaba intermitente y holgazán después de las 5 de la tarde. Es decir, sin importar cuánto demorara en encontrar la dirección que buscaba, no corría el riesgo de mojarme. Eran veinte para las 10 de la mañana y el día lucía claro en aquellas postrimerías julianas.

Días atrás puse en marcha el GPS familiar. Pregunté a mi tío Emilio, que sabía casi todo: “Tío, ¿dónde queda la Canacintra? Me dijeron que sobre Itzaes pero no sé a qué altura”. En 1992 no había más GPS que preguntar a alguien —de preferencia de confianza porque en México es deporte nacional dar una dirección aún sin saber—, y como cualquier ubicación más allá de la Alemán, San Esteban y el barrio de San Cristóbal me era ajena, tuve que preguntar. Con pelos y señales, mi tío acertó a decirme cómo llegar. A las 10 en punto estaba en la puerta de Canacintra.

El cielo meridano era como en la canción de Pepe Guízar, de un azul inmaculado. Esa claridad poco común en un mes de lluvias parece haber sido el preludio de algo maravilloso.

—Disculpe, vengo al curso del Diario de Yucatán.

—Arriba, a la derecha.

Entré en la sala con aquella sensación que no tenía desde los años escolares, al ser escudriñado por caras desconocidas. Los miembros del grupo, una veintena, asistíamos a un curso que nos daría las bases del ejercicio periodístico, una manera de entrenarnos para que, cuando quince días después llegáramos a la redacción, no estuviéramos en blanco. Yo únicamente tenía en mis alforjas un barniz de la ciencia de la comunicación. La capacitación, pues, fue invaluable para el neófito que llevaba dentro.

Esa fue la tarjeta de presentación de la empresa a la que ahora llegaba, según yo, a prestar mis servicios; no sabía que sería al revés. Luego de detectar el capital humano con el que haría el trabajo artesanal de moldeado, la compañía puso manos a la obra en la capacitación y alineación. Algo vieron en mí —ignoro qué— y decidieron contratarme. Y antes siquiera de pisar la redacción ¡me capacitaron!

Aquel 27 de julio de 1992 se abrió frente a mí la hermética bóveda de lo que, a 30 años vista, ha sido generoso taller y pedagógico liceo para trabajar, cincelar vida y aprender siempre que se esté dispuesto a sacudir el cacumen. Es una palestra donde, al mismo tiempo que se construye, se pueden satisfacer a cabalidad las necesidades básicas lo mismo que las de autorrealización. En fin, todas aquellas que abarca la famosa pirámide de Maslow.

En Megamedia no solo se cumple con un trabajo, se esculpe día a día a seres humanos que han de incorporarse a la sociedad con sólidas herramientas para la fabricación social. Se fraguan historias personales que estarán mejor preparadas para la tarea de construir un estado y un país mejores.

Fue a principios de esta semana cuando los medios informativos de Grupo Megamedia publicaron algunas de las bondades de trabajar en la empresa. El contador Rafael Medina Alcalá, gerente de Servicios Corporativos, expuso en esa nota informativa que la empresa ofrece a sus colaboradores algo que va mucho más allá de las prestaciones de ley:

• Ayuda para lentes.

• Becas para estudiar licenciatura.

• El Voluntariado de Acción Megamedia.

• Vales de consumo en restaurantes y otros servicios.

• Servicio médico exclusivo, además de las visitas de PrevenIMSS.

• Instalaciones mucho más allá de lo funcional.

• Reconocimiento a los Valores Megamedia.

• Red social interna.

• Apoyo de útiles escolares.

• Tarifas preferentes en productos y servicios propios.

• Seguro de vida.

• Apoyo para financiamiento de seguros de vehículos.

• Línea para denunciar violaciones al código de ética.

• Programa de igualdad y respeto…

Casi todos los beneficios enlistados son extensivos a las familias de los colaboradores. Si bien cualquiera de los que aquí trabajamos suscribimos con los ojos cerrados lo que da a conocer en esa información don Rafael, hay un beneficio mayor: trabajar en Grupo Megamedia es un privilegio que lleva consigo una responsabilidad. El privilegio de contribuir al movimiento económico, social, cultural y democrático de nuestro país, y la responsabilidad de saber que debe hacerse con respeto, con tiento y con el cuidado de ser consciente de que lo que se diga impacta en millones de personas. No se puede ser irresponsable en esa delicada tarea.

Así pues, a 30 años de aquel 27 de julio de 1992 cuando llegué a la capacitación que el Diario impartió a manera de bienvenida, sostengo que Grupo Megamedia ha engrandecido la tarea que la familia y la escuela comenzaron en el que escribe para cincelar un mexicano que ayude a su país, que cada vez nos necesita más.

En medio del respeto mutuo entre contemporáneos, el empuje irreverente de las generaciones intermedias (“cuando entraste al Diario yo apenas estaba en la primaria”) y el desdén con que se desenvuelven las nuevas, 30 años se ven como un suspiro.

De manera que, por estas tres décadas, por las enseñanzas y las oportunidades, por los privilegios, los aciertos y desaciertos, por el desarrollo y el liderazgo, por los regaños y desazones, por el camino y los compañeros, por las pocas dudas y muchas certezas, por la perseverancia, por las críticas serias y los aplausos débiles, por los años plenos, por los corajes y las risas, por la salud y la enfermedad, por los viajes educadores y las lecturas infinitas, por la exigencia y la claridad de objetivos, por las depuraciones…

También por el oficio de galeotes (como García Márquez llamó al periodismo), por los horarios ingratos (en ese aspecto, los periodistas son peores que los médicos, dice el ciudadano Kane), por las relaciones empresariales y las sociales y las políticas, por los cuestionamientos que disipan la ingenuidad, por la autovaloración y la ajena, por la confianza y la desconfianza, por el ejemplo, por la lucha incansable, por la belleza del idioma, por el convencimiento de que la empresa y la institución están por encima de las personas y, sobre todo, porque Diario de Yucatán y hoy Grupo Megamedia se hayan atravesado en mi vida… ¡Gracias!— Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com.mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

 

 

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