El estanque de los cocodrilos

Jesús Retana Vivanco: El cocodrilo del tío Fernando

Los grandes cocodrilos suelen medir hasta seis metros y pesar casi una tonelada
lunes, 4 de julio de 2022 · 01:25

El cocodrilo del tío Fernando. Había estado pensando… si la columna editorial que escribo tiene por nombre El estanque de los cocodrilos, ¿por qué no escribir algo al respecto? No encontraba cómo relacionar la historia con estos feroces animales y salir bien librado, literalmente hablando.

Nuevamente me enfrento a la hoja en blanco del Word a pesar del ruido infernal de las máquinas que están desmontando otro pedazo de selva para edificar un nuevo conjunto habitacional a unos metros de donde vivo, en jornadas continuas de doce horas; le hago frente a la pantalla de la computadora con el picoteo de perforadoras y trascabos de fondo.

Por principio trataré de dar una breve definición de este animal descendiente de los grandes saurios que poblaron el planeta hace millones de años. Existen más de 20 especies y la gente también les dice lagartos o caimanes. Los grandes suelen medir hasta seis metros y pesar casi una tonelada, comen todo lo que se mueve y habitan en estanques, pantanos, ríos y lagunas.

Regresando a la historia del estanque: la primera vez que vi un cocodrilo en vivo y a todo color fue en el zoológico de Chapultepec y como cualquier niño quedé impresionado de esa tremenda lagartijota que se sumergía en el agua o se quedaba inmóvil como una estatua. Me tocó ver cómo eran alimentados con pollos, los que devoraban en segundos.

El cocodrilo en la prepa

“Le haremos un lugar a su hijo en el bachillerato de arquitectos”. Fueron las palabras del director del CUM (Centro Universitario México) después de que mi padre se le enfrentó ataviado con su uniforme de militar con todas sus condecoraciones en el pecho y su inseparable 45 en el cinto y todo para que fuera admitido a pesar del destiempo de las inscripciones y no provenir de la secundaría marista. El cocodrilo –apodo de este director de cuyo nombre nunca me acordé— no tuvo más remedio que ceñirse a la enérgica petición de mi padre para que fuera admitido y cursar la preparatoria en ese plantel.

Una anécdota simpática pero que me costó muchos meses de presiones de las que fui objeto por el dichoso cocodrilo.

“Esas son lágrimas de cocodrilo”. Le decía mi madre a mi hermano cuando le contaba que había cortado con su novia y ésta lloró al decirle adiós. Era la primera vez que escuchaba una expresión tan chistosa, cuyo significado por supuesto investigué: Cuando alguien finge con llanto su tristeza o dolor por alguna situación, se aplica este proverbio.

En realidad el cocodrilo llora cuando devora a su presa, al morderla derrama lagrimas debido a que la mordida activa sus glándulas lagrimales. Nuevamente el ingenio, ahora de los griegos, a quienes se les atribuye la frase.

“Son unas personas de SEMARNAT  que vienen a capturar al cocodrilo”. Comentó el caddie cuando le pregunté qué hacían. Un pequeño cocodrilo apareció en uno de los lagos del club de golf después de las inundaciones de  2020. Seguramente las corrientes subterráneas lo llevaron hasta los linderos del lago y ponía nerviosos a los jugadores.

Después de algunos meses lo atraparon y ahora pasa sus días en el zoológico de Mérida.

“No quiero ver si el cocodrilo le arranca la cabeza al señor”. La temerosa predicción de mi esposa en un viaje por Florida en uno de los lugares de entretenimiento para los turistas, donde el atractivo era el obsceno deleite del público cuando un domador metía la cabeza en las enormes fauces del cocodrilo. Afortunadamente el intrépido señor salió airoso del peligroso trance. }

Un viaje por toda la costa en coche por la 95 desde Orlando hasta los everglades, recorrido lleno de atracciones de ese tipo con víboras, pájaros, cocodrilos y más cocodrilos.

“Un apaciguador es aquel que alimenta a un cocodrilo, esperando que se lo coma al final”.  Frase pronunciada por Winston Churchill en una reunión con los mandos militares ingleses durante la Segunda Guerra Mundial con relación a los posibles tratados de paz que se gestaban con los países del llamado Eje (Alemania, Italia y Japón).

Dejé hasta el final lo del tema del cocodrilo del tío Fernando para darle un marco expectativo y de referencia a la historia.

El cocodrilo del tío Fernando

“Voy a tener que vender el cocodrilo porque ya no me deja dinero”. Sentado en la sala de la casa, mi tío hacia esta confesión a mi papá, pero no piensen que se refería a uno de estos lagartos, sino a su taxi de aquel 1969 conocidos como cocodrilos pintados de verde y negro con unos triángulos blancos como dientes en todo su alrededor por lo que se ganó el nombre de cocodrilo durante casi dos décadas.

Autos muy grandes y espaciosos de las tres marcas que aceptaron dar esta fisonomía al taxi mexicano, Dodge, Ford Fairlane y Chevrolet Impala,  por demás cómodos pero estorbosos que fueron sustituidos por el Volkswagen en 1972, pintados de amarillo y blanco, luego verde y blanco. Favoritos por los choferes ya que resultaban económicos y fáciles de reparar, hasta su extinción como taxis en 2012.

Cansado de gastarle dinero en refacciones, se lo vendió al chofer que lo manejaba, solo quedó como recuerdo la mancha de aceite que dejó en el piso el cocodrilo del tío Fernando.— Mérida, Yucatán, 4 de julio de 2022  Twitter: @ydesdelabarrera

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