Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar: Resistencia ciudadana

lunes, 4 de julio de 2022 · 02:00

Por Rodrigo Llanes Salazar (*)

Ante la crisis ambiental que atraviesa el planeta, la periodista española Marta Peirano cuestiona algunas de las propuestas que más han llamado la atención en los últimos años, como la de colonizar Marte (Elon Musk), formar colonias que orbiten alrededor de la Tierra (Jeff Bezos) o el Metaverso (Mark Zuckerberg).

En su libro “Contra el futuro. Resistencia ciudadana frente al feudalismo climático”, Peirano no rechaza la tecnología para enfrentarse a la crisis ambiental, sino que, en contraste con los proyectos técnicos arriba citados, que proponen soluciones de colonización del espacio (exterior y virtual), apuesta por tecnologías que implican la organización ciudadana.

Peirano es consciente de que “la devolución de tierras (a pueblos indígenas y comunidades campesinas), la gestión racional de los recursos y la reducción de la industria agroalimentaria son la mejor esperanza para el planeta pero la peor amenaza para el capitalismo”. Esas son apuestas políticas sobre las que debe organizarse la ciudadanía.

En “Contra el futuro”, Peirano ofrece ejemplos recientes de organización ciudadana para enfrentarse a las crisis ambientales. Uno de ellos es la respuesta de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), para responder a una severa sequía que amenazaba con llegar al “Día Cero”, el corte del suministro municipal del agua.

En ese escenario, “la única forma de esquivar el Día Cero era hacer un esfuerzo colectivo para reducir drásticamente el consumo de agua hasta que llegaran las lluvias”. Tal esfuerzo colectivo se manifestó en diversas prácticas, como en la competencia entre vecinos sobre quién lograba ahorrar más agua.

Ciudad del Cabo: involucramiento de la comunidad

Así, como escribe Peirano, los vecinos de Ciudad del Cabo “se convirtieron en una comunidad informada, capaz de exigir decisiones económicas y políticas para salir de la crisis. Aprendieron de dónde viene el agua, cuánta pueden almacenar, cuánta necesita una familia, qué clase de plantas y cultivos la usan de manera respetuosa, conservadora y eficiente, y cuáles las desperdician”.

Particularmente, dispositivos como los sensores “inteligentes” para vigilar el uso del agua constituyen un ejemplo de tecnología que, en manos de comunidades organizadas, pueden ser una herramienta valiosa para hacer frente a las crisis ambientales.

Tal es el caso de un grupo coordinado de ciencia ciudadana en Hong Kong, que hizo un monitoreo del agua de siete ríos durante dos años con dispositivos comerciales.

De manera interesante, Peirano formula una crítica al concepto y proyecto de “smart city” (“ciudad inteligente”), pues considera que, por definición, “no puede construirse una smart city sin vigilar a la población”. En lugar de que sean los gobiernos municipales y empresas las que acumulen y controlen los datos que son generados a partir de las tecnologías “inteligentes” de la smart city, Peirano propone una soberanía ciudadana de datos, esto es, que sean las y los ciudadanos que decidan qué datos serán registrados y con qué intención.

Al respecto, ofrece como ejemplo el de la Oficina de Datos de la ciudad de Nueva York, que en lugar de extraer masivamente datos de ciudadanos, comenzó por identificar problemas de la ciudad para después definir qué datos necesita para hacerles frente. Tal fue el caso de un brote de legionella en el verano de 2015.

La Defensa Civil de Cuba

Finalmente, Peirano brinda como ejemplo la Defensa Civil de Cuba para actuar ante la llegada de huracanes. Se trata de un programa nacional de prevención, desalojo, salvamento y recuperación que implica todos los años a toda la población.

“Todo el mundo tiene una tarea —escribe Peirano—. Los niños tapan grietas en las ventanas, empaquetan comida, acumulan mantas y aprenden dónde están los ancianos y las personas con movilidad reducida del edificio, con vistas a acompañar al punto de recogida para ir al refugio”. El objetivo del programa es que “nadie quede desamparado ni desprotegido. La prioridad es salvar vidas, por encima de cualquier otra consideración”.

De acuerdo con Peirano, este protocolo ha salvado miles de vidas en las últimas décadas en Cuba. Incluso funcionarios norteamericanos como Russel Honoré han reconocido que Cuba, “a pesar de ser un país pobre, con retos económicos de todo tipo, hacen un excelente trabajo en la prevención y el acometimiento de los datos por huracanes”.

Dicho en otras palabras, para hacer frente a la crisis ambiental, soñemos menos con colonizar Marte y el espacio exterior, y esforzamos más en construir organización ciudadana que emplee tecnologías útiles para observar y documentar los problemas que queremos resolver.

En palabras de Peirano: “Podemos empezar por la gestión de los recursos más necesarios y limitados, como el agua y la energía, abriendo un cuarto para compartir la lavadora (con los vecinos de un departamento). Podemos buscar cooperativas vinculadas al contexto climático y ser parte de su red de sensores capaces de identificar, evaluar, aprender, corregir y proponer. Podemos ser el primer satélite para un observatorio colectivo del clima en nuestro edificio, coordinado a través de instituciones educativas, militares y sanitarias. Podemos convertirnos en un ejército civil contra la crisis climática, aprendiendo a ser mejores vecinos con todos nuestros vecinos, incluyendo al resto de las especies con las que compartimos el planeta. Los que se quedan sin agua cuando nos quedamos sin agua. Nuestra verdadera comunidad”.

Siguiendo estas ideas, ¿no podríamos organizar observatorios ciudadanos que monitoreen la calidad del agua de cenotes en Yucatán? Por citar solo un ejemplo de resistencia ciudadana.— Mérida, Yucatán.

Correo: rodrigo.llanes.s@gmail.com

*) Investigador del Cephcis-UNAM

 

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