Editorial

Mario Maldonado Espinosa: Honrar al pueblo

martes, 2 de agosto de 2022 · 00:30

Si hay un lugar físicamente del Congreso del Estado al que todo representante popular o diputado debe pasar a hablar es precisamente la tribuna.

La tribuna es el lugar dispuesto e ideal para deliberar o parlar (hablar). El Congreso en sí, es una asamblea para deliberar.

Durante años he visto a tantos diputados pasar por la tribuna parlamentaria, algunos han sido muy buenos oradores, inclusive he visto y veo a diputados prepararse arduamente antes de utilizar la tribuna con discursos escritos o simplemente improvisando. Según el tema, hay quienes me impactaban con sus interesantes disertaciones u argumentaciones sustentadas.

Pero también los hay quienes le tienen terror a esa parte central del recinto legislativo que consta de un atril y el micrófono para que los miembros de la asamblea y los ciudadanos asistentes los escuchen a la hora de debatir una ley o para posicionar distintos temas sociales.

Se han obtenido muchos triunfos desde la tribuna, así como también se ha dado cuenta de cruentas derrotas, todo depende del tema, del orador, argumentos, incluso se ha ganado el debate aunque la votación se haya perdido por mucho.

Realmente y al final la ganancia la traslada la sociedad que muchas veces da seguimiento a los temas de su interés. Es la propia sociedad la que avala o condena los debates y discursos que salen del Congreso Estatal y si bien los ciudadanos no participan directamente en la discusión, es la sociedad que expresa su veredicto al momento de emitir su voto.

Hay diputados que traen una elocuencia impresionante y otros a los que a veces da hasta pena escuchar, también los hay a quienes no se les entiende nada y andan como en órbitas distintas. En el Diario de Debates podemos ver interesantes debates que se han dado durante muchos años en el ámbito legislativo, debates enérgicos, de trámite, sosos, y hasta con un lenguaje florido y de burla.

Hay diputados que de verdad han hecho uso de auténticos argumentos convincentes, también quienes han abusado del tiempo que se le otorga, que utilizan la sorna y el sarcasmo a diestra y siniestra.

Admiro a todos aquellos que hacen un esfuerzo de entender lo que dicen y a los que se preparan para el debate parlamentario, pero lamento que también existan improvisados que solo dejan entrever sus limitaciones.

Cuando se utiliza la verdad y no verdades a medias, cuando se hace a un lado las mentiras o las falacias se avanza más como sociedad. Es increíble que muchas veces solo se quiera sacar raja política muchas veces de situaciones.

Aunque también siempre hay que estar en la disposición y tener la humildad de que no siempre se puede tener la razón y reconocerlo públicamente, también es parte de la madurez cívica y democrática.

A veces no se quiere aceptar las cosas aun cuando existen elementos o argumentos de sobra para entenderlo, aunque también muchas veces se quiere defender lo indefendible.

Hay quienes se creen los adalides y salvadores del pueblo aunque en realidad no lo son y hay quienes con palabras sencillas pero razonadas terminan imprimiendo no solo sentimiento sino terminan ganando un debate por más incendiario o lépero que sea su contrincante.

En la antigüedad las batallas se ganaban en el campo cuando se medían las fuerzas entre grupos, hoy en día la batalla se da entre las ideas, los argumentos, la oratoria y la razón.

Por eso se dice que el Congreso del Estado en el que convergen los representantes del pueblo es el lugar idóneo por excelencia para debatir lo que a un pueblo le beneficia o por el contrario le afectaría.

Lo único que hay que cuidar es que un Congreso no debe ser un circo de diferentes pistas para ofrecerle entretenimiento al pueblo, sino un lugar de absoluto y profundo respeto de ideas, que honre la memoria de un pueblo que lucha cada día por estar mejor.— Mérida, Yucatán.

mariomaldonadoe@gmail.com

@mariomaldonadoe

Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa

 

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