Editorial

Erica Millet Corona: Como mancha voraz

jueves, 4 de agosto de 2022 · 02:10

La manera en la que transcurrió la reciente elección de los 3,000 consejeros de Morena obliga a reflexionar acerca de la forma en la que se va puliendo el ambiente para las elecciones programadas para 2024.

Si bien de manera honesta puedo decir que me parece escandaloso estar hablando desde hace meses sobre un proceso electoral que no sucederá sino hasta dentro de dos años, es justo aceptar que quien no esté dispuesto a entrar en esta dinámica estará tal vez condenado a simplemente mirar los toros desde la barrera.

Durante la jornada morenista de elección interna, quedó al descubierto la voracidad del movimiento, pero también se hizo evidente la falta de estructura dentro del partido.

“Morena es un gigante sin esqueleto”, apunta Jesús Silva-Herzog Márquez en su columna del pasado lunes y me parece que la apreciación es exacta. Esta apetencia por acaparar, los acarreos y la compra e inducción de votos dentro del propio partido, son solo una muestra de la fuerza y el desorden con la que están dispuestos a pasar encima de cualquier otra estructura o institución sin miramientos y desestimando cualquier crítica o acusación directa de la que puedan ser objeto.

La falta de organización es consistente con la actitud de su líder moral, el presidente de México, quien evidentemente tiene una tendencia a la ambigüedad y el desorden y que, además, parece mirar los despapayes como aguardando el momento en el que sea precisa su intervención para pontificar y a través de sus designios y designaciones, aplacar el caos.

“El presidente cree en sí mismo, pero no en los demás”, nos dice Denise Dresser, evidenciando este particular estilo de liderar en el que la anarquía será solapada porque le conviene y no le importa, hasta que llegue la hora de proferir la santa palabra.

En el escenario local, luego de que las pasadas elecciones nacionales dejaran a Yucatán como el único estado del sureste que no tiene un gobierno morenista, comienza a crecer la lógica inquietud dentro de la oposición y en los ciudadanos acerca de lo que Morena y el presidente estarán dispuestos a hacer y a gastar con tal de conseguir el último bastión, el último resquicio de la región maya que queda por reclamar; este poderío que avanza, más que como una aplanadora, como la mancha voraz gigante que va creciendo conforme consume lo que se encuentra a su paso.

Preocupa un panorama estatal en el que el gobierno de oposición va cediendo algunos espacios y debilitando las defensas en algunos frentes.

Impera la opacidad, la falta de información, las decisiones autoritarias y el acaparamiento de los Poderes del Estado para validar decisiones que dejan de lado a la ciudadanía.

Hay descontento en varios sectores. A esto debemos añadir que Mauricio Vila, tal como AMLO, “cree en sí mismo, pero no en los demás”, y parece estar más interesado en la difusión de su imagen para la consecución de sus propios objetivos. En otras palabras, no tiene tanto interés en quién sea el candidato de su partido, sino qué pasa con él en el espectro electoral de 2024.

Lejos de fortalecer a su partido y a las figuras que necesariamente tendrán que contender contra este gran “monstruo sin esqueleto” que es Morena, el gobernador de Yucatán alinea sus fichas y decide los movimientos y sus tiempos, al grado de limitar la difusión de la imagen y el trabajo de Renán Barrera, según nos platican algunas fuentes cercanas al PAN.

Las similitudes entre ambos gobernantes abundan: gobierno de un solo hombre, gabinete borrado, líderes partidistas subordinados y resistencia a escuchar otras voces, por mencionar algunas; la gran diferencia sería que uno pretende ejercer poder dejando que crezca el caos y el segundo pretende micro controlar cada uno de los aspectos y actores del juego político: correligionarios, Poderes del Estado e incluso a sus propios funcionarios bajo los argumentos de orden y estructura.

Mientras tanto, la mancha voraz sigue avanzando, consumiendo a su paso argumentos, críticas, leyes, conciencias y los gobiernos de oposición siguen sin definir un esquema de trabajo estratégico conjunto, que vaya más allá de la foto de “equipo” en el momento que se siente más urgente.

Los símiles y las alianzas entre el gobernador y el presidente están, a mi parecer, preparando el escenario para que Morena llegue al poder en Yucatán en 2024 y el gobernador termine como sus antecesores, libre de todo escrutinio y bien parado en el escenario nacional, sea cual sea el partido que llegue a la presidencia.— Mérida, Yucatán.

erica.millet@gmail.com

Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado

 

 

 

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